Li­cor ca­fé

Por Ma­nuel Ja­bois -

GQ (Spain) - - Firmas -

bre su es­pal­da no ha­bía caí­do acei­te. No hi­zo fal­ta si­quie­ra que el es­cri­tor se to­ca­se. Su ami­go, sin em­bar­go, se que­dó he­la­do, re­co­gió sus co­sas y se mar­chó. Man­tu­vie­ron la amistad, ca­da vez de for­ma más dé­bil, has­ta que un día se di­sol­vió del to­do. Hay al­go más tris­te aun que per­der a un amor, y es per­der a un ami­go. Sakcs se sin­tió "de­ses­pe­ra­da­men­te so­lo y re­cha­za­do" y los años si­guien­tes los de­di­có a dro­gar­se con to­da la ló­gi­ca del mundo. No de­ci­dió en­trar en po­lí­ti­ca; si­guió en­tran­do en la cien­cia.

En uno de sus pun­tos pro­gra­má­ti­cos más ele­va­dos, se­gu­ro que pen­san­do en Sacks, Pe­dro Sán­chez se pre­gun­tó si era po­si­ble el se­xo cuan­do hay amistad. "El eterno de­ba­te", es­cri­bió en Twit­ter. En cual­quier ca­so mez­cla me­jor con la po­lí­ti­ca: el pri­mer mi­nis­tro is­lan­dés Óla­fur Rag­nar Gríms­son si­gue con aque­lla pa­re­ja su­ya. Y no tan im­por­tan­te, pe­ro sin­to­má­ti­co, quin­ce años des­pués si­gue go­ber­nan­do en Fin­lan­dia.

Óla­fur Rag­nar Gríms­son y Do­rrit Mous­saieff o có­mo em­pe­zar (y sa­car ade­lan­te) una re­la­ción amo­ro­sa cuan­do to­do tu país te es­cu­dri­ña.

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