«El sen­ti­do de la vida se en­cuen­tra en su sin­sen­ti­do »

En­tre­vis­ta a Xavier Guix, por Fran­cesc Miralles

Integral - - Correo Del Sol -

En­ton­ces, ¿ se­ría la con­sul­ta otra es­pe­cie de tea­tro?

El tea­tro fue una re­pre­sen­ta­ción sim­bó­li­ca de mi vo­ca­ción, o del sen­ti­do que da a mi vida ha­cer co­sas fren­te y con los de­más. Y no es tan­to una exhibición, co­mo una re­pre­sen­ta­ción y trans­mi­sión, por­que al fi­nal es una cues­tión de que estás aquí pa­ra ha­cer de ca­nal, pa­ra ex­pre­sar y ex­pli­car co­sas.

Pe­ro cuan­do tú en­tras­te en el mun­do del tea­tro, no sa­bías que ter­mi­na­rías ejer­cien­do de te­ra­peu­ta. En aquél mo­men­to as­pi­ra­bas a ser ac­tor, por­que leí que par­ti­ci­pas­te in­clu­so en el ‘ Un, dos, tres’.

Sí, éra­mos ‘ Guix y Mur­ga’, una pa­re­ja ar­tís­ti­ca, y ha­cía­mos co­me­dias y mon­ta­jes, co­mo el Boing Boing, con el que es­tu­vi­mos cua­tro años en car­tel. Era una co­me­dia de en­re­dos, qui­zá la me­jor es­cri­ta de es­te gé­ne­ro, de Marc Ca­mo­let­ti, un vo­de­vil de puer­tas que se abren y cie­rran, gen­te que sa­le por aquí y en­tra por allá… Es­ta obra tam­bién se lle­vó al ci­ne con Tony Cur­tis y Jerry Le­wis.

¿ Por qué, ga­nán­do­te bien la vida co­mo ac­tor, te in­tere­sas­te por la psi­co­lo­gía y te pu­sis­te a es­tu­diar?

En el año 93, des­pués de los Juegos Olímpicos, con la cri­sis de­jé de te­ner «bo­los». En la te­le y en la ra­dio ya no me con­tra­ta­ban. De ma­ne­ra que, a los 33 años, me en­con­tré de pron­to de pa­ti­tas en la ca­lle. Has­ta que en­con­tré un tra­ba­jo en el ayun­ta­mien­to de mi pue­blo co­mo téc­ni­co de cul­tu­ra, y la ver­dad es que po­dría ha­ber­me que­da­do allí, por­que me da­ban la pla­za, pe­ro no la co­gí por­que no que­ría ser fun­cio­na­rio. Du­ran­te ese tiem­po, me di cuen­ta de que ha­bía de­ja­do de la­do al­go que, cuan­do era jo­ven, me ha­bía lla­ma­do mu­cho la aten­ción: la psi­co­lo­gía. Y aquí es cuan­do to­mé la de­ci­sión de es­tu­diar.

De las dis­tin­tas ra­mas y es­cue­las de la psi­co­lo­gía, ¿ cuál te lla­mó la aten­ción co­mo vía pa­ra des­pués desa­rro­llar­lo?

Nin­gu­na en con­cre­to. Mien­tras es­ta­ba cur­san­do la ca­rre­ra, me in­tro­du­je en la Pro­gra­ma­ción Neu­ro­lin­güís­ti­ca, que aca­ba­ba de ate­rri­zar aquí, y ade­más co­no­cí a Oriol Pu­jol Bo­ro­tau, maes­tro tam­bién de Fe­rrán Ra­món-Cor­tés. Oriol era un je­sui­ta que se fue a la In­dia con Vi­cen­te Fe­rrer. Ellos fue­ron a evan­ge­li­zar y, cuan­do lle­ga­ron a la In­dia, se en­con­tra­ron con un mun­do que los evan­ge­li­zó a ellos, y les cam­bió ab­so­lu­ta­men­te la vida. Por es­ta ra­zón aban­do­nó la or­den, se ca­só con una in­dia. Hoy en día es­tá en­te­rra­do en

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