El porno ya no es lo que era

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El ne­go­cio in­mo­bi­lia­rio es el más im­pla­ca­ble chi­va­to de los tiem­pos. Ejem­plo: un gi­gan­te lo­cal que hay cerca de Tir­so de Molina, en Ma­drid. Du­ran­te la Se­gun­da Re­pú­bli­ca alo­jó un pe­rió­di­co, El Im­par­cial.

Más tar­de, par­te del so­lar al­ber­gó uno de los úl­ti­mos ci­nes porno de la ca­pi­tal y aho­ra que to­do el mun­do di­ce que pa­ra arras­trar a la gen­te al ci­ne hay que ofre­cer al­go más que pe­lí­cu­las el es­pa­cio se lla­ma Sa­la Equis y ac­túa co­mo res­tau­ran­te y sa­la de pro­yec­cio­nes de­di­ca­da a ci­clos te­má­ti­cos, por ejem­plo, so­bre Mo­rri­co­ne o en torno al ci­ne den­tro del ci­ne (foto de Lucía M).

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