EVE HEW­SON

GQ (Spain) - - Travelling - BJORN IOOS

• A PE­SAR DE LO que su­gie­re su tí­tu­lo, El puen­te de los es­pías, la nue­va pe­lí­cu­la de Spiel­berg que lle­ga es­te mes a los ci­nes y que se per­fi­la co­mo una de las fa­vo­ri­tas de los Os­car, no va de es­pías. Bueno, a ver, hay agen­tes de la CIA y de la KGB. Y avio­nes in­vi­si­bles. Y men­sa­jes ci­fra­dos. Pe­ro el ver­da­de­ro tras­fon­do de la cin­ta, ba­sa­da en he­chos reales y que re­la­ta el in­ter­cam­bio de dos pri­sio­ne­ros en la Gue­rra Fría, no pre­ten­de re­tra­tar el ir y ve­nir de se­cre­tos en­tre EE UU y la URSS, sino me­ter­nos en el tra­je de un abo­ga­do, Ja­mes B. Do­no­van (in­ter­pre­ta­do ma­gis­tral­men­te por Tom Hanks), que, sin bus­car­lo, tu­vo que eri­gir­se en va­le­dor de la hu­ma­ni­dad y la éti­ca en uno de los mo­men­tos más ten­sos de la his­to­ria mo­der­na.

En­tre las múl­ti­ples mo­ra­li­nas del me­tra­je, una de las más con­mo­ve­do­ras es la lec­ción que da el pro­ta­go­nis­ta a sus hi­jos: si quie­res pe­ces tie­nes que mo­jar­te el cu­lo. Y es po­si­ble que tú no quie­ras esos pe­ces, pe­ro te ha to­ca­do pes­car­los y hay que ha­cer­lo bien. Por cum­plir un de­ber que él no ha­bía ele­gi­do (de­fen­der a un es­pía so­vié­ti­co), Do­no­van se con­vir­tió en el hom­bre más odia­do de Amé­ri­ca, per­dió su ano­ni­ma­to, ame­na­zó el pres­ti­gio del bu­fe­te del que era so­cio y has­ta pu­so en pe­li­gro a su familia.

Evehew­son(du­blín,1991), que en El puen­te de los es­pías in­ter­pre­ta a Ca­rol, la hi­ja ma­yor de Do­no­van,tam­bién­haa­pren­di­do unas cuan­tas co­sas de sus pa­dres, Ali y Paul Hew­son (más co­no­ci­do co­mo Bono).po­re­jem­plo,anoa­cep­ta­run"no"por res­pues­ta. Así, cuan­do el lí­der de U2 le di­jo que­su­ma­dre­yél­noes­ta­ban­dea­cuer­do­con queem­pe­za­seu­na­ca­rre­ra­co­moac­triz,ella­le con­tes­tó: "Mi­ra, pa­pá, me apa­sio­na tan­to el ci­ne co­mo a ti la mú­si­ca. Y a los 18 años no ha­brías per­mi­ti­do que na­die se in­ter­pu­sie­se en tu ca­mino, así que tie­nes que de­jar que lo ha­ga". Tou­ché, Mis­ter Un, dos, tres, ca­tor­ce.

Otro va­lor que le in­cul­ca­ron fue el com­pro­mi­so, con sus ideas y con su tra­ba­jo. El ac­ti­vis­mo de la pa­re­ja es de so­bra co­no­ci­do, una la­bor que Eve pre­ten­de con­ti­nuar, y el éxi­to de la ca­rre­ra de am­bos es­tá fue­ra de to­da dis­cu­sión. Y así han for­ja­do el ca­rác­ter de su hi­ja: "Ob­via­men­te, no he con­se­gui­do to­dos los pa­pe­les a los que me he pre­sen­ta­do. Los fra­ca­sos hi­cie­ron que mis pa­dres em­pe­za­sen a en­ten­der­me y a crear­se ex­pec­ta­ti­vas tam­bién ellos. Y vie­ron que era inase­qui­ble al des­alien­to, que no iba a pa­rar por­que se ce­rra­se una puer­ta. Creo que res­pe­tan eso", sen­ten­cia.

