TEC­NÓ­FI­LO ES­CÉP­TI­CO

Por Na­cho Palou -

GQ (Spain) - - Gq Firmas -

USB. No es de ex­tra­ñar. Al fin y al ca­bo, ¿quién se acuer­da hoy de las cin­tas VHS? ¡Cuán­tas bo­das y co­mu­nio­nes des­apa­re­ci­das!

El pro­ble­ma al que se re­fie­re Cerf es que en un fu­tu­ro no muy le­jano su­ce­de­rá que ten­dre­mos un mon­tón de con­te­ni­do di­gi­tal del que no sa­bre­mos si­quie­ra de qué se tra­ta por­que no po­dre­mos ac­ce­der a él. Al­go pa­re­ci­do a lo que ocu­rre aho­ra con las cin­tas de ca­se­te de va­rios ar­tis­tas –lo que aho­ra se lla­man lis­tas de re­pro­duc­ción en Spo­tify– a las que tan­tas ho­ras les de­di­ca­mos en el pa­sa­do. Lo mis­mo que su­ce­de ca­da vez que te en­cuen­tras un dis­que­te, un CD-ROM y ca­da vez más in­clu­so un DVD: lo úni­co que pue­des ha­cer con ellos es vol­ver a me­ter­los en el ca­jón en el que an­da­ban per­di­dos.

De no dar con un re­me­dio pa­ra es­te pro­ble­ma, di­ce Vin­ton Cerf, to­dos es­tos for­ma­tos que­da­rán ob­so­le­tos en un fu­tu­ro pró­xi­mo, ha­cien­do im­po­si­ble ac­ce­der a ellos por­que no se po­drán abrir con sis­te­mas más mo­der­nos. "La com­pa­ti­bi­li­dad no siem­pre es­tá ga­ran­ti­za­da", ase­gu­ra, y el si­glo XXI pue­de con­ver­tir­se en la "Edad Os­cu­ra Di­gi­tal de la que las ge­ne­ra­cio­nes fu­tu­ras con­ser­ven po­co o nin­gún re­gis­tro". El otro te­mor es que el si­glo XXI de­je co­mo re­gis­tro las es­cul­tu­ras de las ro­ton­das. Pe­ro eso ya es otro te­ma.

Si Vin­ton Cerf te acon­se­ja im­pri­mir aque­llas fo­tos di­gi­ta­les que quie­ras con­ser­var, haz­le ca­so: sa­be muy bien de lo que ha­bla.

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