Ce­le­bri­da­des fa­lle­ci­das ( o re­des so­cia­les con­tra reali­dad ) gam­be­teo

Por Mon­te­ro Glez -

GQ (Spain) - - Gq Firmas -

"El año del que no ha­bla­mos" es la res­pues­ta que da, en una ti­ra có­mi­ca pu­bli­ca­da en in­ter­net, una pro­fe­so­ra de es­cue­la en un fu­tu­ro cer­cano a un alumno que le pre­gun­ta por qué 2016 no apa­re­ce en los li­bros de historia.

Bue­na par­te de la le­yen­da ne­gra de 2016 se de­be a la per­cep­ción que te­ne­mos de que el ci­ta­do año fue mor­tal pa­ra las ce­le­bri­da­des por­que fa­lle­cie­ron "mu­chas" per­so­nas co­no­ci­das, re­le­van­tes y que­ri­das, y tam­bién his­tó­ri­cas. "2016, ¿pue­des ir­te al ca­ra­jo ya?", es­cri­bió Ma­don­na en Twit­ter en Na­vi­dad, día en el que mu­rió Geor­ge Mi­chael.

Y así, en­tre tuits, re­tuits, ac­tua­li­za­cio­nes de Fa­ce­book y fotos de Ins­ta­gram; en­tre vi­ñe­tas, ar­tícu­los y pla­ñi­de­ras di­gi­ta­les, 2016 se ga­nó fa­ma de ase­sino en se­rie de fa­mo­sos. En reali­dad, más por lo que pa­re­ció que por lo que fue. El año 2016 no fue es­pe­cial­men­te fa­tí­di­co pa­ra las ce­le­bri­da­des. No mu­rie­ron mu­chos más fa­mo­sos que otros años e in­clu­so mu­rie­ron me­nos de­pen­dien­do de con qué año se com­pa­re. Tam­bién de­pen­dien­do de có­mo se de­ter­mi­ne el gra­do de no­to­rie­dad. La ex­ten­sión de la lis­ta de ce­le­bri­da­des fa­lle­ci­das de­pen­de de quién la con­fec­cio­ne, de la edad que ten­ga y de cuá­les sean sus in­tere­ses y afi­cio­nes. No to­dos los fa­mo­sos lo son pa­ra to­do el mun­do, y no to­dos los fa­mo­sos lo son por los mis­mos mo­ti­vos.

La CNN hi­zo el re­cuen­to de los afa­ma­dos que ha­bían muer­to en 2016, aun­que ad­mi­tía que no exis­tía un mé­to­do cien­tí­fi­co pa­ra me­dir­lo con exac­ti­tud "por­que no hay un es­tán­dar que de­ter­mi­ne cuál es la re­le­van­cia me­diá­ti­ca de una muer­te". Es­tu­dian­do los últimos diez años, la ca­de­na te­le­vi­si­va es­ta­dou­ni­den­se de­mos­tró que 2016 no ha­bía si­do mu­cho peor que otros años, y que la ci­fra to­tal de ce­le­bri­da­des fa­lle­ci­das era in­fe­rior a la de 2006, por ejem­plo. "La pró­xi­ma vez que al­guien se que­je de que el año 2016 se ha lle­va­do a to­dos nues­tros hé­roes pue­des con­tes­tar­le que ha ha­bi­do años peo­res", con­clu­ye el in­for­me.

Pa­ra la re­vis­ta Ti­me no te­nía tan­to que ver el nú­me­ro de fa­lle­ci­dos co­mo la coin­ci­den­cia "de fi­gu­ras inusual­men­te des­ta­ca­bles y que­ri­das" (de nue­vo, es­to es al­go sub­je­ti­vo); mien­tras que la BBC ar­gu­men­ta­ba que aho­ra hay más fa­mo­sos de los que so­lía ha­ber, y que "ha­ce no tan­to so­lo unas cuan­tas per­so­nas del mun­do del ci­ne eran real­men­te fa­mo­sas".

Sno­pes.com, un si­tio es­pe­cia­li­za­do en des­men­tir (o con­fir­mar) leyendas ur­ba­sus

"Cuan­do al­guien se que­je de que 2016 se ha lle­va­do a nues­tros hé­roes, pue­des con­tes­tar­le que ha ha­bi­do años peo­res"

el Real Ma­drid y apren­dió a com­bi­nar su jue­go con la ra­cio­na­li­dad pro­pues­ta por su en­ton­ces téc­ni­co, Jorge Val­dano. Un as­pec­to tan im­por­tan­te co­mo que, de no ha­ber si­do así, hoy Sán­chez Flo­res no se­ría en­tre­na­dor.

