VÍSTEME DESPACIO

El tai­lo­ring de la co­lec­ción Cru­ce­ro 2017 de Guc­ci es tan ex­clu­si­vo que so­lo po­drás lu­cir­lo si un le­brel af­gano te da per­mi­so pa­ra aca­ri­ciar­le el lo­mo. Tom Hidd­les­ton ya lo ha con­se­gui­do.

GQ (Spain) - - De Firma -

Has­ta ha­ce unos me­ses, Tom era un nom­bre po­co ci­ta­do en los ta­lle­res y las ofi­ci­nas de Guc­ci. Nun­ca se lle­gó al ex­tre­mo de las no­ve­las de Harry Pot­ter, que se re­fe­rían a Lord Vol­de­mort co­mo "el se­ñor te­ne­bro­so" o "aquel que no de­be ser nom­bra­do", pe­ro en la fir­ma ita­lia­na pre­fe­rían evi­tar pro­nun­ciar­lo. Des­de la com­pli­ca­da sa­li­da de Tom Ford de la di­rec­ción crea­ti­va de la mar­ca en 2004 (al ali­món con su mano de­re­cha y CEO, Do­me­ni­co De So­le), el nom­bre del ti­po que en los años 90 rein­ven­tó es­ta casa cen­te­na­ria ca­yó en desuso. Tal era su po­co pe­so que en 2011, año en que se inau­gu­ró el mu­seo Guc­ci de Flo­ren­cia, nin­guno de sus di­se­ños en­con­tró aco­mo­do en la co­lec­ción: el es­ca­so en­ten­di­mien­to de las par­tes du­ran­te (y después) de su re­le­vo se man­tu­vo en el tiem­po al­gu­nos años. Y es que las rup­tu­ras, cuan­to más in­ten­so ha si­do el amor, más di­fí­ci­les re­sul­tan.

Afor­tu­na­da­men­te, tras el as­cen­so ha­ce un año de Ales­san­dro Mi­che­le a la cú­pu­la del de­par­ta­men­to crea­ti­vo, mu­chas co­sas han cam­bia­do en la com­pa­ñía fun­da­da por Guc­cio Guc­ci. En­tre otras, la po­lí­ti­ca cor­po­ra­ti­va so­bre los su­je­tos lla­ma­dos Tom: el pa­sa­do ve­rano el mu­seo de la fir­ma abrió dos sa­las de­di­ca­das a los me­jo­res looks y ac­ce­so­rios crea­dos du­ran­te la eta­pa Ford y ha­ce unas se­ma­nas Mi­che­le fi­chó a otro Tom (en es­te ca­so, Hidd­les­ton) co­mo em­ba­ja­dor del tai­lo­ring de la co­lec­ción Cru­ce­ro 2017. ¿Tom? ¿Pe­ro qué Tom? Pues el de to­da la vi­da, el mis­mo que du­ran­te diez años ele­vó la hi­per­se­xua­li­dad a ca­te­go­ría pre­fe­ren­te, y el nue­vo, que no es otro que el ele­gan­tí­si­mo ac­tor de Holly­wood que hoy en­car­na el fu­tu­ro.

DE UNA ÉLITE A OTRA

Tom Hidd­les­ton (West­mins­ter, Reino Uni­do, 1981) se for­mó en las ex­clu­si­vas au­las del co­le­gio Eton, pe­ro no si­guió el ca­mino de la ma­yo­ría de sus com­pa­ñe­ros. Al igual que otros co­le­gas co­mo Hugh Lau­rie o Ed­die Red­may­ne, que tam­bién pa­sa­ron por ese cen­tro, el pro­ta­go­nis­ta de la úl­ti­ma cam­pa­ña de Guc­ci no qui­so aca­bar en la City lon­di­nen­se o me­ter­se en be­ren­je­na­les po­lí­ti­cos. Tras apren­der el ofi­cio en la Ro­yal Aca­demy of Dra­ma­tic Art (RADA), par­ti­ci­pó en va­rias pe­lí­cu­las en su país y se mar­chó a Holly­wood, don­de en 2011 al­can­zó la fa­ma in­ter­na­cio­nal después de in­ter­pre­tar a Lo­ki, el an­ta­go­nis­ta de Thor, en las múl­ti­ples en­tre­gas de la sa­ga de Mar­vel. El año pa­sa­do di­jo sí a Gui­ller­mo del To­ro y se aden­tró en su uni­ver­so oní­ri­co a tra­vés del fil­me La cum­bre es­car­la­ta, y den­tro de unos me­ses, tal vez en pri­ma­ve­ra, es­tre­na­rá Kong: Skull Is­land ,el reini­cio de la fran­qui­cia King Kong.

Por si fue­ra po­co, su vi­da per­so­nal es tan en­tre­te­ni­da co­mo sus pe­lí­cu­las: ha­ce po­co pro­ta­go­ni­zó un so­na­do pe­ro bre­ve ro­man­ce con Tay­lor Swift, cu­yo desen­la­ce se re­trans­mi­tió con el rui­do que co­rres­pon­de, y en es­tos mo­men­tos es pas­to de los ta­bloi­des ca­da vez que lo fo­to­gra­fían con al­guien. Ade­más, la ru­mo­ro­lo­gía me­diá­ti­ca si­túa a Hidd­les­ton co­mo uno de los fa­vo­ri­tos (jun­to con una do­ce­na de ac­to­res tan fa­vo­ri­tos co­mo él) pa­ra su­ce­der a Daniel Craig en el pa­pel de Ja­mes Bond. Y la ver­dad es que es­ta­mos con­ven­ci­dos de que no lo ha­ría na­da mal, no so­lo por su ta­len­to sino por esa ele­gan­cia bri­tá­ni­ca que de­fien­de tan bien.

Por to­do ello, no pue­de pa­re­cer­nos me­jor que el ac­tor sea la nue­va ima­gen de la sas­tre­ría de la co­lec­ción Cru­ce­ro 2017 de Guc­ci, cu­ya cam­pa­ña ha si­do su­per­vi­sa­da por el di­rec­tor ar­tís­ti­co Ch­ris­top­her Sim­monds y re­tra­ta­da por Glen Luch­ford en la hacienda Dawn­rid­ge de Tony Du­quet­te, en Los Án­ge­les. Una de las ca­rac­te­rís­ti­cas más des­ta­ca­das de es­ta lí­nea sar­to­rial son los fan­tás­ti­cos te­ji­dos ele­gi­dos y los di­fe­ren­tes cor­tes in­cor­po­ra­dos, lo que pro­ba­ble­men­te ha­ce que ac­tual­men­te es­tos sean los tra­jes más ex­qui­si­tos del mer­ca­do. La ex­pe­rien­cia de sus ar­te­sa­nos en la con­fec­ción pa­ra hom­bre ha cris­ta­li­za­do en sie­te si­lue­tas que se adap­tan a to­das las ti­po­lo­gías cor­po­ra­les, en­tre las que des­ta­can la New Sig­no­ria (en­ta­lla­da y ele­gan­te), la He­ri­ta­ge (de inspiración años 70) y la Mar­se­lla (hom­bros real­za­dos). Tom ya las vis­te to­das.

Por eso se ha ga­na­do el res­pe­to de su le­brel af­gano.

SIN PRISA El ac­tor vis­te el tra­je New Sig­no­ria en co­lor bur­deos y con bo­to­na­du­ra cru­za­da.

TO­DO UN SE­ÑOR El bri­tá­ni­co vis­te el tra­je He­ri­ta­ge en jac­quard tri­co­lor ins­pi­ra­do en los años 70.

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