Entrevista con... Fer­nan­do Rueda

El hom­bre que des­ve­ló las ac­tua­cio­nes se­cre­tas de los es­pías es­pa­ño­les y cau­só un te­rre­mo­to que to­da­vía hoy ha­ce que la tie­rra tiem­ble

Historia de Iberia Vieja - - SUMARIO - BRUNO CAR­DE­ÑO­SA

Cuan­do ha­ce ca­si diez años me tu­ve que ha­cer con la di­rec­ción del pro­gra­ma La ro­sa de los vien­tos de On­da Ce­ro tu­ve que en­fren­tar mu­chas am­bi­cio­nes y ce­los. Una de las per­so­nas de mi en­torno que ja­más me trai­cio­nó fue Fer­nan­do Rueda. Era un re­to y un ho­nor com­par­tir tiem­po y amis­tad con un maes­tro de pe­rio­dis­tas co­mo es él y que ha traí­do al pro­gra­ma ex­tra­or­di­na­rias ex­clu­si­vas. Gran par­te de lo que so­mos se lo de­be­mos a él, que se hi­zo co­no­ci­do y res­pe­ta­do cuan­do en 1993 pu­bli­có el li­bro La Ca­sa, el pri­me­ro en el que des­tri­pa­ba lo que ocu­rría en el in­te­rior del prin­ci­pal cen­tro de po­der e In­te­li­gen­cia de Es­pa­ña. Aquel li­bro rom­pió es­que­mas. Era pe­rio­dis­mo pu­ro. Es­tu­vo ca­si un año co­mo el más leí­do de Es­pa­ña… Y aho­ra cuen­ta tam­bién sus in­ves­ti­ga­cio­nes en nues­tra re­vis­ta y las com­par­te con nuestros lectores”

Aho­ra se cum­plen 40 años de la crea­ción del ser­vi­cio se­cre­to es­pa­ñol. Y apro­ve­chan­do ese mo­men­to his­tó­ri­co en la Tran­si­ción se va a efec­tuar una edi­ción con­me­mo­ra­ra­ti­va de ese tra­ba­jo. Des­de La Ca­sa (Te­mas de Hoy) has­ta El do­sier del Rey (Ro­ca editorial), la vein­te­na de tra­ba­jos que ha rea­li­za­do exu­dan in­ves­ti­ga­ción y pe­rio­dis­mo. Apro­ve­chan­do ese mo­men­to, he con­ver­sa­do con él, un re­ga­lo que ha­ce la vi­da y la pro­fe­sión. Se edi­ta aho­ra La Ca­sa (Ro­ca editorial) en una edi­ción que con­me­mo­ra los 25 años de su pu­bli­ca­ción.

Fue un ejer­ci­cio de in­ves­ti­ga­ción pu­ra… P

No en­tien­do el pe­rio­dis­mo de R in­ves­ti­ga­ción si no es con el ob­je­ti­vo de con­tro­lar al po­der. Mu­chas ve­ces se di­ce “he he­cho una in­ves­ti­ga­ción” cuan­do en reali­dad lo que se ha he­cho es “pe­rio­dis­mo de fil­tra­ción”. Yo si­go cre­yen­do en el pe­rio­dis­mo de in­ves­ti­ga­ción, el bueno, que es el que se hi­zo en los años 80 y 90, que era un re­por­te­ris­mo en el cual el pe­rio­dis­ta se en­fren­ta­ba al go­bierno y te­nía co­mo ob­je­ti­vo sa­car a la luz aque­llo que no fun­cio­na­ba bien. Es­toy a fa­vor de la de­mo­cra­cia, que es, al me­nos, el me­jor de los peo­res sis­te­mas, por­que es un sis­te­ma que per­mi­te a la pren­sa ac­tuar con cier­ta li­ber­tad. Aho­ra se es­tán unien­do mu­chos gru­pos me­diá­ti­cos, pe­ro pa­ra que el con­trol del po­der se pue­da ejer­cer tam­bién de­be ha­ber mu­chos gru­pos de esos. Y hay otra ca­rac­te­rís­ti­ca im­por­tan­tan­te: no creo en el pe­rio­dis­mo que se ca­sa con el po­der y con al­gu­nos po­lí­ti­cos, por­que eso tam­bién es­tá ocu­rrien­do mu­cho aho­ra.

P Da la sen­sa­ción de que en ese cam­bio el pe­rio­dis­ta se ha mez­cla­do de­ma­sia­do con la em­pre­sa pe­rio­dís­ti­ca.

