Un co­me­di­do re­le­vo

ASÍ FUE CO­MO TEN­DRÍA LU­GAR EN LA EDI­CIÓN DE LON­DRES UN NUE­VO CO­MIEN­ZO EN LA POS­GUE­RRA

Historia y Vida - - DOSSIER -

se re­to­ma­ron do­ce años des­pués de los de Berlín, en 1948. Fue en Lon­dres (aba­jo). La ciu­dad ha­bía si­do de­sig­na­da en 1939 co­mo se­de de los jue­gos de 1944. Pe­ro, co­mo ocu­rrió con la edi­ción de 1940 que se iba a ce­le­brar en Hel­sin­ki (sus­ti­tu­yen­do a To­kio, que re­nun­ció en 1937 a raíz del con­flic­to bé­li­co sino-ja­po­nés), se can­ce­ló por la gue­rra. El COI de­ci­dió man­te­ner las dos se­des: Lon­dres pa­ra la si­guien­te edi­ción y Hel­sin­ki pa­ra 1952.

LOS JJ. OO.

es­tu­vo en con­so­nan­cia con el am­bien­te de­pri­mi­do de pos­gue­rra. Fue­ron co­no­ci­dos co­mo “los

LA XIV OLIM­PIA­DA Su­ma de no­ve­da­des

La Olim­pia­da de Berlín so­bre­sa­lió tam­bién por la re­le­van­cia y el al­can­ce de sus in­no­va­cio­nes. Fue la pri­me­ra vez que los jue­gos se trans­mi­tie­ron por te­le­vi­sión. Se hi­zo de ma­ne­ra ex­pe­ri­men­tal, en cir­cui­to ce­rra­do. Se­gún las cró­ni­cas, la ca­li­dad de la ima­gen no era muy bue­na, pe­ro aun así se pu­die­ron ver 70 ho­ras de tras­mi­sio­nes en una vein­te­na de re­cep­to­res ubi­ca­dos en Berlín, Pots­dam y Leip­zig. Tam­bién fue la pri­me­ra vez que se fil­mó un lar­go­me­tra­je so­bre el even­to. Pa­ra el do­cu­men­tal rea­li­za­do por Le­ni Rie­fens­tahl, una su­per­pro­duc­ción de casi cua­tro ho­ras de du­ra­ción, la di­rec- jue­gos de la aus­te­ri­dad”. No se cons­tru­ye­ron nue­vas in­fra­es­truc­tu­ras. El vie­jo es­ta­dio de Wem­bley fue ha­bi­li­ta­do co­mo co­li­seo olím­pi­co, la Em­pi­re Pool (ac­tual Wem­bley Are­na) y el Tá­me­sis se uti­li­za­ron pa­ra las prue­bas acuá­ti­cas, y las ins­ta­la­cio­nes mi­li­ta­res y los co­le­gios ma­yo­res se acon­di­cio­na­ron co­mo vi­lla olímpica. Las de­le­ga­cio­nes tra­je­ron su pro­pia co­mi­da y por pri­me­ra vez par­ti­ci­pa­ron tra­ba­ja­do­res vo­lun­ta­rios. Fue­ron, en to­do ca­so, unos jue­gos car­ga­dos de emo­ti­vi­dad, un nue­vo co­mien­zo que su­pu­so un ro­tun­do éxi­to de par­ti­ci­pa­ción: 4.104 atle­tas de 59 paí­ses. Ale­ma­nia y Ja­pón no fue­ron in­vi­ta­dos. to­ra con­tó con un equi­po de 33 ca­ma­ró­gra­fos y una gran can­ti­dad de re­cur­sos téc­ni­cos. El re­sul­ta­do fue una obra lle­na de asom­bro­sos ha­llaz­gos vi­sua­les que tu­vie­ron una gran in­fluen­cia pos­te­rior. Otra no­ve­dad de es­tos jue­gos tie­ne que ver con el pro­to­co­lo de en­tre­ga de me­da­llas. Los ga­na­do­res, ade­más de la co­rres­pon­dien­te me­da­lla (den­tro de una ca­ja, no col­ga­da al cue­llo co­mo se ha­rá pos­te­rior­men­te), re­ci­bían tam­bién una co­ro­na olímpica (cu­yo di­se­ño, abier­to en la par­te fron­tal, se ins­pi­ra­ba en las que se en­tre­ga­ban a los ven­ce­do­res de las ca­rre­ras de cua­dri­gas en la an­ti­gua Ro­ma) y una ma- ce­ta con un pe­que­ño ro­ble, co­mo sím­bo­lo de la hos­pi­ta­li­dad ger­ma­na. Con res­pec­to a las com­pe­ti­cio­nes de­por­ti­vas, las apor­ta­cio­nes tam­bién fue­ron muy des­ta­ca­das. La pre­ci­sión en la me­di­ción de las prue­bas se me­jo­ró no­ta­ble­men­te gra­cias a la uti­li­za­ción de un ma­yor nú­me­ro de cronómetros eléc­tri­cos y al per­fec­cio­na­mien­to del sis­te­ma de la fo­to fi­nish, que ha­bía si­do in­cor­po­ra­do por pri­me­ra vez en la an­te­rior Olim­pia­da de Los Án­ge­les. En natación, una de las no­ve­da­des más lla­ma­ti­vas fue la ins­ta­la­ción de pla­ta­for­mas pa­ra zam­bu­llir­se des­de ellas, y no des­de el bor­de de la pis­ci­na, co­mo se ha­cía has­ta

SE GA­NÓ EN PRE­CI­SIÓN EN LA ME­DI­CIÓN DE LAS PRUE­BAS POR EL USO DE MÁS CRONÓMETROS Y LA ME­JO­RA DEL FO­TO FI­NISH

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