BRAD­LEY COO­PER

GQ (Spain) - - Travelling - CÓ­MO GQ…

• TO­DO EM­PE­ZÓ CON UN PRO­PÓ­SI­TO: "Se aca­bó eso de intentar pa­re­cer­me a la per­so­na que todos es­pe­ran que sea o a la que creo que me pue­de dar to­do lo que ne­ce­si­to", de­cla­ra­ba Brad­ley Coo­per en enero de 2015 a Va­nity Fair a pro­pó­si­to de su 40º cum­plea­ños. 12 me­ses más tar­de, el ac­tor pue­de pre­su­mir de ser una de las diez per­so­nas en la his­to­ria del ci­ne que han con­se­gui­do tres no­mi­na­cio­nes con­se­cu­ti­vas a los Os­car, de fi­gu­rar en el cuar­to pues­to en la lis­ta de in­tér­pre­tes me­jor pa­ga­dos de Holly­wood y de do­mi­nar con maes­tría la dé­ca­da mal­di­ta. Di­ce su ami­go (y di­rec­tor de la re­cién es­tre­na­da Joy) Da­vid O. Rus­sell que es­te chi­co de Fi­la­del­fia es­tá acos­tum­bra­do a que no le to­men en se­rio. Igual ha lle­ga­do el mo­men­to de que eso cam­bie.

Brad­ley Coo­per cum­plió 41 el pa­sa­do 5 de enero. El úl­ti­mo año lo ha in­ver­ti­do en cul­mi­nar la rein­ven­ción que ini­ció ha­ce una dé­ca­da, cuan­do se le pre­sen­tó la dis­yun­ti­va de triun­far en la in­dus­tria del es­pec­tácu­lo o de­di­car­se a en­se­ñar li­te­ra­tu­ra, y aho­ra tie­ne an­te sí un 2016 car­ga­do de nue­vos desafíos. El pri­me­ro de ellos, con­so­li­dar el es­ta­tus de "me­jor ac­tor-pro­duc­tor de Holly­wood" que le brin­dó For­bes ha­ce unos me­ses. "Em­pe­cé cuan­do es­ta­ba ha­cien­do Alias. Todos los días me lle­va­ba las cin­tas de la gra­ba­ción y las re­vi­sa­ba en mi pe­que­ño apar­ta­men­to de West Holly­wood. Lue­go me me­tía en la sa­la de edi­ción", re­cuer­da.

Re­pi­tió el pro­ce­so en el ta­qui­lla­zo Re­sa­cón en Las Ve­gas, don­de apa­re­ce acre­di­ta­do como pro­duc­tor en las dos se­cue­las de la sa­ga, y tam­bién se in­vo­lu­cró más allá de la in­ter­pre­ta­ción en pro­yec­tos como El la­drón de pa­la­bras, El la­do bueno de las co­sas, La gran es­ta­fa ame­ri­ca­na, El fran­co­ti­ra­dor (la pe­lí­cu­la con ma­yor re­cau­da­ción de 2014) y Sin lí­mi­tes, de la que es­tre­nó un exi­to­so spin-off te­le­vi­si­vo el pa­sa­do oto­ño. En su agen­da pa­ra los pró­xi­mos años fi­gu­ran más tí­tu­los como pro­duc­tor que como ac­tor. El pri­me­ro es Arms and the Du­des, el bio­pic de dos fumetas que se con­vir­tie­ron en pro­vee­do­res de ar­mas del ejér­ci­to ame­ri­cano. Lo di­ri­gi­rá su so­cio y co­le­ga de re­sa­cas Todd Phi­llips y lle­ga­rá a los ci­nes el pró­xi­mo ve­rano. Ade­más sue­na pa­ra po­ner­se de­trás de las cá­ma­ras en la co­me­dia dra­má­ti­ca Ho­ney­moon with Harry y en el re­ma­ke de Ha na­ci­do una es­tre­lla que pro­ta­go­ni­za­rá Be­yon­cé. Pa­re­ce que los que afir­man que "en los úl­ti­mos años Coo­per se ha con­ver­ti­do en uno de los ci­neas­tas más po­de­ro­sos de Holly­wood" es­tán en lo cier­to, y que la bal­do­sa con su nom­bre que ins­ta­la­rán es­te año en el Pa­seo de la Fa­ma es más que me­re­ci­da.

Fue­ra de lo es­tric­ta­men­te pro­fe­sio­nal, otro de los mé­ri­tos de Coo­per en su ma­ne­jo de los de­li­ca­dos 40 ha si­do lle­var a ca­bo su enési­mo cam­bio de pa­re­ja, con­so­li­dán­do­se ya como el le­gí­ti­mo he­re­de­ro de los ga­la­nes clá­si­cos de la fá­bri­ca de sue­ños. En su cu­rrí­cu­lum no fal­tan líos de fal­das, adic­cio­nes tor­men­to­sas (y su­pe­ra­das en su ca­so), co­ti­lleos so­bre romances prohi­bi­dos y ru­mo­res so­bre su se­xua­li­dad. Sea como fue­re, la úl­ti­ma en su­cum­bir a los en­can­tos de sus ojos azu­les y sus es­pec­ta­cu­la­res es­ti­lis­mos ha si­do la mo­de­lo ru­sa Iri­na Shayk, una con­quis­ta que po­dría so­nar a cli­ché de cua­ren­tón si no fue­se por­que vie­ne de una re­la­ción de dos años con la tam­bién ma­ni­quí Suki Wa­ter­hou­se. Lo di­cho: tal vez ha lle­ga­do el mo­men­to de to­már­se­lo en se­rio.