Otro que pa­só por el club me­ren­gue fue Jo­sé Rodríguez, ali­can­tino de Vi­lla­jo­yo­sa, ju­ga­dor que de­mos­tró su ra­za en su de­but pú­bli­co en la Co­pa del Rey, fren­te al Al­co­yano. De eso ha­ce ya unos años: él era mi­cu­rria y Mou­rin­ho le dio la opor­tu­ni­dad. En­ton­ces, en me­nos de 30 mi­nu­tos, mar­có gol. La as­tu­cia gi­ta­na en el te­rreno de jue­go es me­mo­ra­ble.

Jesús Na­vas es otro fut­bo­lis­ta más de san­gre ca­lé que apren­dió a re­ga­tear ju­ga­do­res con­tra­rios a la vez que re­ga­tea­ba char­cos. Del ba­rro a las es­tre­llas, el ca­mino es­ta­ba tra­za­do pa­ra Na­vas cuan­do bri­lló en un par­ti­do que en­fren­tó al Se­vi­lla con­tra el Ath­le­tic de Bilbao en el cur­so 2004-05, rea­li­zan­do uno de los me­jo­res go­les de lo que va de si­glo. La ju­ga­da de su vida em­pe­zó des­de el me­dio del cam­po; con tem­plan­za y ner­vio re­ga­teó a Asier del Horno, co­rre­teó des­pués has­ta so­bre­pa­sar la defensa pa­ra co­lo­car­se al bor­de del área y chu­tó la pe­lo­ta a la red. Muy gi­tano él.

Otro que la jue­ga es Daniel Güiza, de los Je­re­les, quien desa­rro­lló me­mo­ra­bles ju­ga­das con la se­lec­ción en la Eu­ro­co­pa de 2008. La co­sa no que­da ahí pues la lis­ta se alar­ga con Jo­sé An­to­nio Re­yes o An­to­nio Ama­ya pa­ra un jue­go de ra­za.

Con to­do, nues­tro fut­bo­lis­ta gi­tano por ex­ce­len­cia es Tel­mo Za­rrao­nan­día Mon­to­ya –re­bau­ti­za­do co­mo Za­rra–, del Ath­le­tic Club de Bilbao. Su gol más re­cor­da­do fue aquel que mar­có en el Mun­dial de 1950, dispu­tado en Bra­sil, en el co­no­ci­do co­mo "el par­ti­do del si­glo" con­tra los hi­jos de la Gran Bre­ta­ña. Se ha es­cri­to mu­cho acer­ca del mo­men­to, del ins­tan­te pre­ci­so, en el que In­gla­te­rra es hu­mi­lla­da por Za­rra, quien anotó des­de den­tro del área. Se ha di­cho que Za­rra gol­peó el ba­nas lón con la ro­di­lla, aun­que hay quien di­ce que fue con el mus­lo o con la es­pi­ni­lla, e in­clu­so los hay de opi­nión ci­po­tu­da y su­gie­ren par­tes más du­ras. La ver­dad es que aquel gol fue atri­bu­to ins­tru­men­ta­li­za­do por la po­lí­ti­ca fran­quis­ta pa­ra así dar­le tono de gesta épi­ca al de­por­te rey.

In­gla­te­rra ne­ce­si­ta­ba el triun­fo, ya que con él pa­sa­ba a la ron­da fi­nal. Es­pa­ña an­da­ba más desaho­ga­da, con el em­pa­te le va­lía, pe­ro aun así no hay que ol­vi­dar que en Es­pa­ña se fu­si­la­ba por aquel en­ton­ces. Ade­más, no las te­nía to­das con­si­go en el te­rreno de jue­go, pues In­gla­te­rra con­ta­ba con ju­ga­do­res de pri­me­ra co­mo Stan­ley Matt­hews, quien, se­gún las cró­ni­cas, fue el pri­mer ju­ga­dor en re­ci­bir el Ba­lón de Oro. Tam­bién es­ta­ba Alf Ram­sey, que años des­pués, en 1966, se ha­ría con la Co­pa del Mun­do co­mo en­tre­na­dor. Se­gún los no­ti­cie­ros de en­ton­ces, In­gla­te­rra se­guía sien­do la gran fa­vo­ri­ta. Así su­ce­dió du­ran­te el pri­mer tiem­po con un se­ve­ro do­mi­nio in­glés, has­ta que el gol de un gi­tano los de­jó ri­laos pa­ra los res­tos. Los hi­jos de la Gran Bre­ta­ña su­frie­ron la hu­mi­lla­ción pro­pia de los que in­ven­ta­ron el fut­bol pe­ro no su­pie­ron trans­for­mar­lo en una cues­tión de san­gre.

"Nues­tro fut­bo­lis­ta gi­tano por ex­ce­len­cia es Tel­mo Za­rrao­nan­día Mon­to­ya, 'Za­rra', del Ath­le­tic Club de Bilbao"

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