Li­cor ca­fé

Por Ma­nuel Ja­bois -

GQ (Spain) - - Firmas -

de­jar­lo", que es un con­se­jo es­pe­cí­fi­co pa­ra ár­bi­tros. Edu lo apren­dió un día que ar­bi­tró a unos ale­vi­nes en Can­gas de Onís. Te­nía en­tre el pú­bli­co al tí­pi­co pa­dre mar­ti­lleán­do­le su be­lla ca­be­za de ja­ba­lí, re­sa­co­sa y de­pri­mi­da, du­ran­te to­do el par­ti­do. De una for­ma tan po­co asom­bro­sa, tan de pa­dre de ju­ga­dor, que en una de es­tas al hom­bre ya se le es­ca­pó di­rec­ta­men­te un "hi­jo de pu­ta".

Mi ami­go se lle­vó el sil­ba­to a la bo­ca y pi­tó el fi­nal del mundo. Lue­go echó a co­rrer ha­cia la ban­da y allí, sin pen­sar­lo, dio una pa­ta­da al hom­bre que lo ti­ró al sue­lo. Se pro­du­jo un enor­me re­vue­lo en el que a Edu se le mez­cla­ban imá­ge­nes de Díaz Ve­ga, el ca­ma­re­ro del úl­ti­mo lo­cal y Ant­hony Per­kins. Aga­rró el cue­llo del se­ñor, y cuan­do se dis­po­nía a me­ter­le un me­co, es­cu­chó de­trás una vo­ce­ci­lla: "Por fa­vor, ár­bi­tro, no pe­gues a pa­pá". So­bre­co­gi­do, Edu se fue del cam­po y aban­do­nó el ar­bi­tra­je. En­tre él y Zi­da­ne es­tán las des­pe­di­das más cé­le­bres de la his­to­ria del de­por­te.

La so­le­dad del juez de lí­nea de las li­gas ju­ve­ni­les o có­mo lle­var­te los im­pro­pe­rios de la gra­da y la bur­la de los ban­qui­llos.

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