MÚ­SI­CA Se­ño­ras que ha­cen electrónica vs. se­ño­ras que ha­cen folk.

Un mis­mo co­lor pa­ra dos ar­tis­tas di­fe­ren­tes, pe­ro apa­sio­nan­tes: Gold­frapp y Ka­ren El­son. No las pier­das de vis­ta, es­tán de vuel­ta con nue­vo dis­co.

GQ (Spain) - - Sumario -

¿ POR QUÉ ES­CU­CHAR…?

Con la electrónica se pue­de bai­lar a pier­na suel­ta, pe­ro tam­bién des­can­sar tras un pa­li­zón es­cu­chan­do su ver­sión más tran­qui­la (eso que lla­man chill out). Los rit­mos elec­tró­ni­cos son per­fec­tos pa­ra los subido­nes (no es ca­sual que sean tan ma­cha­co­nes), pe­ro a cier­ta edad es me­jor no ten­tar a la suer­te y op­tar por De­pe­che Mo­de. To­dos pa­sa­mos al­go de mie­do cuan­do al­guien echa mano de su uke­le­le y se pre­pa­ra pa­ra can­tar unos te­mas, pe­ro que no cun­da el pá­ni­co: el folk es mu­cho más que una voz y una gui­ta­rra acús­ti­ca, o que una ins­tru­men­ta­ción sin elec­tri­ci­dad y tra­di­cio­nal. Tam­bién es pu­ra sen­si­bi­li­dad. Ol­vi­da el mie­do al

Cum­ba­yá; el folk es be­llo.

¿ CÓ­MO ES­CU­CHAR…?

Hay electrónica pa­ra to­dos los mo­men­tos. Kraft­werk va muy bien pa­ra los via­jes y pa­ra com­ba­tir el ca­lor en ve­rano, mien­tras que Por­tis­head fun­cio­na de ma­ra­vi­lla en las cri­sis sen­ti­men­ta­les. No pue­des ir a un fes­ti­val sin tu play­list de Che­mi­cal Brot­hers, ni pen­sar en li­gar en uno si no co­no­ces a Hot Chip oa Wild Beasts. Tam­bién hay folk pa­ra to­das las oca­sio­nes. Si tie­nes el día reivin­di­ca­ti­vo, los pri­me­ros dis­cos de Dy­lan son pa­ra­da obli­ga­to­ria. Si lo que quie­res es so­ñar con una ca­ba­ña jun­to a un la­go, te sir­ve lo mis­mo Jo­ni Mit­chell que el pri­mer dis­co de Bon Iver. Ah, y no ol­vi­de­mos que gra­cias a Beth Or­ton exis­te al­go lla­ma­do fol­ko­tró­ni­ca.

¿ CUÁN­DO ES­CU­CHAR…?

Lo su­yo es que dis­fru­tes de la electrónica bai­lon­ga en dis­co­te­cas y fes­ti­va­les. Co­mo ayu­da a se­gre­gar mu­cha adre­na­li­na, tam­bién va muy bien pa­ra ha­cer elíp­ti­ca y cin­ta. Si lo que se bus­ca es en­sa­yar una re­ce­ta nue­va an­tes de que apa­rez­can tus in­vi­ta­dos, Brian Eno y The Orb ha­cen que to­do se vea con muuu­cha cal­ma. El folk hay que pa­la­dear­lo so­bre to­do en mo­men­tos de cal­ma, re­co­gi­mien­to e in­ti­mi­dad. No pon­gas un dis­co folk en una fies­ta a no ser que quie­ras echar a la gen­te. En cam­bio, una bue­na can­ción acús­ti­ca con las emo­cio­nes pal­pi­tan­do a flor de piel es la me­jor alia­da pa­ra es­tre­char la­zos humanos de to­do ti­po.

¿ DÓN­DE ES­CU­CHAR…?

Los es­pa­cios abier­tos son pa­ra el am­bient (crea­ción de Eno), el cie­lo se ex­pan­de con Tren­te­mø­ller y las su­per­fi­cies co­mer­cia­les son idó­neas pa­ra las va­rian­tes de la electrónica: Soft Cell sir­ve pa­ra bus­car sa­la­zo­nes, Mas­si­ve At­tack pa­ra com­pa­rar ver­du­ras y Gold­frapp con­si­gue que la sec­ción de lác­teos pa­rez­ca un lu­gar al­go más di­ver­ti­do. El tó­pi­co di­ce que el folk es pa­ra una reunión al­re­de­dor de una ho­gue­ra; y a ve­ces los tó­pi­cos tie­nen más ra­zón que un san­to, ya que es más fá­cil po­ner­nos in­tros­pec­ti­vos en el cam­po que en el metro. En ese ca­so, me­jor te­ner a mano dis­cos de Lau­ra Mar­ling, Hiss Gol­den Mes­sen­ger, Cat Po­wer, Ke­vin Morby o Ka­ren El­son.

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