10 con­se­jos pa­ra ha­cer el amor en la pla­ya con (fo­to)se­gu­ri­dad

Es­te año te re­co­men­da­mos que me­tas las na­ri­ces en to­das par­tes. Que hue­las, dis­fru­tes y apren­das; y si es acom­pa­ña­do de tu pa­re­ja… me­jor que me­jor.

GQ (Spain) - - Cuidados -

PLA­NI­FI­CA EL CALENTÓN

Es­ta par­te es la más di­fí­cil, ya que uno no se to­ma el pri­mer gin­to­nic en el chi­rin­gui­to pen­san­do que va a aca­bar de­trás de una ro­ca en com­pa­ñía de la ma­ci­za del otro la­do de la ba­rra (o tal vez sí). En cual­quier ca­so, pien­sa que un fo­to­pro­tec­tor tar­da en­tre 20 y 30 mi­nu­tos en ha­cer efec­to; más o me­nos lo que va a tar­dar en que­mar­se cual­quier área que no es­té ex­pues­ta al sol co­ti­dia­na­men­te (sí, pen­sa­mos en… la es­pal­da ba­ja), así que aplí­ca­te­lo con tiem­po.

NO HA­GAS LA CROQUETA

El mer­ca­do de los fo­to­pro­tec­to­res ofre­ce hoy una va­rie­dad de tex­tu­ras sin igual en la his­to­ria de la cos­mé­ti­ca. Exis­ten pro­duc­tos con re­pe­len­tes de are­na pa­ra que no aca­bes em­pa­na­do y tam­bién con re­pe­len­tes pa­ra in­sec­tos, por si ve­ra­neas en una zo­na ca­lien­te con bi­chos. Aun­que no sean los que go­zan de me­jor repu­tación, los pro­tec­to­res con fil­tros quí­mi­cos son los que de­jan me­nos pe­ga­jo­sa la piel, ya que se absorben sin de­jar re­si­duos en la su­per­fi­cie.

EM­PIE­ZA CON UN MA­SA­JE

Si ya es cor­ta­rro­llos el mo­men­to de po­ner­se un pre­ser­va­ti­vo, ima­gí­na­te el de apli­car­se pro­tec­tor so­lar. Te re­co­men­da­mos que con­vier­tas ese pro­ce­so te­dio­so en un mo­men­to de pla­cer. ¿Por qué no uti­li­zar el pro­duc­to co­mo agen­te lu­bri­can­te de un ma­sa­je eró­ti­co? Lo ideal es ex­ten­der un acei­te de aca­ba­do se­co, pe­ro si no tie­nes uno a mano, sír­ve­te de cual­quier otro fo­to­pro­tec­tor. Que no sea una bru­ma en es­pray de apli­ca­ción sin ma­nos, eso sí. No ri­ce­mos el ri­zo.

SIN PER­FU­ME, POR FA­VOR

So­mos cons­cien­tes de que so­li­ci­tar­te que te des­pren­das de tu fra­gan­cia es ca­si co­mo pe­dir­te que acu­das des­nu­do a una ci­ta. Pe­ro da­do que es­tás en la pla­ya y (ca­si) des­nu­do ya, no nos lo ten­gas en cuen­ta. Los per­fu­mes con­tie­nen in­gre­dien­tes fo­to­sen­si­bles que pue­den reac­cio­nar con la luz so­lar. Por la mis­ma ra­zón, es­co­ge siem­pre pro­tec­to­res so­la­res sin fra­gan­cia. Por in­creí­ble que pa­rez­ca, al­gu­nos la in­clu­yen en su for­mu­la­ción.

BÚS­CA­TE UNA PAL­ME­RA

No só­lo por­que le ofre­ce­rá un po­co de in­ti­mi­dad a vues­tras ma­nio­bras amo­ro­sas, sino –más pro­pia­men­te– por­que os pro­por­cio­na­rá una agra­da­ble som­bra don­de ejer­cer. Eso sí, es­to no os exi­me de uti­li­zar un fo­to­pro­tec­tor, ya que la are­na de la pla­ya re­fle­ja has­ta un 25% de los ra­yos so­la­res (de­pen­dien­do del ti­po: vol­cá­ni­ca, blan­ca…).

NOS OCU­PA­MOS DEL MAR

Nu­me­ro­sas pe­lí­cu­las han re­tra­ta­do ese mo­men­to en que dos cuer­pos se aman en la ori­lla del mar la­mi­dos por las olas (la más rea­lis­ta, qui­zá, sea Top Se­cret). Si tu pe­ri­cia pos­tu­ral so­por­ta el azo­te rít­mi­co del océano, vi­gi­la que tu pro­tec­tor sea wa­ter re­sis­tant o wa­ter­proof. So­bre una ha­ma­ca es po­co pro­ba­ble que te mo­jes, pe­ro muy po­si­ble que su­des en abun­dan­cia por el es­fuer­zo y el ca­lor. Por eso, ojo tam­bién a que el pro­duc­to que uses sea tam­bién re­sis­ten­te al su­dor.

OJO CON LAS ZO­NAS PO­CO EX­PUES­TAS

Que se­pa­mos, no exis­ten los pro­tec­to­res so­la­res con sa­bo­res. Un ni­cho de mer­ca­do que tú, in­tré­pi­do y em­pren­de­dor lec­tor de GQ, po­drías em­pe­zar a ex­plo­tar aho­ra mis­mo. En cual­quier ca­so, co­mo bien sa­ben los nu­dis­tas, una que­ma­du­ra en se­gún qué par­te de la anato­mía pue­de ser es­pe­cial­men­te do­lo­ro­sa. No cues­ta na­da po­ner­se un po­co de pro­tec­tor so­lar pa­ra zo­nas sen­si­bles; o, ya que es­ta­mos, que te lo pon­gan.

¿EN EL BA­ÑO DEL CHI­RIN­GUI­TO?

Si quie­res pa­sar del fo­to­pro­tec­tor, és­ta es la op­ción más sa­lu­da­ble. Si ex­cep­tua­mos los hon­gos, la mu­gre, los ori­nes, la fau­na lo­cal, bac­te­rias sin cla­si­fi­car aún por la OMS… Uf, ¿en se­rio? Puag.

DES­PA­CI­TO… CON EL SE­XO TÁNTRICO

La can­ción del ve­rano es Des­pa­ci­to por al­go. An­tes que Luis Fon­si, Sán­chez Dra­gó –pa­ra los mi­llen­nials, un es­cri­tor un tan­to car­gan­te y ob­se­sio­na­do con el se­xo– ya ben­di­jo pú­bli­ca­men­te las bon­da­des de los pol­vos de una tar­de (qué de­ci­mos, ¡de un día!). Si és­te es tu ro­llo –la pla­ya, la ver­dad, pa­re­ce más pro­pi­cia pa­ra el pol­vo rá­pi­do–, ten en cuen­ta que de­bes reapli­car el pro­tec­tor ca­da dos ho­ras. Es el ran­go má­xi­mo de fo­to­es­ta­bi­li­dad de los pro­duc­tos.

HAZ­LO DE NO­CHE

Es­te epí­gra­fe no ne­ce­si­ta mu­cha ex­pli­ca­ción.

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