Ale­xan­dra Daddario: nues­tra mu­sa del ve­rano.

da igual si viste la se­rie ori­gi­nal o no. Es­te ve­rano, sus­pi­ra­rás cuan­do te dé un ja­ma­cu­co en­tre las olas. ¿Ven­drá a res­ca­tar­te es­ta nue­va y ul­tra sexy vi­gi­lan­te de la pla­ya? Pues no. Pe­ro so­ñar es gra­tis.

GQ (Spain) - - Sumario - rea­li­za­cion:joana de la fuen­te FOTOGRAFIA RI­CHARD RA­MOS

Ale­xan­dra Daddario (Nue­va York, 1986) se ríe cuan­do le pre­gun­ta­mos si te­nía al­gún ti­po de co­ne­xión emo­cio­nal con Los vi­gi­lan­tes de la pla­ya, ca­te­dral del kitsch te­le­vi­si­vo no­ven­te­ro, an­tes de par­ti­ci­par en la nue­va (e irre­ve­ren­te) ver­sión que aca­ba de to­mar los ci­nes es­te ve­rano. "Lo ra­ro es que lo sa­bía to­do so­bre ella, pe­ro nun­ca vi un so­lo epi­so­dio. Así que, de al­gu­na ma­ne­ra, ya era una ex­per­ta in­clu­so an­tes de es­ta pe­lí­cu­la".

Hoy en día, la se­rie de Da­vid Has­sel­hoff no pue­de ser re­cor­da­da sin es­bo­zar una son­ri­sa, al­go con lo que la cin­ta jue­ga de ma­ne­ra cons­cien­te: "Creo que su ico­no­gra­fía es tan uni­ver­sal que re­sul­ta im­po­si­ble no co­no­cer­la", ex­pli­ca Daddario, "aun­que só­lo sea por el re­cuer­do ge­ne­ral que hay de ella. Lo que sí hi­ce fue ver al­gu­nos epi­so­dios co­mo pre­pa­ra­ción pa­ra es­te pa­pel, y pue­do de­cir que he­mos cla­va­do el tono que ne­ce­si­tá­ba­mos". Ese tono se en­cuen­tra en una zo­na de som­bra en­tre la ce­le­bra­ción nos­tál­gi­ca y la pa­ro­dia des­mi­ti­fi­ca­do­ra, un equi­li­brio que la ac­triz con­si­de­ra fun­da­men­tal: "En cuan­to em­pe­cé a leer el guión, me di cuen­ta de lo que que­ría ha­cer con la idea de Los vi­gi­lan­tes de la pla­ya. La pe­lí­cu­la lle­va la se­rie a otro ni­vel y, en mi opi­nión, le ha­bla a otra ge­ne­ra­ción. ¡Pe­ro por su­pues­to que nos reí­mos de las ca­rre­ras por la ori­lla a cá­ma­ra len­ta! Lo bueno de es­to es que no hay na­da sa­gra­do: es un con­cep­to tan di­ver­ti­do que pue­des ju­gar con él co­mo quie­ras".

Es pro­ba­ble que co­noz­cas a Daddario por la sa­ga de Percy Jack­son, sus in­cur­sio­nes en el gé­ne­ro de te­rror o su breve (pe­ro me­mo­ra­ble) pa­pel en la primera tem­po­ra­da de True De­tec­ti­ve, por el que fue no­mi­na­da a un Glo­bo de Oro. Sin em­bar­go, ella afir­ma que la co­me­dia es su há­bi­tat na­tu­ral. Y su personaje en Los vi­gi­lan­tes de la pla­ya, Summer Quinn, le ha per­mi­ti­do dar vi­da, en sus pro­pias pa­la­bras, a la pa­ya­sa lis­ta: "Es una jo­ven re­clu­ta del equi­po, aun­que se mue­re por for­mar par­te de él. Lo más ab­sur­do y de­li­cio­so de to­do es que, den­tro del uni­ver­so que he­mos crea­do, ser una vi­gi­lan­te de la pla­ya y tra­ba­jar a las ór­de­nes de Mitch Bu­chan­non, el personaje que in­ter­pre­ta Dway­ne John­son, es lo me­jor que pue­des ha­cer con tu vi­da. No hay un ho­nor ma­yor".

