¡ese Mono!

GQ (Spain) - - Firmas -

Pa­ra un ju­ga­dor de fút­bol, el enemi­go nun­ca es­tá en el equi­po con­tra­rio. Tam­po­co se en­cuen­tra en las gra­das por mu­cho in­sul­to que arro­jen los hin­chas, así co­mo el enemi­go tam­po­co sue­le ser el ar­bi­tro o el li­nier. To­do lo con­tra­rio. Por­que el ver­da­de­ro enemi­go de un fut­bo­lis­ta es la bás­cu­la.

Tal vez Ma­ra­do­na sea ejem­plo de ju­ga­dor que, ca­da vez que se pe­lea con la agu­ja de la ba­lan­za, pier­de el com­ba­te. Sin em­bar­go, en este ca­so, Dios no re­sul­ta úni­co. Es muy ha­bi­tual que en los pe­rio­dos de des­can­so, de re­ti­ro o de re­cu­pe­ra­ción, el fut­bo­lis­ta se pon­ga cer­do, val­ga la com­pa­ra­ción. Es en­ton­ces cuan­do col­gar las bo­tas se con­vier­te en si­nó­ni­mo de des­col­gar las tri­pas has­ta de­jar­las bai­lo­nas.

El asun­to em­pie­za cuan­do ter­mi­na el par­ti­do. Só­lo hay que ver las fo­tos de los ves­tua­rios lle­nos de car­to­nes de piz­za. Co­mi­da in­dus­trial de la peor ca­li­dad pa­ra re­cu­pe­rar­se des­pués del en­cuen­tro. Na­da de die­ta sa­na, al con­tra­rio; una su­ma de ca­lo­rías, gra­sas, azú­ca­res y de­más ele­men­tos di­fí­ci­les de me­ta­bo­li­zar que, cuan­do hay triun­fo, se vie­nen a su­mar a li­co­res va­rios. Whisky, ron, gi­ne­bra, com­bi­na­dos de to­do ti­po don­de los fut­bo­lis­tas su­mer­gen su ho­ci­co igual que cer­dos en un ba­rri­zal.

Con es­tas co­sas, de Dios pa­ra aba­jo –y por se­guir en los mis­mos cie­los–, nos en­con­tra­mos al Mono Bur­gos. A él y a

Mono Bur­gos (ge­nio y) fi­gu­ra de la por­te­ría del Atlé­ti­co de Ma­drid y un icono del club.

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