K ATE DEL C AS­TI­LLO

GQ (Spain) - - Travelling -

• Como era de es­pe­rar­se (sic) mu­chos han de­ci­di­do ma­ni­pu­lar la in­for­ma­ción y fa­bri­car his­to­rias fal­sas pa­ra dis­traer­nos del ver­da­de­ro te­ma. Pron­to con­ta­ré mi ver­sión". Es­te es el úl­ti­mo post de Ka­te del Cas­ti­llo en sus re­des so­cia­les, pu­bli­ca­do el 13 de enero, cin­co días des­pués del arres­to de Joa­quín el Cha­po Guz­mán, el nar­co­tra­fi­can­te más bus­ca­do del mundo. Se­gún las au­to­ri­da­des me­xi­ca­nas, la ob­se­sión del lí­der del cár­tel de Si­na­loa con la ac­triz fue cla­ve pa­ra su de­ten­ción. ¿Pe­ro có­mo uno de los cri­mi­na­les­más­po­de­ro­sos del pla­ne­ta, res­pon­sa­ble de in­tro­du­cir la mi­tad de la dro­ga que se con­su­me en EE UU, pu­do aca­bar en­tre re­jas por un fle­cha­zo con una es­tre­lla del en­tre­te­ni­mien­to? Lo que si­gue es una his­to­ria de pa­sio­nes ado­les­cen­tes, men­sa­jes en­crip­ta­dos y amis­ta­des pe­li­gro­sas.

Ka­te de Cas­ti­llo (Ciu­dad de Mé­xi­co, 1972) es la hi­ja de Eric del Cas­ti­llo, leyenda del ci­ne y los cu­le­bro­nes en su país. Alos 18 em­pren­dió su ca­rre­ra con la se­rie Mu­cha­chi­tas, y su fa­ma se dis­pa­ró con la mis­ma ve­lo­ci­dad que se suben a la ca­be­za los tra­gos de te­qui­la, con­vir­tién­do­la en un fe­nó­meno en Mé­xi­co y en­tre la co­mu­ni­dad la­ti­na de EE UU.

Pe­ro fue la te­le­no­ve­la La rei­na del sur (ba­sa­da en el best se­ller de Ar­tu­ro Pé­rez-reverte) la que des­en­ca­de­na­ría los acon­te­ci­mien­tos que lle­va­ron a su im­pli­ca­ción en el arres­to de Guz­mán. La te­le­no­ve­la, que se emi­tió en 2011, no so­lo ca­ta­pul­tó la po­pu­la­ri­dad de Del Cas­ti­llo (un per­so­na­je ya de por sí co­no­ci­do tan­to por su tra­ba­jo como por sus so­na­dos romances y di­vor­cios), tam­bién le dio un pro­fun­do co­no­ci­mien­to del mundo del nar­co­trá­fi­co, un te­ma que ya ha­bía tra­ta­do du­ran­te su par­ti­ci­pa­ción en la se­rie­weeds. Su fas­ci­na­ción con el uni­ver­so de la dro­ga lle­gó has­ta tal ex­tre­mo que en enero de 2012 es­cri­bió en una carta abier­ta en Twit­ter que "hoy creo más en el Cha­po Guz­mán que en los go­bier­nos que me es­con­den ver­da­des", y ex­hor­ta­ba al lí­der del cár­tel de Si­na­loa a que cam­bia­se la dro­ga por el amor. Su mi­si­va pro­vo­có dos reac­cio­nes: la pri­me­ra, las ame­na­zas que, se­gún la ac­triz, re­ci­bió por par­te de al­tos fun­cio­na­rios de jus­ti­cia de su país; la se­gun­da, una lla­ma­da de uno de los abo­ga­dos del ca­po pi­dién­do­le su di­rec­ción pa­ra man­dar­le unas flo­res en se­ñal de agra­de­ci­mien­to. El ra­mo nun­ca lle­gó (Del Cas­ti­llo se ha­bía mu­da­do de ca­sa), pe­ro la fas­ci­na­ción del Cha­po con la ac­triz nun­ca se mar­chi­tó.

