RE­LO­JES

Ocho clá­si­cos de mo­da pa­ra tu mu­ñe­ca.

GQ (Spain) - - Sumario -

Du­ran­te diez se­ma­nas. Fue pa­ra Black­hat, un th­ri­ller di­ri­gi­do por Mann. Hems­worth in­ter­pre­ta a un hac­ker que sa­le de la cár­cel con el fin de ayu­dar al FBI a lo­ca­li­zar a un ci­ber­so­ció­pa­ta. Mann fi­chó a un ex­per­to en pi­ra­te­ría in­for­má­ti­ca de la UCLA pa­ra en­se­ñar a Hems­worth có­mo co­di­fi­car. No obs­tan­te, an­tes tu­vo que en­se­ñar­le a es­cri­bir, ya que el ac­tor te­clea­ba, li­te­ral­men­te, con los dos ín­di­ces. "Me re­cor­dó a es­tar de vuel­ta en el co­le", di­ce. Odia­ba la es­cue­la. "Pe­ro fue sugerencia de Mann, así que no po­día de­cir que no".

8. ¿ÚL­TI­MA VEZ QUE UTI­LI­ZAS­TE LA CA­JA DE HE­RRA­MIEN­TAS DEL GA­RA­JE?

"Ha­ce dos o tres se­ma­nas", asien­te. "Re­pa­ré una ca­si­ta de un ár­bol". Era pa­ra su hi­ja, en los te­rre­nos de su nue­vo ho­gar: una ca­sa va­lo­ra­da en sie­te mi­llo­nes de dó­la­res, de ocho dor­mi­to­rios y con vis­tas a la bahía de By­ron, en la cos­ta es­te de Aus­tra­lia. Ahí es don­de Hems­worth apre­tó las cuer­das de la ca­sa del ár­bol pa­ra que su hi­ja no se ca­ye­ra. Lle­va el bri­co­la­je en la san­gre –su pa­dre cons­tru­yó va­rias de las ca­sas de su in­fan­cia– aun­que hoy es­tá al­go di­lui­do. "Soy de los que di­ce: 'No ne­ce­si­ta­mos lla­mar a na­die; ya lo ha­go yo'. Lue­go me sa­le una mier­da y ten­go que lla­mar a al­guien pa­ra que lo arre­gle. Mi de­seo es más fuer­te que mi ta­len­to".

9. ¿Y UNA LLA­VE IN­GLE­SA?

La cues­tión es más prác­ti­ca que teó­ri­ca, y tie­ne de nue­vo res­pues­ta du­ran­te nues­tra ex­cur­sión en bi­ci­cle­ta. Es­ta­mos aún resoplando por lle­gar a lo al­to de la co­li­na. Ca­da vez ha­ce más ca­lor. Mi­ro a Hems­worth –sudoración ex­tre­ma– y es­toy bas­tan­te se­gu­ro de que los dos es­ta­mos pen­san­do lo mis­mo: Matt Da­mon real­men­te nos ha fas­ti­dia­do con lo del agua. En­ton­ces ten­go un gol­pe de suer­te: uno de los pe­da­les de Hems­worth se des­en­gan­cha. De­ci­di­mos que al me­nos de­be­mos tra­tar de arre­glar­lo. En­con­tra­mos una lla­ve en uno de esos bol­si­tos que cuel­gan de­ba­jo del asien­to, y el tío se po­ne a tra­ba­jar, de ro­di­llas en el sue­lo a un la­do de la pis­ta, ha­cien­do lo im­po­si­ble por vol­ver a co­lo­car el pe­dal. Los ex­cur­sio­nis­tas pa­san de lar­go. Na­die re­co­no­ce a Ch­ris ni se de­tie­ne a pre­gun­tar si ne­ce­si­ta­mos ayu­da. Pa­re­ce que en Pa­ci­fic Pa­li­sa­des, los mor­ta­les per­mi­ten a los dio­ses apa­ñár­se­las con sus pro­pias des­gra­cias. Des­pués de un ra­to, Hems­worth de­cla­ra que el pe­dal ha lle­ga­do a su fin. "¿Quie­res desa­yu­nar?", pre­gun­ta. "Tal vez en­con­tre­mos una ca­fe­te­ría".

10. ¿LO ÚL­TI­MO A LO QUE HAS PE­GA­DO?

Hems­worth prac­ti­ca mu­cho bo­xeo y al­go de muay thai, prin­ci­pal­men­te por el car­dio (odia co­rrer). "Pe­ro me he vis­to en si­tua­cio­nes en las que me he en­con­tra­do muy en­fa­da­do y muy bo­rra­cho, y he pen­sa­do, 'es­te es el mo­men­to per­fec­to pa­ra gol­pear la pa­red'. Pe­ro lue­go es­tá mi la­do prác­ti­co: 'Bueno, es­pe­ra, que a lo me­jor hay una vi­ga ahí de­trás'. Así que creo que lo úl­ti­mo que he gol­pea­do es los sa­cos".

