“Los cas­ti­gos eran muy ha­bi­tua­les”

Historia de Iberia Vieja - - HISTORIA CONTEMPORÁNEA - ”ES­TU­VE EN 1969.

Al­guien le ven­dió a mi ma­dre que aque­llo era co­mo una co­lo­nia. Los cas­ti­gos eran muy ha­bi­tua­les, so­bre to­do si te ha­cías pis en la ca­ma. Una vez me die­ron con una per­cha en la ca­ra. Me de­ja­ron mar­ca­da. Es­ta­ba ate­rro­ri­za­da, pe­ro a mis pa­dres les di­je­ron que me ha­bía caí­do. Una vez nos tra­je­ron a una ni­ña des­nu­da, mo­re­na y muy del­ga­da. Nos obli­ga­ron a in­sul­tar­la. Ella co­rría con una ve­la que­mán­do­le el cu­le­te. La pri­me­ra vez que vi un do­cu­men­tal so­bre Ausch­witz me vi trans­por­ta­da allí”, di­ce Blan­ca Ro­me­ro, una de las víc­ti­mas del preventorio de Gua­da­rra­ma. Aún es muy jo­ven; tie­ne 51 años.To­da­vía sien­te ver­güen­za cuan­do lo cuen­ta.Y es que esa es la di­fe­ren­cia con los cam­pos de tra­ba­jo de los na­zis: los que es­ta­ban allí se sa­bían pre­sos, pe­ro aquí, quie­nes iban a los pre­ven­to­rios lo ha­cían con­ven­ci­dos de que se tras­la­da­ban a un pa­raí­so. “Ha­ce cua­tro años me per­dí en el co­che y to­pé con el preventorio. Vol­ví a re­cor­dar... No lo su­pe­ré”, re­la­ta Ma­rián Ale­jan­dre. Na­die sa­bía lo que pa­sa­ba allí: “Me cos­tó per­do­nar a mi ma­dre, por­que siem­pre sen­tí que se des­preo­cu­pó por de­jar­me en un si­tio tan te­rri­ble”, la­men­ta.Y es que no nos te­ne­mos que ol­vi­dar de que cuan­do se pa­sea por la ca­lle el ros­tro que te­ne­mos de­lan­te igual es el de una per­so­na que es­tu­vo en ese in­fierno.Y quie­re gri­tar­lo.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.