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GQ (Spain) - - En Hora -

hay al­go de inocen­cia ro­ba­da en la ex­pre­sión de Jus­ti­na Bus­tos (Cór­do­ba, Ar­gen­ti­na, 1989). Una ar­mo­nía se­re­na ale­ja­da del es­te­reo­ti­po de la mu­jer ex­plo­si­va que, sin em­bar­go, es­con­de mu­cho fue­go y mu­cha pa­sión. Los mis­mos que pre­ci­só pa­ra dar ré­pli­ca a Ce­ci­lia Roth en Migas de pan, el dra­ma, ba­sa­do en he­chos reales, en el que am­bas (como jo­ven y como mu­jer madura) dan vi­da a Li­lia­na Pe­rei­ra, una uni­ver­si­ta­ria de Mon­te­vi­deo, ma­dre de un be­bé, in­vo­lu­cra­da en las lu­chas es­tu­dian­ti­les con­tra la dic­ta­du­ra cí­vi­co-mi­li­tar de Uru­guay. Jun­to a otras mu­je­res, Pe­rei­ra fue se­cues­tra­da, en­ce­rra­da, tor­tu­ra­da y des­po­seí­da de la pa­tria po­tes­tad de su hi­jo. Tras años de exi­lio en Es­pa­ña, y al en­te­rar­se de que va a ser abue­la, Li­lia­na de­ci­de vol­ver y par­ti­ci­par en la de­nun­cia del in­fierno su­fri­do en su ju­ven­tud. Roth y Bus­tos, ac­tri­ces de pa­re­ci­do más que ra­zo­na­ble, com­po­nen es­te dra­ma or­ques­ta­do por la di­rec­to­ra y guio­nis­ta Ma­na­ne Ro­drí­guez (Los pa­sos per­di­dos) ofre­cien­do to­da su des­nu­da ver­dad como in­tér­pre­tes: "Sí, es una pe­lí­cu­la du­ra que me ha re­ga­la­do el per­so­na­je de una mu­jer fuer­te y ma­ra­vi­llo­sa".

Jus­ti­na ob­ser­va dis­cre­ta­men­te to­do cuan­to ocu­rre a su al­re­de­dor mien­tras el equi­po GQ se afa­na en dar for­ma a es­tas pá­gi­nas. Po­dría de­cir­se que sa­bo­rea el pla­cer del ano­ni­ma­to que, por aho­ra, Es­pa­ña le re­ga­la. "En Ar­gen­ti­na soy co­no­ci­da, sí, pe­ro yo no me creo na­da", ad­vier­te es­ta mu­jer de piel ex­qui­si­ta y ADN con ins­truc­cio­nes ge­né­ti­cas traí­das de Ita­lia, Fran­cia y Es­pa­ña.

A los 17 años Jus­ti­na ya sa­bía lo que que­ría. Bueno, ca­si. Se mu­dó a Bue­nos Ai­res y se cen­tró en es­tu­diar His­to­ria del Ar­te. Pe­ro no du­ró mu­cho. El ve­neno de la ac­tua­ción ya le que­ma­ba las ve­nas. Tras es­tu­diar con los me­jo­res de su país, sal­tó a EE UU pa­ra ma­tri­cu­lar­se en la New York Film Aca­demy.

"Soy la pri­mer ac­triz de una fa­mi­lia en la que pre­do­mi­nan los mé­di­cos. A los 6 años, en unas va­ca­cio­nes en Bra­sil, mis pa­dres me de­po­si­ta­ron en la tí­pi­ca guar­de­ría de ho­tel en la que nos en­tre­te­nían pre­pa­ran­do es­ce­nas de pe­lí­cu­las. Pue­do afir­mar que de­bu­té ha­cien­do de Oli­via New­ton-john en Grea­se. (Ri­sas). Des­cu­brí un es­ta­do en el que nun­ca ha­bía es­ta­do. Aque­llo me ele­vó a la fe­li­ci­dad". contemporánea y ami­ga del ac­tor Chino Da­rín (La rei­na de Es­pa­ña) –ar­gen­tino del mo­men­to en Es­pa­ña–, Jus­ti­na re­cuer­da el ro­da­je jun­to a él de Voley, pe­lí­cu­la de Mar­tín Pi­ro­yansky con la que am­bos sal­ta­ron a la fa­ma dan­do for­ma a una his­to­ria in­tras­cen­den­te so­bre un gru­po de vein­tea­ñe­ro in­mer­sos en una No­che­vie­ja por to­do lo al­to. "Ahí fue don­de la gen­te em­pe­zó a pre­gun­tar­se que quién era yo". Lo mis­mo que ocu­rrió con el hoy fa­mo­so Da­rín ju­nior… "Bueno, sí, Chino ya me ade­lan­tó por la ban­qui­na [léa­se: ar­cén]". Otro gran mo­men­to de la aún cor­ta ca­rre­ra de Bus­tos fue Madly, un con­jun­to de breves his­to­rias de amor di­ri­gi­das, en­tre otros, por Gael Gar­cía Ber­nal.

Lle­ga­dos a es­te pun­to y da­da la pro­yec­ción in­ter­na­cio­nal de Migas de pan, pro­duc­ción his­pano-uru­gua­ya, to­có en­con­trar re­pre­sen­tan­te es­pa­ñol pa­ra Jus­ti­na: "Me en­can­ta­ría te­ner mi ca­rre­ra aquí". Ma­dri­nas no le fal­tan: Ce­ci­lia Roth, Maribel Ver­dú y la re­pre­sen­tan­te Pa­lo­ma Jua­nes en­ca­be­zan la lis­ta. Por lo de­más, Bus­tos nun­ca pe­ca­rá de fas­hion vic­tim: "Me gus­ta la mo­da como ex­pre­sión del ar­te que es. Apre­cio el tra­ba­jo de los gran­des di­se­ña­do­res, pe­ro no es­toy pen­dien­te de las ten­den­cias". Con gua­po ofi­cial a su la­do (el em­pre­sa­rio de 30 años Ma­riano Bus­ti­llo) –sí, se sien­te, Jus­ti­na tie­ne no­vio–, a es­ta cor­do­be­sa de mi­ra­da au­tén­ti­ca no se la se­du­ce en un aquí te pi­llo, aquí te ma­to. "No me van los hom­bres que pre­ten­den te­ner­te a los dos mi­nu­tos, por más lin­dos que sean. No me in­tere­san. Me abu­rren. Pre­fie­ro la sen­ci­llez y la ca­ba­lle­ro­si­dad". To­me­mos no­ta en cla­ve gentle­man. Es lo nues­tro.

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