25 años de fu­ria 'Grun­ge' Una bro­ma muy se­ria

Pri­me­ro la ignoraron y lue­go se rie­ron de ella, pe­ro la an­ti­mo­da de las ca­mi­sas de cua­dros y los pan­ta­lo­nes ro­tos pron­to se con­vir­tió en la úl­ti­ma doc­tri­na pop del si­glo XX. Dos dé­ca­das des­pués de aquel so­pla­moc os a la bur­gue­sía del front row, el as­pec­to

GQ (Spain) - - Estilo -

¿Chi­cas con el pelo su­cio y chi­cos con las sá­ba­nas mar­ca­das en el ca­re­to? Cla­ro que sí. Y mu­cha mo­da uni­sex. Los ico­nos que ce­le­bra­ron la pe­re­za son hoy pie­zas in­mor­ta­les: bo­tas Dr. Mar­tens (1), ca­mi­sas de fra­ne­la, ca­za­do­ras ti­po bom­ber…

A Kurt Co­bain, de la ban­da Nir­va­na, lo mis­mo le da­ba Juana que su her­ma­na. El ves­ti­do que se pu­so en la por­ta­da de la re­vis­ta The Fa­ce (2) cons­ti­tu­ye una de las má­xi­mas de la es­té­ti­ca grun­ge: los gé­ne­ros no exis­ten.

Marc Ja­cobs (3) se pa­só de rebelde y lo pa­gó. En 1992, el di­rec­tor crea­ti­vo de Perry Ellis fue el pri­me­ro que pre­sen­tó en pa­sa­re­la los có­di­gos ha­ra­pien­tos que la­tían en las ca­lles. La bro­ma de los tra­pos raí­dos le lle­vó di­rec­to a la co­la del pa­ro.

Ade­más de Nir­va­na, el gru­po So­nic Youth (4) tam­bién ro­zó el éxi­to. La pe­lí­cu­la Sin­gles (1992), de Ca­me­ron Cro­we, tam­bién apor­tó su gra­ni­to de are­na pa­ra so­cia­li­zar la es­té­ti­ca. Johnny Depp co­no­ció a Ka­te Moss (5) tras su no­viaz­go con Wi­no­na. Su tor­men­to­sa re­la­ción fue un re­fle­jo per­fec­to del sen­ti­mien­to trá­gi­co de la vi­da que de­fen­dían los aman­tes del grun­ge. Cuan­do no hay cham­pú, las des­gra­cias ace­chan a la vuel­ta de la es­qui­na.

M

e pro­du­ce or­gas­mos ver a las mu­je­res ri­cas com­pran­do los tra­pos que no­so­tros ves­tía­mos". Así de cla­ro lo de­jó en Twit­ter Court­ney Lo­ve, viu­da de Kurt Co­bain. Su­ce­dió ha­ce tres años, cuan­do He­di Sli­ma­ne con­vir­tió Saint Laurent en una fran­qui­cia de Seattle, cu­na del mo­vi­mien­to grun­ge. Me­ses más tar­de fue el pro­pio di­se­ña­dor quien la lla­mó pa­ra que pro­ta­go­ni­za­ra la cam­pa­ña de aque­lla co­lec­ción es­can­da­lo­sa. Por los pre­cios de las pren­das y la ca­li­dad de sus ma­te­ria­les, los ex­per­tos ca­li­fi­ca­ron el ho­me­na­je de Sli­ma­ne como "grun­ge de Park Ave­nue". Una crí­ti­ca bas­tan­te pro­ce­den­te a juz­gar por las pa­la­bras de Lo­ve y que, como es na­tu­ral, se tra­du­jo en ven­tas mi­llo­na­rias. Como hi­cie­ran los da­daís­tas a co­mien­zos del si­glo XX, cu­yo idea­rio re­vo­lu­cio­na­rio aca­bó ple­na­men­te in­te­gra­do en el sis­te­ma que cri­ti­ca­ban, hoy el grun­ge es una ten­den­cia re­cu­rren­te. Y ade­más fac­tu­ra can­ti­da­des obs­ce­nas.

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