Hay mu­chas for­mas de su­pe­rar la cri­sis de los 40, pe­ro nues­tra fa­vo­ri­ta es la de Brad­ley Coo­per. El ac­tor ha de­ci­di­do apro­ve­char la dé­ca­da mal­di­ta pa­ra rein­ven­tar­se y el re­sul­ta­do es… fas­ci­nan­te. Lee, lee, que te sor­pren­de­rá.

• ES AB­SO­LU­TA­MEN­TE IM­PO­SI­BLE que es­te­mos so­los en el uni­ver­so del mis­mo mo­do que es im­po­si­ble que Mi­chael Jor­dan si­ga sien­do el me­jor ba­lon­ces­tis­ta por siem­pre ja­más. Él pa­só a Ma­gic John­son, que me­jo­ró a Os­car Ro­ber­tson, que ya ba­tió las mar­cas de Bob Cousy. Las más evo­lu­cio­na­das equi­pa­cio­nes de­por­ti­vas y za­pa­ti­llas, en­tre­na­mien­tos y die­tas y una fuer­za de vo­lun­tad ca­da vez su­pe­rior ge­ne­ran, en co­mu­nión con Dar­win, una cons­tan­te evo­lu­ción del ju­ga­dor de­fi­ni­ti­vo. Lo que hi­zo del fe­nó­meno Jor­dan un epi­cen­tro de la per­fec­ción cu­ya on­da ex­pan­si­va se ex­ten­dió al pre­sen­te, pa­sa­do y fu­tu­ro (a cor­to y me­dio pla­zo) fue una com­pe­ti­ti­vi­dad iné­di­ta en la his­to­ria del de­por­te. Has­ta, qui­zá, Step­hen Curry.

Na­ci­do en Akron (Ohio) tres años an­tes que el ele­gi­do ofi­cial Leb­ron Ja­mes, nun­ca fue el más al­to ni el más vi­go­ro­so de nin­guno de los equi­pos don­de ju­gó. Su en­ver­ga­du­ra es dis­cre­ta y su al­tu­ra (1,91 m), la de un ba­se or­to­do­xo ata­do a las po­si­cio­nes ex­te­rio­res (Jor­dan po­día ju­gar has­ta de tres y Ma­gic John­son for­jó su leyenda como pí­vot de cir­cuns­tan­cias). De he­cho, si le ves des­pis­ta­do por la te­le y no sa­bes que su 30 a la es­pal­da, azul o do­ra­do (de­pen­dien­do de si jue­ga en el Ora­cle o como ase­sino a do­mi­ci­lio) va ca­mino de con­ver­tir­se en leyenda, po­dría lle­gar a pa­re­cer­te un chi­ki­li­cua­tre. Pe­ro no te equi­vo­ques: siem­pre se­rá el más pe­li­gro­so de la can­cha.

Ha si­do el su­yo un as­cen­so con sor­di­na. Des­de que lo eli­gie­ran sép­ti­mo en el draft del 2009 (Ricky Rubio fue quin­to y re­ca­ló en Min­ne­so­ta), no fue has­ta 2014 que ju­gó su pri­mer All Star, tras el cual lle­gó su se­gun­do oro mun­dial, un MVP y el pri­mer ani­llo pa­ra los Warriors en 40 años el pa­sa­do ju­nio. De re­pen­te Curry se ha­bía con­ver­ti­do en el ar­chi­ene­mi­go de Leb­ron Ja­mes sin ha­ber lla­ma­do si­quie­ra a la puer­ta. Es­te 2015-2016 Gol­den State ha co­men­za­do la tem­po­ra­da ga­nan­do sus pri­me­ros 24 par­ti­dos –me­jor arran­que de cual­quier de­por­te pro­fe­sio­nal– y lo ha he­cho por­que Curry no que­ría, no po­día y no sa­bía per­der. In­clu­so Dios des­can­só al sép­ti­mo día; él tar­dó 25.

AL­BER­TO MO­RENO

ES­TI­LO & CURRY Ste­ve con abri­go, ca­mi­se­ta y pan­ta­lo­nes Pra­da, za­pa­ti­llas Un­der Ar­mour, col­gan­te Da­vid Yur­man y re­loj Her­mès.

BA­JO TE­CHO Pa­co Ro­ca po­sa pa­ra GQ ro­dea­do de las no­ve­las grá­fi­cas que pue­blan las es­tan­te­rías de la li­bre­ría Ca­fé Mo­lar (c/ De la Ru­da, 19, Ma­drid).

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