GQ MA­NI­FIES­TO

I did it my way: las ven­ta­jas de via­jar so­lo.

GQ (Spain) - - Sumario -

Hu­bo un tiem­po en el que Fé­lix Ro­drí­guez de la Fuen­te de­be­ría ha­ber­me do­bla­do los fi­nes de se­ma­na. Por­que era una ab­so­lu­ta de­pre­da­do­ra: "En la ciu­dad la manada lo es to­do y ella lu­cha por con­ser­var­la. Es­tu­dia los pun­tos dé­bi­les y fuer­tes de su re­ba­ño. Ocu­pa su po­si­ción de ata­que. Man­da un men­sa­je de Hoy se sa­le. Na­die le res­pon­de. In­sis­te con más fuer­za y ha­ce uso de las ma­yús­cu­las: Cha­va­les, HOY SE SA­LE". Ha­ce años era una car­ní­vo­ra so­cial: ávi­da de cual­quier plan al ace­cho. No so­por­ta­ba la idea de que­dar­me so­la en ca­sa. Me sen­tía co­mo cuan­do Joa­quin Phoe­nix se pa­sea ves­ti­do por una pla­ya re­bo­san­te de cuer­pos en ba­ña­dor en la pe­lí­cu­la Her: des­con­tex­tua­li­za­da, des­ubi­ca­da, me­lan­có­li­ca. No só­lo sen­tía la ne­ce­si­dad de te­ner un plan, sino tam­bién de mos­trar­lo, de su­bir la fo­to acre­di­ta­ti­va a mis re­des so­cia­les, co­mo el dis­tin­ti­vo de ca­li­dad en un en­va­se de car­ne.

Des­de pe­que­ños lle­va­mos ins­cri­to en nues­tro có­di­go ge­né­ti­co que te­ne­mos que ha­cer las co­sas en gru­po pa­ra dis­fru­tar­las. Por ejem­plo, al­guien ha­ce tiem­po nos me­tió la idea en la se­se­ra de que en­trar en una sa­la os­cu­ra pa­ra ver una pe­lí­cu­la que pro­vo­ca reacciones per­so­na­les es la des­crip­ción per­fec­ta de una ac­ti­vi­dad gru­pal. Y des­de aquí pi­do per­dón por to­das las ve­ces que pre­juz­gué la mo­ti­va­ción y las ra­zo­nes de los que iban al ci­ne so­los. Por­que lo hi­ce. Tam­bién ocu­rre con los via­jes, los tea­tros, los con­cier­tos, los res­tau­ran­tes. Pa­sas tiem­po a so­las con HBO o Net­flix, con los li­bros, con tu horno, con tu web de piz­za a do­mi­ci­lio, pe­ro si­gues con­si­de­ran­do ex­tra­ño que­dar­te so­lo, fren­te a fren­te, con la gran pan­ta­lla de una sa­la. "Le asus­ta que­dar­se re­za­ga­da. Per­der la manada", di­ría la voz en off del do­cu­men­tal mien­tras me en­fo­ca en plano ce­ni­tal. Y vuel­ta al men­sa­je im­plo­ran­do un plan.

Por eso ad­mi­ro pro­fun­da­men­te a la gen­te que via­ja so­la por pla­cer. Mis ami­gos y ami­gas que lo han he­cho y lo ha­cen con fre­cuen­cia me cuen­tan có­mo es­tán más re­cep­ti­vos a to­do lo que sur­ja que cuan­do via­ja­mos en gru­po. Có­mo tie­nen los ojos más abier­tos, pe­ro so­bre to­do la men­te. Eli­gen lo que desean y cuán­do lo desean. Se li­be­ran; y aun­que en de­ter­mi­na­dos mo­men­tos echan de me­nos la com­pa­ñía, lo­gran una ex­ce­len­te re­la­ción con ellos mis­mos. Las agencias de via­jes lo sa­ben y ya prio­ri­zan a es­te mo­de­lo de via­je­ro muy por en­ci­ma de lo que ocu­rría ha­ce años cuan­do to­dos los guías lle­va­ban el "gru­pal" es­cri­to en la fren­te.

Si, al igual que yo, to­da­vía no te atre­ves a via­jar por tu cuen­ta, em­pie­za por un con­cier­to, por un res­tau­ran­te, por ese ci­ne de tu ba­rrio. Son per­fec­ta­men­te com­pa­ti­bles con los pla­nes en gru­po. Ve­rás que na­die te ma­no­sea las pa­lo­mi­tas de maíz, ni te di­ce que ese pla­to tie­ne mu­chos hi­dra­tos pa­ra to­mar­lo de no­che, o que esa es la ru­ta más cor­ta: "que sí hom­bre, qui­ta, que tú no sa­bes mi­rar bien el ma­pa".

ELLA NO ES­TA­BA ALLÍ En Her, Joa­quin Phoe­nix no es­ta­ba so­lo. Lle­va­ba a su no­via en el co­ra­zón (bueno, en el bol­si­llo de la ca­mi­sa, den­tro del mó­vil).

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