Los pe­rio­dis­tas res­pe­tan mu­cho a las R em­pre­sas pa­ra las que tra­ba­jan, pe­ro eso ha pro­vo­ca­do que al­gu­nos pe­rio­dis­tas es­tén más vin­cu­la­dos a los po­de­res po­lí­ti­cos. Cuan­do sa­lió La Ca­sa fue una P re­vo­lu­ción, es­pe­cial­men­te ahí den­tro, en La Ca­sa, por­que alguien, tú en es­te ca­so, ha­bía en­tra­do y ha­bías des­nu­da­do su in­te­rior.

“Yo si­go cre­yen­do en el pe­rio­dis­mo de in­ves­ti­ga­ción, en el que el pe­rio­dis­ta se en­fren­ta­ba al go­bierno y te­nía co­mo ob­je­ti­vo sa­car a la luz aque­llo que no fun­cio­na­ba bien”

“Uno de los abo­ga­dos lle­va­ba el li­bro lleno de mar­cas: me de­cía que ha­bía en­con­tra­do 1.216 vul­ne­ra­cio­nes de la Ley de Se­cre­tos Ofi­cia­les, y re­co­men­da­ba cam­biar­las”

Es­toy muy or­gu­llo­so de aque­llo. En R Es­pa­ña na­die ha­bía pu­bli­ca­do un li­bro y una in­ves­ti­ga­ción so­bre la que es la ins­ti­tu­ción más ocul­ta que exis­te en nues­tro país. Des­ve­la­ba có­mo eran, qué ha­cían, etc. Eso per­mi­tió sa­car a la luz to­dos los tra­pos su­cios, pe­ro in­vi­tó a mu­chos in­ves­ti­ga­do­res a pro­fun­di­zar en ese ti­po de pe­rio­dis­mo y ejer­cer su la­bor. Re­cuer­do que en un Cor­te In­glés cer­cano a don­de se en­cuen­tra la se­de del CESID, el li­bro se ago­tó la mis­ma ma­ña­na en la que sa­lió pu­bli­ca­do. Y se ago­tó por­que alguien de La Ca­sa com­pró 20 ejem­pla­res… ¿Por qué? Por­que hu­bo cier­ta convulsión den­tro y tu­vie­ron la creen­cia de que se les aca­bó el os­cu­ran­tis­mo.

HA­CE MÁS EL QUE QUIE­RE QUE EL QUE PUE­DE

En el mun­do del pe­rio­dis­mo P exis­tía cier­to mie­do a to­car a es­ta ins­ti­tu­ción, pe­ro tú te atre­vis­te.

Fue un atre­vi­mien­to sa­car­lo en una R épo­ca en la que ape­nas se co­no­cía na­da de es­te asun­to. La edi­to­ra de la editorial que lo pu­bli­có, Te­mas de Hoy, Imel­da Na­va­jo, di­jo que te­nía­mos que man­te­ner el se­cre­to so­bre la pu­bli­ca­ción pa­ra evi­tar que con la ex­cu­sa de la ley de se­cre­tos ofi­cia­les se lo­gra­ra im­pe­dir la sa­li­da del li­bro, pe­ro afor­tu­na­da­men­te lo­gra­mos sa­car­lo ade­lan­te, aun­que lo pri­me­ro que hi­zo Imel­da en cuan­to en­tre­gué el ma­nus­cri­to fue en­tre­gár­se­lo a los abo­ga­dos del gru­po Pla­ne­ta pa­ra que lo le­ye­ran. Des­pués nos reuni­mos no­so­tros con los dos abo­ga­dos. Uno de ellos lle­va­ba el li­bro lleno de mar­cas: me de­cía que ha­bía en­con­tra­do 1.216 vul­ne­ra­cio­nes de la Ley de Se­cre­tos Ofi­cia­les. Ellos re­co­men­da­ban cam­biar ca­da una de esas co­sas, in­clu­so, aun­que no lo di­je­ron, ca­si se­ña­lan que re­co­men­da­ban no sa­car el li­bro, pe­ro cam­bia­mos só­lo tres co­sas y cuan­do el li­bro se pu­bli­có no hu­bo ni un só­lo pro­ble­ma.

¿Se ha acer­ca­do alguien en P nom­bre del CNI o de al­gún cuer­po de se­gu­ri­dad pa­ra in­ten­tar cap­tar­te o dar­te al­gún to­que de aten­ción?

Sí. Re­cuer­do un ami­go, que ha es­ta­do R den­tro y cu­yo nom­bre no he da­do nun­ca, que me pi­dió que es­cri­bie­ra ar­tícu­los con in­for­ma­ción que ellos me pa­sa­rían y que les vi­nie­ra bien. Evi­den­te­men­te,

“El CESID fue uno de los or­ga­ni­za­do­res del 23F, no exac­ta­men­te el CESID pe­ro sí al­guno de sus man­dos. Y nin­guno sa­lió con­de­na­do”

no lo hi­ce. Igual­men­te, cuan­do es­tu­ve in­ves­ti­gan­do a Pe­ro­te con­si­de­ra­ron que yo es­ta­ba pa­san­do in­for­ma­ción o que te­nía al­gún tra­to con él. Si da­ba aque­llo, me ofre­cían lo que qui­sie­ra…

Aho­ra se cum­plen 40 años de la P crea­ción de La Ca­sa, una ins­ti­tu­ción que es hi­ja de la Tran­si­ción.