¿Se pue­de de­cir lo mis­mo de tra­ba­jar con John­son en la vi­da real? "¡Oh, cla­ro que sí! Ya nos co­no­cía­mos de otro pro­yec­to (San An­drés, pe­lí­cu­la de ca­tás­tro­fes don­de Daddario en­car­na­ba na­da me­nos que a la hi­ja de 'The Rock'), así que sa­bía que iba a ser un pla­cer coin­ci­dir con él aquí". En cuan­to a Zach Efron, su otro com­pa­ñe­ro de re­par­to, ella de­ja cla­ro que su re­la­ción con el personaje "es más có­mi­ca que ro­mán­ti­ca, más que na­da por­que Summer no acep­ta cho­rra­das de na­die. ¡Y Zach es­tá in­creí­ble ha­cien­do cho­rra­das!"; y si­gue: "Se su­po­ne que de­bía plan­tar­me an­te él con ca­ra se­ria y dis­gus­ta­da mien­tras de­cía to­das esas es­tu­pi­de­ces, así que lo más di­fí­cil de to­do es­te ro­da­je fue con­te­ner mis ga­nas de par­tir­me de ri­sa. Crée­me: fue du­ro".

No tan du­ro, cla­ro, co­mo los ri­go­res a los que de­bes so­me­ter tu cuer­po y tu men­te pa­ra pro­te­ger a los ba­ñis­tas. "To­dos tu­vi­mos que pa­sar por un en­tre­na­mien­to fí­si­co muy se­ve­ro", re­co­no­ce la ac­triz. "No exa­ge­ro si te di­go que, a ve­ces, só­lo te­nía ga­nas de vo­mi­tar, tum­bar­me en el sue­lo y de­jar que to­do pa­sa­ra. Pe­ro me di­je­ron que era nor­mal. Es más: me di­je­ron que la gen­te sue­le vo­mi­tar du­ran­te las pri­me­ras se­ma­nas de es­te en­tre­na­mien­to, ya que a tu or­ga­nis­mo le cues­ta acos­tum­brar­se. ¡Por lo que tu­ve suer­te de es­tar só­lo a pun­to de vo­mi­tar!".

"Así que sí", re­co­no­ce la ac­triz, "me gus­ta­ría di­ri­gir mi ca­rre­ra ha­ce pro­yec­tos me­nos exi­gen­tes, pe­ro no cam­bia­ría por na­da del mun­do la opor­tu­ni­dad de ha­cer una pe­lí­cu­la co­mo és­ta. Lo que más me gus­ta de ha­cer co­me­dia es la li­ber­tad que tie­nes co­mo ac­triz. Por ejem­plo, pa­ra im­pro­vi­sar cual­quier co­sa que te ven­ga a la ca­be­za y com­pro­bar con el res­to del equi­po si ha fun­cio­na­do o no, si has lo­gra­do ha­cer que se rían. Uno de mis li­bros pre­fe­ri­dos es Born Standing Up, la au­to­bio­gra­fía de Ste­ve Mar­tin. Ese tío es to­da una ins­pi­ra­ción pa­ra mí y pa­ra mi ca­rre­ra: cuan­do ha­bla de ha­cer reír y de esos en­tor­nos en los que un có­mi­co co­mo él se de­be mo­ver pa­ra que flu­ya la crea­ti­vi­dad, con­si­gue ha­cer que sue­ne fá­cil".

An­tes de des­pe­dir­se, la ac­triz quie­re rom­per una lan­za a fa­vor de los block­bus­ters ve­ra­nie­gos, ese gé­ne­ro tan de­nos­ta­do y, qui­zá, tan vi­tal pa­ra nues­tra sa­lud men­tal: "Los Ven­ga­do­res es una de mis pe­lí­cu­las fa­vo­ri­tas de los úl­ti­mos diez años. Y la ra­zón por la que fun­cio­na tan bien es la can­ti­dad de hu­mor que Mar­vel sa­be in­tro­du­cir en to­das sus pe­lí­cu­las. Es­ta­mos atra­ve­san­do unos tiem­pos un tan­to com­pli­ca­dos, os­cu­ros in­clu­so, así que es ne­ce­sa­rio que exis­ta es­te ti­po de en­tre­te­ni­mien­to en los ci­nes. La ne­ce­si­dad de es­ca­par­te a una sa­la du­ran­te el ve­rano y eva­dir­te de to­do con un po­co de di­ver­sión sin mal­dad es pri­mor­dial hoy en día". Así que ya sa­bes: pue­des ba­ñar­te en la pla­ya sin mie­do. Los vi­gi­lan­tes acu­den al res­ca­te.

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