Del 'low cost' al 'ni­ce pri­ce'

Ocho claves pa­ra en­ten­der cuán­to han cam­bia­do nues­tras ten­den­cias de con­su­mo en los úl­ti­mos me­ses y có­mo he­mos pa­sa­do de lo más ba­ra­to po­si­ble al pre­cio jus­to.

GQ (Spain) - - Not Personal, Just Business -

De­jan­do atrás la de­vas­ta­ción de la peor cri­sis, nues­tras pau­tas de con­su­mo vuel­ven a recuperar el pul­so de nues­tras de­ci­sio­nes vi­ta­les y no es­tán tan for­za­das por bus­car el pre­cio más ba­jo, sino el que se ajus­te a lo que es­pe­ra­mos, y mu­chas ve­ces es­pe­ra­mos al­go gran­de y que de­je hue­lla. Es­te cam­bio se ex­pli­ca en es­tas ocho claves:

1. La re­vo­lu­ción del low cost en nues­tras vi­das nos hi­zo sa­ber que via­jar en avión po­dría no ser gla­mu­ro­so ni in­cluir me­nú ca­lien­te. Pe­ro las ae­ro­lí­neas se han pues­to las pi­las y con tan­tas webs ras­trean­do pre­cios, ya no nos subimos a bor­do de cual­quier si­tio ca­si co­mo ca­be­za de ga­na­do. Y me­nos en una com­pa­ñía que vue­la ba­ja de com­bus­ti­ble pa­ra aho­rrar.

2. La ob­so­les­cen­cia pro­gra­ma­da no es co­sa so­lo de elec­tro­do­més­ti­cos. Un po­lo de ve­rano low cost pa­li­de­ce con el uso al año si­guien­te y con un par de la­va­dos. Ya he­mos apren­di­do que en si­tios co­mo Pri­mark me­jor com­prar lo­tes de la ro­pa que no se ve: la in­te­rior. O asu­mir que nos pon­dre­mos un tra­pi­to po­cas ve­ces.

3. Es­to del ni­ce pri­ce no es nue­vo. En la me­ca del con­su­mo mun­dial, en EE UU, nun­ca ha exis­ti­do el low cost. Es una ex­pre­sión que na­die usa. Sue­na feo. Hay si­tios de pre­cios ba­jos, co­mo el Wal­mart, pe­ro no es­tán muy bien vis­tos y se les pre­su­me una pér­di­da de la ca­li­dad. Por eso las mar­cas lu­chan du­ro y fuer­te por dar el me­jor pre­cio sin re­nun­ciar a una mar­ca de ca­li­dad.

4. Nos es­ta­mos vol­vien­do ca­da vez más ex­pe­rien­cia­les (es­to ex­pli­ca en par­te la pro­li­fe­ra­ción de las smart bo­xes). Con el tra­ba­jo, los críos, el run­ning y los sue­gros, el po­co tiem­po de ocio que nos que­da que­re­mos que su­pon­ga una ex­pe- rien­cia que val­ga la pe­na. Y so­lo un whisky La­ga­vu­lin de 16 años de­ja ese ti­po de po­so. Cues­te lo que cues­te.

5. La in­for­ma­ción vue­la, y con tan­tas pla­ta­for­mas pa­ra dar nues­tra opi­nión ti­po Tri­pad­vi­sor, lo que com­pra­mos tie­ne un ajus­te de ca­li­dad-pre­cio que no tie­ne pre­ce­den­tes. Es­te gra­do de co­no­ci­mien­to nos ayu­da a dar el pa­so de­ci­si­vo. Eva­luar las opi­nio­nes de los de­más, re­vi­sar las no­tas que se po­nen, el cálcu­lo de la me­dia… to­do es­to nos lle­na de con­fian­za, al­go fun­da­men­tal a la ho­ra de jus­ti­fi­car un gas­to al­to y no ha­bi­tual.

6. La lle­ga­da del low cost fue un desafío a uno de los pi­la­res de es­te ca­pi­ta­lis­mo en el que vi­vi­mos, que no es otro que la cul­tu­ra de las mar­cas y de de­jar­se lle­var de vez en cuan­do por lo que es­tas nos ins­pi­ran. Mu­cho de es­te ni­ce pri­ce tie­ne que ver con nues­tra re­con­ci­lia­ción con es­te es­pí­ri­tu de con­su­mo con eti­que­ta. Y de co­lo­res, no blan­ca. Por­que por mu­chos mo­ti­vos, al mar­gen del sa­bor, to­mar una Co­ca-co­la no es lo mis­mo que to­mar una Free­way Co­la.

7. Lo di­ce Je­remy Rif­kin en su li­bro La so­cie­dad de cos­te mar­gi­nal ce­ro. Ca­da vez hay más pro­su­mi­do­res en vez de con­su­mi­do­res. Ca­da vez más gen­te, gra­cias al de­sa­rro­llo de las nue­vas tec­no­lo­gías, se apun­ta a pro­du­cir y com­par­tir co­sas va­lio­sas con los de­más (Youtu­be o Wi­ki­pe­dia son los me­jo­res ejem­plos), ya que los cos­tes mar­gi­na­les de es­tos pro­duc­tos se acer­can a ce­ro. Es­to nos ha­ce mu­cho más exi­gen­tes por­que nues­tra par­ti­ci­pa­ción en la ca­de­na es ca­da vez más ac­ti­va.

8. Pa­ra cuan­do nues­tra con­cien­cia ne­ce­si­te aho­rros a lo bes­tia, siem­pre nos que­da­rán los ba­za­res chi­nos, don­de la ob­so­les­cen­cia de los ma­te­ria­les (plás­ti­co que se rom­pe o metal que se co­rroe) no es­tá tan in­te­li­gen­te­men­te pro­gra­ma­da. Es­te es, de fac­to, un he­cho na­tu­ral con el que he­mos apren­di­do a con­vi­vir fe­liz­men­te.

EN LA DIA­NA He­rra­mien­tas co­mo Tri­pad­vi­sor nos ayu­dan a no errar el ti­ro del con­su­mo y a sa­ber de an­te­mano que lo que va­mos a pa­gar por tal o cual pro­duc­to o ser­vi­cio se ajus­ta a su va­lor real. POR JOA­QUÍN OR­TE­GA

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