PAO­LO VA­SI­LE

GQ (Spain) - - De Firma -

EM­PRE­SA­RIO DEL AÑO "Me ha ido es­tu­pen­da­men­te", di­ce Pao­lo Va­si­le (Roma, 1953) ha­cien­do ba­lan­ce de sus 33 años en la te­le­vi­sión. Lo cuen­ta sa­tis­fe­cho en su des­pa­cho de Me­dia­set Es­pa­ña, pe­ro tam­po­co ex­tra­ña ya que, ha­ce unos días, han co­mu­ni­ca­do que las ac­cio­nes de la com­pa­ñía lí­der del sec­tor au­dio­vi­sual de nues­tro país han subido más de un 7% has­ta sep­tiem­bre, arro­jan­do un be­ne­fi­cio ne­to de 113,8 mi­llo­nes de eu­ros, cifra 4,5 ve­ces su­pe­rior a la de ha­ce un año y ca­si el do­ble que el be­ne­fi­cio ne­to to­tal del pa­sa­do ejer­ci­cio. Así que el ga­lar­dón co­mo Em­pre­sa­rio del Año no le pue­de ir me­jor: "Es­te pre­mio me da una fe­li­ci­dad par­ti­cu­lar por­que re­co­no­ce la par­te me­nos vi­si­ble de mi tra­ba­jo, y en la que me he es­for­za­do más".

Lo di­ce un hom­bre que, for­ma­do en An­tro­po­lo­gía ("la te­le­vi­sión dia­ria es co­mo el tra­ba­jo de cam­po de un en­sa­yo so­cio­ló­gi­co") y que co­men­zó tra­ba­jan­do co­mo pro­duc­tor de ci­ne, se ha con­ver­ti­do en uno de los hom­bres más po­de­ro­sos de la te­le­vi­sión. Pe­ro él, que se de­fi­ne co­mo un "an­gus­tia­do es­truc­tu­ral", in­sis­te en la la­bor dia­ria y aten­ta ("mar­ca­mos pun­tos ca­da día, y so­lo al ca­bo deun­tiem­po­ves­que­la­su­ma­dee­sos­pun­tos tra­zan un di­bu­jo"), amén de que bue­na par­te desues­fuer­zoem­pre­sa­ria­llo­de­di­caa­pen­sar "en mu­cha gen­te que no co­noz­co".

Y no, no se re­fie­re al pú­bli­co ("a ese lo co­noz­co bien, lo es­tu­dio a dia­rio y no lo juz­go. Con el tiem­po aca­ba sien­do co­mo tu familia") sino al ac­cio­nis­ta ("un mon­tón de gen­te que de­po­si­ta aquí no sus aho­rros y sus es­pe­ran­zas. Y pa­ra eso con­fía en ti"). Por eso sa­be que la te­le­vi­sión, al mar­gen de jui­cios o con­si­de­ra­cio­nes mo­ra­les, es un ne­go­cio que hay que ha­cer ren­ta­ble. Aho­ra, pa­ra que ade­más sea con­si­de­ra­do uno de los di­rec­ti­vos me­jor va­lo­ra­dos del Ibex 35, ade­más de re­sul­ta­dos tam­bién ha­ce fal­ta mu­cha aten­ción: "No creo en el cam­bio. Si pien­sas que al­go ha cam­bia­do es por­que no has es­ta­do aten­to. Y tam­bién in­sis­to en que el día que di­ga­mos 'sia­mo bra­vi', se aca­bó".

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