Los se­ño­res del vino

Es tiem­po de ven­di­mia y, pa­ra ce­le­brar­lo, pe­di­mos a cua­tro bo­de­gue­ros de de­no­mi­na­cio­nes muy dis­pa­res que nos cuen­ten los se­cre­tos de una pa­sión que mue­ve 4.500 mi­llo­nes al año.

GQ (Spain) - - Gqurmet - In vino ve­ri­tas.

El vino es lo más ci­vi­li­za­do que hay en el mun­do", es­cri­bió el hu­ma­nis­ta fran­cés François Ra­be­lais en su Tra­ta­do del buen uso del vino. Le fal­tó aña­dir que tam­bién pue­de ser una gran fuen­te de ne­go­cio: en Es­pa­ña fac­tu­ra 4.580 mi­llo­nes al año y ge­ne­ra ca­si 25.000 pues­tos de tra­ba­jo, se­gún datos del Ob­ser­va­to­rio Es­pa­ñol del Mer­ca­do del Vino (OEMV). Pa­ra los que se de­di­can a ello en cuer­po y al­ma es, sin em­bar­go, mu­cho más que eso. Di­ri­gir una bo­de­ga es una pa­sión que exi­ge de­di­ca­ción ple­na y mu­chos sa­cri­fi­cios que no siem­pre se ven re­com­pen­sa­dos. Es una la­bor in­ten­si­va que, al igual que la Ar­ma­da In­ven­ci­ble, se pue­de ir a pi­que por me­ro ca­pri­cho de los ele­men­tos: el frío, el gra­ni­zo o una pla­ga pue­den man­dar al tras­te una co­se­cha en­te­ra y pro­yec­tos que lle­va años di­se­ñar. Por su­pues­to, cuan­do las co­sas sa­len bien, la sa­tis­fac­ción es má­xi­ma. Crear un buen vino es co­mo fil­mar una pe­lí­cu­la inol­vi­da­ble que, co­mo di­ría Fe­lli­ni, du­ra un ins­tan­te y te de­ja en la bo­ca un sa­bor a glo­ria; es nue­vo en ca­da sor­bo y, co­mo ocu­rre con el ci­ne, na­ce y re­na­ce per­ma­nen­te­men­te en tu me­mo­ria.

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