En 2014 las au­to­ri­da­des me­xi­ca­nas de­tu­vie­ron al nar­co­tra­fi­can­te tras 13 años en bus­ca y cap­tu­ra. Na­da más po­ner un pie en la cár­cel, sus abo­ga­dos se vie­ron inun­da­dos de pro­pues­tas de pro­duc­to­res de Holly­wood pa­ra lle­var sus an­dan­zas a la gran pan­ta­lla, una idea que se­du­jo a Guz­mán. So­lo pu­so una con­di­ción: que Ka­te del Cas­ti­llo es­tu­vie­se al fren­te del pro­yec­to. Si­guien­do sus ins­truc­cio­nes, sus es­bi­rros vuel­ven a con­tac­tar con la ac­triz, y am­bos co­mien­zan una re­la­ción a tra­vés de men­sa­jes ci­fra­dos de Blac­kberry y car­tas des­li­za­das a tra­vés de la com­ple­ja y co­rrup­ta red de con­tac­tos del se­ñor de la dro­ga. Su co­la­bo­ra­ción (que so­lo se verá in­te­rrum­pi­da tem­po­ral­men­te en ju­lio de 2015, cuan­do Guz­mán pro­ta­go­ni­za una de las fu­gas más es­pec­ta­cu­la­res de la his­to­ria pe­ni­ten­cia­ria) se plas­ma en un lar­go­me­tra­je (que se­gún fuen­tes del go­bierno me­xi­cano lle­va­ría por tí­tu­lo El Cha­po. El es­ca­pe del si­glo y es­ta­ría lis­ta pa­ra es­tre­nar­se), una so­cie­dad pa­ra el lan­za­mien­to del te­qui­la Ho­nor del Cas­ti­llo (del que la ac­triz es ima­gen) y la so­na­da en­tre­vis­ta pa­ra Ro­lling Sto­ne fir­ma­da por el ac­tor Sean Penn, que su­pues­ta­men­te ha­bría pues­to a las fuer­zas de se­gu­ri­dad me­xi­ca­nas tras la pis­ta del pró­fu­go.

Los men­sa­jes en­tre­guz­mány Del Cas­ti­llo, que sa­lie­ron a la luz tras la re­cap­tu­ra del nar­co­tra­fi­can­te el pa­sa­do­mes­de enero, des­ve­lan el la­do­más­vul­ne­ra­ble del lí­der del cár­tel de Si­na­loa. En ellos se re­fie­re a la ac­triz con los nom­bres en cla­ve "la Gua­pa", "la Da­ma" o "Er­mo­za", y le ex­pre­sa cons­tan­te­men­te su ad­mi­ra­ción y su afec­to. Ma­ni­fes­ta­cio­nes como "te cui­da­ré más que a mis ojos", "mu­chas gra­cias por ser tan fina per­so­na" o "yo es­toy más emo­cio­na­do en ti que en la his­to­ria", son so­lo una pe­que­ña mues­tra de la de­vo­ción del nar­co por su "ami­ga". Un ca­pri­cho que le ha cos­ta­do un nue­vo in­gre­so en pri­sión. Una ob­se­sión que pue­de des­ca­be­zar a la or­ga­ni­za­ción cri­mi­nal más po­de­ro­sa del mundo. Pe­ro con el Cha­po nun­ca se sa­be…

Es­ta es la in­creí­ble his­to­ria de la mu­jer que se con­vir­tió en la ob­se­sión (y ta­lón de Aqui­les) del Cha­po Guz­mán, el nar­co­tra­fi­can­te más po­de­ro­so y bus­ca­do del mundo.

GOMILLION AND LEU­POLD • IA­GO DA­VI­LA

EL CUER­PO DEL DE­LI­TO "Ten­go to­da la con­fian­za en ti y lo que tú me ase­so­res sé que es lo co­rrec­to". Las ga­nas de Guz­mán de agra­dar a Del Cas­ti­llo lo han lle­va­do de vuel­ta a la cár­cel.

NA­RRA­TI­VA AR­TE­SA­NAL "Me gus­ta ele­gir len­ta­men­te las pa­la­bras y cons­truir con cui­da­do pri­me­ro las fra­ses y des­pués los pá­rra­fos. Más que como un ar­tis­ta pre­fie­ro ver­me como un ar­te­sano". John Ban­vi­lle di­xit.

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