Y us­ted, ¿qué pien­sa de la cri­sis?

Víc­tor Pérez-Díaz mues­tra una so­cie­dad preo­cu­pa­da pe­ro me­nos an­gus­tia­da que otros paí­ses

La Vanguardia - Dinero - - LIBROS - ALER­TA Y DES­CON­FIA­DA. LA SO­CIE­DAD ES­PA­ÑO­LA AN­TE LA CRI­SIS Jus­to Barranco

Sa­be­mos lo que opi­nan to­do ti­po de ex­per­tos so­bre la cri­sis. Y sus vi­sio­nes no son pre­ci­sa­men­te con­so­nan­tes. Su ideo­lo­gía re­sul­ta de­ci­si­va a la ho­ra de es­ta­ble­cer los orí­ge­nes de la Gran Re­ce­sión ac­tual: pa­ra unos, to­da la cul­pa es del sec­tor fi­nan­cie­ro, que, di­cen, ne­ce­si­ta una re­gu­la­ción más se­ve­ra; pa­ra otros, en cam­bio, fue una ma­la re­gu­la­ción la que pro­pi­ció el pro­ble­ma. En cuan­to a las pers­pec­ti­vas de fu­tu­ro, el acuer­do es es­ca­so. Pe­ro, ¿qué pien­sa la po­bla­ción de es­ta cri­sis? ¿Qué sa­be real­men­te? ¿En­tien­de en qué con­sis­ten las di­fi­cul­ta­des de fi­nan­cia­ción en los mer­ca­dos glo­ba­les? ¿A quién ve res­pon­sa­ble de los pro­ble­mas? Y, ¿cuán­do cree que aca­ba­rán?

La so­cie­dad es­pa­ño­la, di­cen Víc­tor Pérez-Díaz y Juan Car­los Ro­drí­guez en Aler­ta y des­con­fia­da –un li­bro na­ci­do de los da­tos de dos gran­des en­cues­tas rea­li­za­das en 2009 y 2010 pa­ra co­no­cer las pers­pec­ti­vas de la ciu­da­da­nía so­bre la cri­sis y sus ac­to­res–. es­tá con­fu­sa y cree que lle­va un rum­bo equivocado –o que lo ha per­di­do–, sa­be que las co­sas se­rán di­fí­ci­les du­ran­te tiem­po, pe­ro, sin em­bar­go, no se sien­te en un tran­ce de­ma­sia- do dra­má­ti­co. Se preo­cu­pa, pe­ro se an­gus­tia me­nos que en paí­ses a los que no les va tan mal.

Qui­zá, di­cen los au­to­res, por­que to­da­vía no se han al­can­za­do en tér­mi­nos de em­pleo y paro re­la­ti­vos las si­mas de la cri­sis de los 90, me­nos aún en el ca­so de los es­pa­ño­les que en el de los emi­gran­tes, gra­cias so­bre to­do a la ma­yor ocu­pa­ción fe­me­ni­na. Só­lo en el ca­so de los va­ro­nes es­pa­ño­les de en­tre 50 y 54 años la si­tua­ción es peor que en 1994. Así que la gen­te

¿POR QUÉ HAY ME­NOS AN­GUS­TIA?

pien­sa que los jó­ve­nes, que su­fren con fuer­za el des­em­pleo, atra­ve­sa­rán la cri­sis con la ayu­da de las fa­mi­lias y del Es­ta­do de bie­nes­tar, co­mo en los 80 y 90. Creen que par­te de los in­mi­gran­tes vol­ve­rán a sus paí­ses, a otros los ayu­da­rán alle­ga­dos y otros se irán a la eco­no­mía su­mer­gi­da. Y, por úl­ti­mo, da­da la ex­pe­rien­cia pa­sa­da, que “las co­sas al fi­nal se re­sol­ve­rán”. Aun­que no se se­pa có­mo. To­do eso ha­ce que la so­cie­dad se si­túe en una si­tua­ción de es­pe­ra más que de cam­bio ac­ti­vo.

Y eso que un 37,8% de los en- cues­ta­dos creen que la cri­sis du­ra­rá más de cin­co años. Cla­ro que hay que sa­ber que un 29,9% no en­tien­de sus cau­sas y un 43,6% só­lo a me­dias. Pe­se a lo cual el 71,6% afir­man es­tar po­co o na­da dis­pues­tos a de­di­car tiem­po a en­te­rar­se de las po­lí­ti­cas eco­nó­mi­cas. No es ex­tra­ño que el 78% re­co­noz­ca que “los elec­to­res sue­len de­jar de vo­tar a los po­lí­ti­cos cuan­do las co­sas van mal, y vo­tar­les cuan­do van bien, pe­ro en reali­dad no sue­len en­ten­der muy bien si esos po­lí­ti­cos son los ver­da­de­ros res­pon­sa­bles de que ha­yan ido bien o mal”. Ade­más, creen que se tra­ta más de abu­sos del ca­pi­ta­lis­mo que de fa­llos glo­ba­les y di­cen que to­dos so­mos al­go cul­pa­bles de la cri­sis: mu­chos com­pra­ron vi­vien­das pen­san­do que el pre­cio só­lo po­día su­bir, los ban­cos die­ron cré­di­tos im­pru­den­tes y la gen­te se en­deu­dó en ex­ce­so por los ti­pos de in­te­rés.

Afir­man que en es­ta si­tua­ción lo me­jor es ba­jar los im­pues­tos y re­cor­tar per­so­nal de las ad­mi­nis­tra­cio­nes cen­tral, au­to­nó­mi­ca y mu­ni­ci­pal, pe­ro no el gas­to so­cial. Y pe­se a la que es­tá ca­yen­do, un 62,5% pien­sa que es me­jor una eco­no­mía de mer­ca­do y só­lo un 24,9% una di­ri­gi­da por el go­bierno, Aun­que, en un país que ado­ra co­mo po­cos la se­gu­ri­dad y por eso, di­cen los au­to­res, los cam­bios son di­fí­ci­les, un 67,5% cree que el Es­ta­do es res­pon­sa­ble de to­dos los ciu­da­da­nos y de­be ocu­par­se de aque­llas per­so­nas que tie­nen pro­ble­mas.

¿Qué aña­dir? Pues al­gu­nos da­tos que no pa­re­cen fa­ci­li­tar el trán­si­to a una so­cie­dad más in­no­va­do­ra: el 69% de los en­cues­ta­dos creen que en Es­pa­ña la ma­yo­ría de la gen­te rea­li­za su tra­ba­jo só­lo pa­ra cum­plir y has­ta un 76,7% re­co­no­ce que en la so­cie­dad es­pa­ño­la el éxi­to de los de­más des­pier­ta re­ce­lo y se tien­de a no re­co­no­cer­lo a pe­sar del es­fuer­zo. No re­sul­ta ex­tra­ño que el 56,6% crean que lo más im­por­tan­te pa­ra ser ri­co sea te­ner y cul­ti­var bue­nos con­tac­tos y só­lo un 17,8% con­si­de­re im­por­tan­te el mé­ri­to de te­ner bue­nas ideas y es­for­zar­se en apli­car­las.

¿QUÉ CA­MINO SE­GUIR?

La ma­yo­ría de los es­pa­ño­les con­si­de­ra que en la so­cie­dad hay re­ce­lo ha­cia el éxi­to ajeno y que lo im­por­tan­te pa­ra me­drar son los con­tac­tos

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