Co­mo es ló­gi­co, cre­cer en ca­sa de uno de los mú­si­cos más co­no­ci­dos del mun­do le ha ser­vi­do de es­cue­la pa­ra li­diar con la fa­ma. "Mi familia ha so­bre­vi­vi­do a to­do. Por ejem­plo, no se creen na­da de lo que leen en la pren­sa. Mi abue­la no me lla­ma pa­ra pre­gun­tar­me si es ver­dad que es­toy em­ba­ra­za­da".

Hew­son, que cre­ció en Ir­lan­da "le­jos de la fa­ma y sin ser cons­cien­te de mi si­tua­ción" y que con­fía en que si al­gún día lle­ga a ser una gran estrella no la pa­ren por la ca­lle "por­que ten­go una ca­ra muy co­mún", re­co­no­ce que ser hi­ja de su pa­dre no le ha abier­to de­ma­sia­das puer­tas en su ca­rre­ra. "Lo bueno de Holly­wood es que es tan des­pia­da­do que no im­por­ta una mier­da quién seas. Si no va­les pa­ra el pa­pel, no va­les. Nin­gún di­rec­tor se la va a ju­gar con su pe­lí­cu­la por po­ner en un ti­tu­lar que en el re­par­to es­tá el hi­jo de al­guien", con­clu­ye.

Ste­ven So­der­bergh, por po­ner un ca­so, no tu­vo en cuen­ta el ADN de Hew­son pa­ra con­tra­tar­la co­mo la in­ge­nua y cu­rio­sa en­fer­me­ra Lucy El­kins en The Knick, la aplau­di­da se­rie de mé­di­cos de prin­ci­pios del si­glo XX que pro­ta­go­ni­za Cli­ve Owen y que es­tá emi­tien­do Ca­nal+ Series. "Co­no­cí a Car­men Cu­ba, la di­rec­to­ra de cas­ting de la se­rie, an­tes de que se pu­sie­se en mar­cha el proyecto. Ella fue la que me di­jo que la te­le era el úni­co si­tio don­de ha­bía pa­pe­les in­tere­san­tes pa­ra mu­je­res". Cuan­do la pro­duc­ción se pu­so en mar­cha, le en­via­ron un guión y Hew­son man­dó su cin­ta al di­rec­tor de Ma­gic Mi­ke y Traf­fic, que la se­lec­cio­nó en­tre cin­co can­di­da­tas. Vo­ló a Nue­va York y se ci­tó con él en un bar: "Lo pri­me­ro que me di­jo fue: '¿Qué pa­sa con Tay­lor Swift, por qué tie­ne tan­tos se­gui­do­res en Twit­ter?" Así que en­se­gui­da co­nec­ta­mos. Y es que lo que una Tay­lor Swift, que no lo se­pa­re el hom­bre… ni el nom­bre.

IA­GO DA­VI­LA

Que sea la hi­ja de Paul Hew­son te da igual. Pe­ro si te de­ci­mos que su pa­dre es Bono y que ella sa­le en la nue­va pe­li de Spiel­berg, tal vez em­pie­ces a fi­jar­te en al­go más que en ese es­co­te.

LADY EVE La ca­rre­ra de Hew­son no pa­ra, y en­car­na­rá a la cé­le­bre Lady Marian en Ro­bin Hood: Ori­gins, que se es­tre­na en 2017. Aquí con cor­sé Agent Pro­vo­ca­teur, bra­za­le­te y ani­llos Da­vid Yur­man.

DE LA FA­MA? si­go EL PE­SO dia­rio. Yo ¿NO­TAS mi tra­ba­jo in­ci­de en fren­te "El éxi­to no sen­tán­do­me ca­da ma­ña­na, fo­lios en los ma­dru­gan­do lu­chan­do con­tra hay y en lo que or­de­na­dor Wins­low. al ven­tas, so­lo pien­so en blan­co. No ase­gu­ra de mi li­bro", en­tre

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