PLA­NE­TA POP

Los cam­bios en la dis­tri­bu­ción y el con­su­mo de las mar­cas de mo­da han alum­bra­do nue­vos per­fi­les de com­pra­do­res. ¿Qué tri­bu es la tu­ya?

GQ (Spain) - - SUMARIO -

Las nue­vas tri­bus

(com­pra­do­ras) de la mi­lla de oro.

1. 'EARLY ADOPTER' To­do lo quie­ren y to­do lo com­pran an­tes que na­die. Pe­ro con cri­te­rio.

Fí­ja­te en Tra­vis Scott: vis­te abri­go de Coach, ca­mi­se­ta de Su­pre­me, pan­ta­lón de Cham­pion pa­ra Ve­te­ments y ma­le­tín y san­da­lias de Louis Vuit­ton. Si to­da­vía no te ha ex­plo­ta­do la ca­be­za, sig­ni­fi­ca que tú eres uno de ellos, un hy­pe beast de ma­nual. Es­tos su­je­tos vi­ven pe­ga­dos a las no­ti­fi­ca­cio­nes de la app Sneakrs y man­tie­nen una re­la­ción pri­vi­le­gia­da con las mar­cas más pun­te­ras. Tie­nen tan­ta per­so­na­li­dad y tan po­cos pre­jui­cios que, se pon­gan lo que se pon­gan, nun­ca me­ten la pa­ta –y si la me­ten su error sue­le con­ver­tir­se en nor­ma–.

2. HI­JO DE GATSBY No se vis­ten, a ellos los vis­ten. Es­tos mo­rros fi­nos son adic­tos a los sas­tres.

Tie­nen un sex­to sen­ti­do pa­ra de­tec­tar una fal­si­fi­ca­ción, un te­ji­do ba­ra­to o una pe­lu­si­ta en el hom­bro ajeno. Y lo peor de to­do es que mu­chos de ellos no se ca­llan. Por su gus­to y su pre­sen­cia los re­co­no­ce­rás. Son los si­ba­ri­tas, esos con­nois­seurs de la mo­da que via­jan a Pit­ti al me­nos una vez en la vi­da, co­mo quien pe­re­gri­na a la Me­ca. Vis­ten a me­di­da y siem­pre con me­di­da, pe­ro a me­nu­do se per­mi­ten cier­tas li­cen­cias que só­lo ti­pos co­mo Alasd­hair Wi­llis (en la ima­gen), Jack Schloss­berg o Car­lo Sou­za son ca­pa­ces de de­fen­der.

3. PA­PÁ 'COOL' Las obli­ga­cio­nes no son una ex­cu­sa pa­ra ellos. Si­guen en la bre­cha.

A pe­sar de sus res­pon­sa­bi­li­da­des fa­mi­lia­res, si­guen con­si­de­ran­do su as­pec­to una cues­tión prio­ri­ta­ria. Eso sí, sin ob­se­sio­nar­se. Su ma­ne­ra de com­prar es cier­ta­men­te or­gá­ni­ca: se fían de lo que leen en las re­vis­tas y son fie­les a sus mar­cas de ca­be­ce­ra. Ge­ne­ral­men­te renuevan su ar­ma­rio una vez por tem­po­ra­da. David Beck­ham, Liev Schrei­ber o Hugh Jack­man sim­bo­li­zan es­te in­te­rés sano por que­rer ser un po­qui­to me­jo­res sin as­pi­rar a ser los me­jo­res. En con­se­cuen­cia, sus hi­jos sue­len evo­lu­cio­nar bien.

4. NUE­VO RI­CO Ca­re­cen de gus­to, pe­ro es­tán fo­rra­dos de pas­ta. Les fli­pan los ac­ce­so­rios.

Ay, dio­si­to. Sue­len ser los me­jo­res en sus pro­fe­sio­nes, lo que les lle­va a ex­tra­po­lar su al­tí­si­ma au­to­es­ti­ma a otros ám­bi­tos. Por ejem­plo, a la mo­da. Y siem­pre, siem­pre aca­ban es­to­zán­do­se sin pie­dad. Com­bi­nan mar­cas sin ton ni son, odian los con­se­jos y siem­pre lle­gan mal y tar­de a las ten­den­cias. Les en­can­ta de­jar­se el suel­do en tien­das de lu­jo y pre­su­men de sus cri­mi­na­les shop­pings en Ins­ta­gram. Los dis­tin­gui­rás por ser ge­nios del ba­lón, los co­ches o los te­ma­zos más pe­ga­di­zos.así no, Ney­mar.

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