Se de­ci­dió ha­cer des­apa­re­cer lo que R exis­tía an­tes y crear un so­lo ser­vi­cio se­cre­to, pe­ro du­ran­te los pri­me­ros años fue bá­si­ca­men­te mi­li­tar y con­tro­la­do por ellos. No se pue­de ol­vi­dar que fue un ser­vi­cio que par­ti­ci­pó ac­ti­va­men­te en el gol­pe de Es­ta­do, que es­tu­vo vin­cu­la­do a los GAL, al es­pio­na­je ma­si­vo… Aho­ra se van co­no­cien­do co­sas. Lo que ha­ce fal­ta es una ley de de­cla­si­fi­ca­ción y va­len­tía por par­te de la cla­se po­lí­ti­ca pa­ra cam­biar una le­gis­la­ción an­ti­cua­da. De una for­ma u otra la In­te­li­gen­cia P siem­pre ha exis­ti­do. Co­mo Fran­co no se fia­ba de na­die, pre­fe­ría R te­ner va­rios ser­vi­cios se­cre­tos dis­tin­tos pa­ra

te­ner di­ver­sas fuen­tes de in­for­ma­ción y que no le cau­sa­ran problemas. Lue­go sí creó al­go que pre­ten­día ser más se­rio y uni­fi­ca­do, que es el Or­ga­ni­za­ción Con­tra­su­bver­si­va Na­cio­nal.

¿Hu­bo al­gún ti­po de in­fluen­cia de P esos an­ti­guos ser­vi­cios se­cre­tos en los pos­te­rio­res, en los que se crean en de­mo­cra­cia?

Cla­ro, son ellos los que crean el CESID R y los que en esos pri­me­ros años con­tro­lan la or­ga­ni­za­ción, a la que in­clu­so la lle­van a es­tar en el 23F. Una de las co­sas que se ha­cen des­pués es aban­do­nar los mi­li­ta­res el ser­vi­cio.

DE LATRANSICIÓN AL 23F

Con lo que di­ces, ¿crees que el P CESID tu­vo al­gu­na in­fluen­cia en el Gol­pe de Es­ta­do del 23F?

El CESID es uno de los or­ga­ni­za­do­res, R no exac­ta­men­te el CESID pe­ro sí al­guno de sus man­dos. Es­tá cla­ro que hu­bo una par­ti­ci­pa­ción di­rec­ta de la Uni­dad Ope­ra­ti­va del co­man­tan­te Cor­ti­na, que es­tu­vo en con­ver­sa­cio­nes con Te­je­ro, con Ar­ma­da, con el em­ba­ja­dor de Es­ta­dos Uni­dos… ¿No hu­bo na­die con­de­na­do? No

“La CIA vi­gi­ló la Tran­si­ción: ellos de­ci­die­ron la le­ga­li­za­ción de los co­mu­nis­tas, que el PSOE fue­ra la fuer­za im­por­tan­te de la iz­quier­da…”

lo hu­bo por­que el pro­pio CESID no dio las prue­bas… Pe­ro sí, el ser­vi­cio se­cre­to es­tu­vo de­trás del 23F.

P Ellos es­cri­bie­ron par­te de los epi­so­dios de la Tran­si­ción, pe­ro que se­pa­mos al­gu­nos no quie­re de­cir que los se­pa­mos to­dos.

R Es­ta­ban en la clan­des­ti­ni­dad y has­ta en­ton­ces vi­vie­ron tran­qui­los. Es­tu­vie­ron con­tro­lan­do la Tran­si­ción, y no só­lo eso, sino que con­tro­la­ron los pri­me­ros pa­sos que es­ta­ba dan­do la de­mo­cra­cia. Re­cuer­do que hu­bo un mo­men­to en el que los dos lí­de­res po­lí­ti­cos más im­por­tan­tes del mo­men­to, Adolfo Suá­rez, pre­si­den­te del go­bierno, y Fe­li­pe González, pre­si­den­te del prin­ci­pal par­ti­do de la opo­si­ción, es­ta­ban en­fren­ta­dos, no se ha­bla­ban... Y el que fue a ver Fe­li­pe a pe­dir­le que sua­vi­za­ra su pos­tu­ra ha­cia Suá­rez fue An­drés Ca­si­ne­llo, que era el que lle­va­ba los ser­vi­cios se­cre­tos.

