SE­RIES En­tre spin-off an­da el jue­go: ca­sos de éxi­to… y ejem­plos de que a ve­ces es me­jor no to­car na­da.

El es­treno de El jo­ven Shel­don, spin-off de The Big Bang Theory, nos re­tro­trae a otros pro­duc­tos de­ri­va­dos de se­ries de éxi­to. Al­gu­nos co­bra­ron vi­da pro­pia y a otros –ejem– no les fue tan bien.

GQ (Spain) - - Sumario -

• Cam­bia Mán­ches­ter por Lon­dres y los años 70 por los 80, pe­ro el tono psi­coth­ri­ller de Li­fe on Mars se man­tie­ne in­tac­to. • Es taaan bue­na que ya ca­si ni re­cor­da­mos que sur­gió de la enor­me

Brea­king Bad. Co­me­dia ne­gra en los juz­ga­dos de Al­bu­quer­que. • Ejem­plo evi­den­te de que un spin-off pue­de mar­char me­jor que la se­rie ori­gi­nal. El abo­ga­do fue cla­ra­men­te su­pe­ra­da. • Fra­sier y Cheers son mo­de­los de lo que de­be ser una sit­com (hu­mor so­fis­ti­ca­do, de­co­ra­dos aus­te­ros… y ri­sas en­la­ta­das). • Otra de abo­ga­dos. Diane Lock­hart de­mos­tró en The Good Wi­fe que me­re­cía una se­rie pro­pia. Lo lo­gró y no de­frau­dó. • Le fal­ta el gan­cho, la ten­sión y la es­pec­ta­cu­la­ri­dad (a ve­ces des­me­di­da) que le da­ba Jack Bauer a la

24 ge­nui­na. Flo­ja, flo­ja. • Uno lle­ga a desear que los zom­bis aca­ben con los pro­ta­go­nis­tas de la ma­ne­ra más cruel po­si­ble. The Wal­king

Dead no me­re­cía es­to. • Joey Trib­bia­ni fun­cio­na­ba ge­nial co­mo par­te del en­gra­na­je de

Friends. En so­li­ta­rio te­nía un pun­to cu­ña­do cero in­tere­san­te. • Con los chi­cos de Sen­sa­ción de vi­vir lle­gá­ba­mos a em­pa­ti­zar (a ve­ces), pe­ro na­die qui­so ja­más a es­ta tro­pa de pre­sun­tuo­sos. • No en­ten­de­mos có­mo de­mo­nios emi­tie­ron sus 134 epi­so­dios en la te­le­vi­sión pú­bli­ca. Hér­cu­les, su ori­gen, tam­bién era te­rri­ble.

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