Có­mo tra­tar a un ca­ma­re­ro

No re­sul­tar an­ti­pá­ti­co a la per­so­na que te aten­de­rá en el bar o en el res­tau­ran­te re­sul­ta ca­si tan im­por­tan­te co­mo el res­to de de­ta­lles de la ve­la­da. Apren­de a ga­nar­te su fa­vor y na­die sal­drá he­ri­do.

GQ (Spain) - - Planeta Pop -

1. su lu­gar.

2. Na­da de di­ri­gir­se a ellos con tér­mi­nos co­mo je­fe o

cha­val.

3. Tam­po­co ga­rçon! (sal­vo que es­tés en un ca­fé pa­ri­sino, pi­das ab­sen­ta y for­mes par­te de una co­rrien­te tar­día de exis­ten­cia­lis­mo eu­ro­peo).

4. En ge­ne­ral con­vie­ne cier­tas con­fian­zas con el ca­ma­re­ro. Es­tá tra­ba­jan­do.

5. En nin­gún ca­so chas­quees los de­dos o gol­pees la ba­rra. No eres per­cu­sio­nis­ta ni es­tás adies­tran­do a pe­rros. Y por na­da del mun­do que­rrías pa­re­cer un chu­lo.

6. Sal­vo que es­tés en la is­la de La Go­me­ra y el bar es­té al otro la­do de un ba­rran­co, no lla­mes su aten­ción sil­ban­do.

7. Si en­tien­des có­mo fun­cio­na el fue­ra de jue­go en fút­bol, ¿por qué ocu­pas el área del

Es ten­ta­dor, pe­ro mo­les­tas.

8. El ca­ma­re­ro de­be­ría ser tan in­to­ca­ble co­mo un far­ma­céu­ti­co de guar­dia tras su mam­pa­ra blin­da­da. Na­da de co­ger­le de la man­ga, ce­ro con­tac­to fí­si­co. in si­tu al­go pa­re­ci­do a las de­li­be­ra­cio­nes del PSOE.

12. Evi­ta li­gar con las ca­ma­re­ras. Son mu­chas ho­ras de pie y no es­tán de hu­mor. Ade­más, tus op­cio­nes de éxi­to son es­ca­sas.

Evi­ta tam­bién los ¿Te atre­ve­rías a ha­cer­lo con tu ci­ru­ja­na en el qui­ró­fano? 17. No co­jas las be­bi­das de la ban­de­ja que trae el ca­ma­re­ro. Le­jos de ayu­dar, ha­ces que pierda el equi­li­brio. Es su mal­di­ta par­ti­da de Te­tris, su pie­dra de Sí­si­fo.

18.

pa­ra se­car el lí­qui­do. De­ja que el ca­ma­re­ro lo re­co­ja con una ba­ye­ta. Ten­drá que ha­cer­lo de to­das for­mas y evi­ta­rás que se lle­ve una gran ma­sa pul­po­sa de cho­rrean­te pa­pel mo­ja­do.

Man­tén en su si­tio a los Un mon­tón de cria­tu­ras co­rrien­do por el res­tau­ran­te es una fuen­te de caos. Si no se por­tan bien, úsa­los pa­ra cal­zar la me­sa o áta­los en la en­tra­da. POR JO­SÉ MA­NUEL RUIZ

Guía pa­ra ver dón­de be­ben los que nos dan de be­ber.

Cuan­do ha­ce un par de años la edi­to­rial Phai­don pu­bli­có la guía Whe­re Chefs Eat –dón­de co­men los chefs–, na­die hu­bie­ra di­cho que se tra­ta­ba de un clá­si­co. Hoy, si­guien­do su es­te­la, se pu­bli­ca Whe­re Bartenders Drink (25 €). de Adrien­ne Stall­man. Mar­chan­do otro cla­si­ca­zo.

PSI­CO­LO­GÍA DE BA­RRA Re­cuer­da que, si les tra­tas bien, los ca­ma­re­ros pue­den ser tus alia­dos, tus con­fe­so­res o ami­gos. Sá­ca­le par­ti­do a esa ho­ra fe­liz.

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