En la in­ves­ti­ga­ción de ese li­bro P te sen­tas­te con mu­chos es­pías, los co­no­cis­te, los tra­tas­te… ¡Eso era la pri­me­ra vez que ocu­rría!

Esa es la par­te más bo­ni­ta de to­do R el tra­ba­jo, aun­que fue la par­te más com­pli­ca­da. En mu­chos casos es di­fí­cil ha­blar con ellos por­que se de­ben a una obe­dien­cia y si ha­blan in­clu­so los pue­den me­ter en la cár­cel. Tam­bién cuan­do de­jan el ser­vi­cio, por­que ese com­pro­mi­so les ata de por vi­da. En­ton­ces me acos­tum­bré a man­te­ner reunio­nes clan­des­ti­nas, a ir a ci­tas en las que de­bía sa­ber quién me es­ta­ba mi­ra­do pa­ra sa­ber quién era la per­so­na con la que ha­bía que­da­do… Así em­pe­cé a co­no­cer ese la­do de los es­pías, por un la­do hu­mano pe­ro por otro tur­bio.

Se ha ha­bla­do mu­cho de cuá­les P fue­ron las in­fluen­cias de los es­pías es­pa­ño­les. Se ha ha­bla­do mu­cho de los es­pías del Mo­sad…

Ellos se cria­ron con la CIA ame­ri­ca­na, R que ha si­do el ser­vi­cio que aquí ha te­ni­do fuer­za, que ha co­lo­ni­za­do Es­pa­ña… Lo que pa­sa es que pa­ra de­ter­mi­na­dos asun­tos téc­ni­cos y ope­ra­ti­vos el Mo­sad siem­pre ha ven­di­do sus fa­vo­res. Por ejem­plo, la pri­me­ra má­qui­na de la ver­dad que tu­vo Es­pa­ña fue fa­bri­ca­da allí y un agen­te se­cre­to del CESID fue has­ta Is­rael pa­ra es­tu­diar­la y com­prar­la. Ade­más, en los gru­pos ope­ra­ti­vos hu­bo al­gún agen­te que era de Is­rael, pe­ro a lo lar­go de su his­to­ria y has­ta el día de hoy lo que de­ter­mi­na to­do es la CIA, que vi­gi­ló la Tran­si­ción. Ellos son los que de­ci­den que es­tén los co­mu­nis­tas le­ga­li­za­dos, que el PSOE sea la fuer­za im­por­tan­te de la iz­quier­da… Ellos son los que van im­pi­dien­do que la Igle­sia sea tan re­bel­de en los úli­mos años del fran­quis­mo. ¿Y es­ta­mos más cer­ca de la CIA o de P la TIA de Mor­ta­de­lo y Fi­le­món?

Cuan­do el CESID pa­sa a ser CNI se R pro­du­ce una am­plia­ción en la cua­li­fi­ca­ción téc­ni­ca. No es­ta­mos al ni­vel de los prin­ci­pa­les, pe­ro es­ta­mos muy cer­ca. Eso sí, a ellos les en­can­ta que se di­ga que es­ta­mos cer­ca de la TIA de Mor­ta­de­lo y Fi­le­món por­que así pa­san des­aper­ci­bi­dos. Hay prue­bas de mu­chas co­sas, pe­ro… P A la gen­te le cues­ta creer­las. Las co­sas R que se han pu­bli­ca­do aquí, si se pu­bli­can

en EE.UU… Aquí el ser­vi­cio se­cre­to se li­mi­ta a des­men­tir to­do. ¿Cuá­les son los gran­des enemi­gos P in­ter­nos y ex­ter­nos de los es­pías?

El prin­ci­pal enemi­go es, R fun­da­men­tal­men­te, el te­rro­ris­mo is­lá­mi­co. Fue­ra es Ru­sia, o Ma­rrue­cos. Y den­tro son al­gu­nas ma­fias, los agen­tes que quie­ren sa­car in­for­ma­ción a las em­pre­sas. Y aña­di­ría uno que es el es­pio­na­je den­tro de la po­lí­ti­ca, por­que aun­que no pue­dan en­trar en ese te­ma, con mu­cha dis­cre­ción con­si­guen in­for­ma­ción. ¿Y los pe­rio­dis­tas? P

¡Siem­pre! Siem­pre quie­ren sa­ber si se R dis­po­ne de al­gu­na in­for­ma­ción que pue­da ha­cer da­ño a sus in­tere­ses y a lo que ellos de­fien­den, lo que les ha obli­ga­do a uti­li­zar me­dios muy im­por­tan­tes pa­ra fre­nar eso en la me­di­da de lo posible.

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