EL RE­GRE­SO DE PAUL AUSTER

4321, su nue­va e im­po­nen­te no­ve­la.

GQ (Spain) - - Sumario -

• DU­RAN­TE LA LAR­GA CONVERSACIÓN que man­te­ne­mos con Paul Auster (Nue­va Jer­sey, 1947), en nin­gún momento le men­cio­na­mos a Do­nald Trump. Ni por aso­mo. Na­die nos ha su­ge­ri­do que no lo ha­ga­mos; mu­cho me­nos él. Sim­ple­men­te evi­ta­mos ci­tar al mag­na­te pa­ra no hur­gar más en la he­ri­da y por­que Trump ha si­do un lu­gar de­ma­sia­do co­mún pa­ra la pren­sa es­pa­ño­la du­ran­te el ago­ta­dor pa­so pro­mo­cio­nal del es­cri­tor por Ma­drid (por cier­to, tam­po­co le da­mos la ta­ba­rra con el asun­to del azar, que ya has­ta los es­tu­dian­tes de pri­ma­ria sa­ben que es al­go fun­da­men­tal en su obra y bla bla bla). Así que no ha­bla­mos del 45º pre­si­den­te de EE UU ni del azar, sino de los sue­ños que se han que­da­do por el ca­mino pa­ra la ge­ne­ra­ción de Ar­chie Fer­gu­son, pro­ta­go­nis­ta de la mo­nu­men­tal 4321 (Seix Ba­rral), en al­gu­nos as­pec­tos un fac­sí­mil de los años de for­ma­ción y ju­ven­tud del propio Auster. ¿Pien­sa el es­cri­tor na­ci­do en Ne­wark ha­ce 70 años que al­can­za­rá a ver unos EE UU en don­de no se es­ta­blez­can dis­tin­cio­nes ba­sa­das en el co­lor? "No creo que las re­la­cio­nes en­tre blan­cos y ne­gros me­jo­ren has­ta que no nos sin­ce­re­mos res­pec­to a nues­tro pa­sa­do. He lle­ga­do a la con­clu­sión de que el pro­ble­ma que te­ne­mos en mi país es que nun­ca nos he­mos en­fren­ta­do al he­cho de que aquí he­mos te­ni­do es­cla­vi­tud. Es al­go que si­gue con no­so­tros. Ni si­quie­ra te­ne­mos un mu­seo de­di­ca­do al asun­to. En Ale­ma­nia ves mu­seos del ho­lo­caus­to na­zi y la es­cla­vi­tud es igual de te­rri­ble. El pro­ble­ma de Oba­ma fue que con él se ge­ne­ró un re­tro­ce­so enor­me, por­que ha­bía una gran par­te del país que odia­ba la idea de te­ner a un hom­bre ne­gro co­mo pre­si­den­te".

Su nue­va no­ve­la es un com­ple­jo y de­ta­lla­do re­la­to de ini­cia­ción ci­men­ta­do so­bre cua­tro vi­das al­ter­na­ti­vas de un mis­mo pro­ta­go­nis­ta y en­mar­ca­das en las con­vul­sio­nes so­cia­les y po­lí­ti­cas de los EE UU de los años 50 y, so­bre to­do, 60. Le llevó más de tres años de es­cri­tu­ra sin dis­trac­cio­nes ("no acep­té en­tre­vis­tas ni lec­tu­ras en ac­tos pú­bli­cos") y al­can­za ca­si las mil pá­gi­nas, aun­que po­dría ha­ber su­pe­ra­do esa ex­ten­sión: "Te­nía mu­chas más his­to­rias e ideas de las que lle­gué a plas­mar en el texto. Sé que pue­de te­ner el as­pec­to de una gran no­ve­la del si­glo XIX, pe­ro no lo es". En­ton­ces, ¿cuál se­ría el mo­de­lo li­te­ra­rio de es­ta sa­ga exis­ten­cial que trans­cu­rre a lo lar­go de ca­si tres dé­ca­das? "Ésa es una gran cues­tión. Nun­ca he leí­do un li­bro con una es­truc­tu­ra co­mo és­ta. Por su­pues­to, sus di­men­sio­nes me ha­cen pen­sar en es­cri­to­res a los que ad­mi­ro, co­mo Tols­tói y Dic­kens, que es­cri­bie­ron li­bros muy lar­gos. Por tan­to, creo que la res­pues­ta se­ría que no hay mo­de­lo". Pa­ra Auster, la esen­cia de la me­cá­ni­ca de la fic­ción es una aven­tu­ra: "Es­cri­bir una no­ve­la es asu­mir el re­to de me­ter­te en la piel de otra gen­te; en la piel de mu­je­res, de an­cia­nos y de jó­ve­nes. Ésa es la aven­tu­ra que re­pre­sen­ta la es­cri­tu­ra. Es al­go di­fí­cil, pe­ro una vez que acier­tas te pue­de sa­lir bien por­que has to­ma­do la di­rec­ción co­rrec­ta y te es­tás de­jan­do lle­var por tus ins­tin­tos".

DE AS­TU­RIAS AL CIE­LO Des­de que en 1987 la edi­to­rial Jú­car lo des­cu­brie­se pa­ra los lec­to­res es­pa­ño­les con La ciu­dad de cristal, el nú­me­ro de se­gui­do­res del ga­na­dor del Prín­ci­pe de As­tu­rias de las Le­tras no ha de­ja­do de cre­cer en nues­tro país.aho­ra es un es­cri­tor in­ter­ge­ne­ra­cio­nal.

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