Ar­te­sa­nía mul­ti­co­lor

Trein­ta años atrás des­cu­bri­mos una jo­ven em­pre­sa es­pa­ño­la que eli­ge un pa­to co­mo in­sig­nia de su fir­ma, ti­ñe sus plu­mas de co­lor ro­jo y lo es­tam­pa en sus co­lec­cio­nes. Hoy ese ave so­bre­vue­la los cin­co con­ti­nen­tes.

GQ (Spain) - - Estilo -

vas por la ca­lle y al­guien lla­ma tu aten­ción. Fru­to del abu­rri­mien­to, o sen­ci­lla­men­te de la cu­rio­si­dad, tus ojos pa­san del 'mo­do es­tán­dar' al 'mo­do es­cá­ner' pa­ra ana­li­zar (co­mo si fue­ses un T-800) a di­cho su­je­to de arri­ba aba­jo. Es al lle­gar a la ba­se cuan­do su cal­za­do te ofre­ce to­da la in­for­ma­ción que es­ta­bas bus­can­do. Los za­pa­tos son el chi­va­to más cer­te­ro a la ho­ra de des­cu­brir la per­so­na­li­dad y el ca­rác­ter del in­di­vi­duo que los por­ta: la for­ma de atar­se los cor­do­nes, su grado de pul­cri­tud, si el mo­de­lo es más o me­nos clá­si­co, el des­gas­te de la sue­la... o, co­mo di­ría una ma­dre: "un hom­bre de bien se vis­te por los pies". Pa­ra ha­cer­te des­ta­car, la mar­ca es­pa­ño­la Pi­ko­li­nos uti­li­za las me­jo­res pie­les bo­vi­nas en un nue­vo con­cep­to de lu­jo: el trabajo ar­te­sano. Con su­mo cui­da­do son se­lec­cio­na­das las ma­nos que, des­de El­che (Ali­can­te), tra­ba­jan pa­ra crear pie­zas úni­cas. Ca­da cos­tu­ra, en­co­la­do y cur­ti­do son rea­li­za­dos con má­xi­mo mi­mo por los maes­tros pe­le­te­ros. ¿El re­sul­ta­do? Un pro­duc­to hand­ma­de sua­ve a la par que re­sis­ten­te. Ade­más, el pa­to ro­jo es un se­llo de con­fort. Es­te ave es ca­paz de adap­tar­se a cual­quier en­torno; ya sea agua, tie­rra o ai­re. Di­cha cua­li­dad es apre­cia­da por Juan Pe­rán (pre­si­den­te y fun­da­dor) y la con­vier­te en el va­lor prin­ci­pal de la fir­ma. Y es que 'an­dar co­mo un pa­to' nun­ca fue al­go tan pre­cia­do a la ho­ra de so­bre­sa­lir de en­tre la mul­ti­tud.

POR ANA AR­JO­NA

DE SUS MA­NOS A TUS PIES

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