11. ¿DE­FIEN­DES A TU HER­MANO PE­QUE­ÑO?

La di­fe­ren­cia de edad de Hems­worth y sus dos her­ma­nos fun­cio­na como un pro­gra­ma na­tu­ral de men­to­res. Lu­ke tie­ne 34 años, Ch­ris 31, y Liam 24. Lu­ke es el úl­ti­mo en ha­ber lle­ga­do a Holly­wood, tras ha­ber tras­la­da­do a su fa­mi­lia des­de Mel­bour­ne el año pa­sa­do. Liam, que ori­gi­nal­men­te lle­gó al cas­ting pa­ra el pa­pel de Thor, lle­va en LA ca­si tan­to como Ch­ris. No lo con­si­guió, ob­via­men­te, pe­ro ha lo­gra­do con­so­lar­se con un pa­pel pro­ta­go­nis­ta en Los jue­gos del ham­bre, el com­pro­mi­so (ya ro­to) con Mi­ley Cy­rus y la con­di­ción de le­gí­ti­mo ído­lo de ado­les­cen­tes. "He vis­to a Liam ha­cer co­sas que yo ha­cía a su edad, como man­te­ner re­la­cio­nes que no de­be­ría te­ner o ser im­pru­den­te so­lo pa­ra de­mos­trar al­go. Mi ma­dre so­lía re­cor­dar­me que yo era igual". En su de­fen­sa, Hems­worth di­ce que cuan­do él es­ta­ba em­pe­zan­do Lu­ke le ayu­dó a su ma­ne­ra. "Cuan­do tra­ba­ja­ba en la te­le­no­ve­la lle­gué a ser muy in­se­gu­ro, por­que no sa­bía si era un ver­da­de­ro ar­tis­ta. Me pa­sé años an­gus­tia­do. Y re­cuer­do a Lu­ke a pun­to de co­lap­sar­se, di­cién­do­me que me ca­lla­ra, que es­ta­ba har­to de es­cu­char­lo". Re­co­no­ce que Lu­ke le ayu­dó a sa­cár­se­lo de la ca­be­za e hi­zo de él un ac­tor me­nos va­ni­do­so. Eso y Dan­cing With the Stars. Hems­worth com­pi­tió en la ver­sión aus­tra­lia­na de es­te reality en 2006 y que­dó quin­to. "Des­pués se aca­bó lo de ser pre­po­ten­te".

12. ¿TE APE­TE­CE UN TRA­GO?

Vodka con ga­seo­sa. "Ha­ce po­co es­ta­ba en Aus­tra­lia y el ca­ma­re­ro me di­jo: 'Por fa­vor, aví­se­me cuan­do quie­ra una be­bi­da de ver­dad'. Y yo: 'An­da, cá­lla­te. ¿Me lo di­ces en se­rio?".

13. ¿SA­BES HA­CER NU­DOS MA­RI­NE­ROS?

Eso de­be­ría ser pan co­mi­do. To­do el re­par­to de En el co­ra­zón del mar su­frió un mes de for­ma­ción náu­ti­ca. To­dos ex­cep­to Hems­worth, que es­ta­ba ro­dan­do Black­hat . Iró­ni­ca­men­te, Ch­ris in­ter­pre­ta al primer com­pa­ñe­ro Owen Cha­se, el ma­ri­ne­ro con más ta­len­to del Es­sex (tam­bién co­no­ci­do como el bar­co ba­lle­ne­ro de la vida real que ins­pi­ró Moby Dick de Her­man Mel­vi­lle). "Hay un mon­tón de es­ce­nas en las que so­lo ato la cuer­da al­re­de­dor de mi mano pa­ra que pa­rez­ca que es­toy ocu­pa­do", di­ce. "To­do pre­tex­tos y en­ga­ños".

14. ¿QUÉ PER­SO­NA­JE ES MÁS DU­RO: EL TU­YO DE 'THOR' O EL BOURNE DE DA­MON?

"Yo lle­va­ba pe­lu­ca", di­ce ad­mi­tien­do la de­rro­ta. Una pre­gun­ta más ap­ta tal vez se­ría: ¿quién es más le­gal de los dos? Pe­ro esa es una cues­tión di­fí­cil de res­pon­der.

Aca­ba­mos desa­yu­nan­do tor­ti­tas con na­ta en ca­sa de Matt Da­mon. "He em­pe­za­do pre­sen­tán­do­te a mi ami­go, des­pués he­mos da­do un pa­seo en bi­ci­cle­ta y has­ta te he he­cho tor­ti­tas", re­pa­sa Hems­worth. "Creo que es la en­tre­vis­ta más ro­mán­ti­ca que he he­cho nun­ca". Es lo su­fi­cien­te hom­bre como pa­ra ad­mi­tir­lo y lo su­fi­cien­te ca­ba­lle­ro pa­ra lle­var­lo a ca­bo.

Cha­le­co, ca­mi­sa, cazadora y va­que­ros Pra­da, cin­tu­rón Eti­que­ta Ne­gra y pul­se­ra Geor­ge Frost.

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