Una nue­va ge­ne­ra­ción per­di­da

Los efec­tos no­ci­vos del des­em­pleo que su­fren ac­tual­men­te los jó­ve­nes –ca­si uno de ca­da dos es­tá en el pa­ro– se pue­de pro­lon­gar una vez se re­cu­pe­re la eco­no­mía e in­clu­so a lo lar­go de to­da su vi­da

La Vanguardia - Dinero - - EN PORTADA - Eduar­do Ma­ga­llón

Ma­nel tra­ba­ja­ba en una sub­con­tra­ta de Acer en Ga­và. Es­ta se­ma­na fir­mó su fi­ni­qui­to con la com­pa­ñía. Re­ci­bi­rá unos 3.000 eu­ros de in­dem­ni­za­ción. En la em­pre­sa le han ase­gu­ra­do que de­be dar las gra­cias por­que la al­ter­na­ti­va era que la com­pa­ñía se de­cla­ra­ra en con­cur­so de acree­do­res y “Dios sa­bría cuan­do aca­ba­ría co­bran­do”. Tie­ne po­co más de 30 años y co­mo sus 135 com­pa­ñe­ros su fu­tu­ro es al­go de­sola­dor. “Que qué va­mos a ha­cer, pues apun­tar­nos al pa­ro, qué quie­res”, ex­pli­ca. El pro­ble­ma de Ma­nel –que no es su ver­da­de­ro nom­bre–, co­mo el de mu- chos otros jó­ve­nes, es que ha en­ca­de­na­do tres con­tra­tos con em­pre­sas dis­tin­tas pa­ra rea­li­zar la mis­ma ta­rea y en el mis­mo si­tio, con lo que aho­ra, en el mo­men­to de ser des­pe­di­do, su an­ti­güe­dad le­gal (que no real) es muy pe­que­ña. Con los 3.000 eu­ros de in­dem­ni­za­ción no da pa­ra mu­cho.

Al­gu­nos de los tra­ba­ja­do­res de la sub­con­tra­ta de Acer en­ca­jan a la per­fec­ción en el con­cep­to de “ge­ne­ra­ción per­di­da” que des­cri­ben tan­to el FMI (Fon­do Mo­ne­ta­rio In­ter­na­cio­nal) co­mo la OCDE, aca­dé­mi­cos y sin­di­ca­tos. La ge­ne­ra­ción per­di­da es aquel gru­po de jó­ve­nes que, o bien no en­cuen­tran un tra­ba­jo, o bien es muy pre­ca­rio. Y en am­bos ca­sos tie­nen ba­jas po­si­bi­li­da­des de pros­pe­rar. Los jó­ve­nes de en­tre 16 y 24 años so­por­tan un pa­ro de más del 40%. El gra­ve ries­go es que es­ta si­tua­ción co­yun­tu­ral –pa­ro ele­va­do y cri­sis eco­nó­mi- ca– pue­de em­peo­rar sus con­di­cio­nes de vi­da pa­ra siem­pre. Más allá in­clu­so del mo­men­to en el que se pro­duz­ca la re­cu­pe­ra­ción.

Son dos co­lec­ti­vos di­fe­ren­cia­dos. Por un la­do es­tán los jó­ve­nes con al­ta for­ma­ción que no en­cuen­tran un em­pleo acor­de con sus co­no­ci­mien­tos y , por otro la­do, los que con baja calificación di­rec­ta­men­te son in­ca­pa­ces de en­trar en el mer­ca­do la­bo­ral. Los pri­me­ros –los de al­ta calificación– tie­nen dos po­si­bi­li­da­des: emi­grar o que­dar­se en el país. Si op­tan por la se­gun­da po­si­bi­li­dad lo más fac­ti­ble es que aca­ben ocu­pan­do un em­pleo pa­ra el que se ne­ce­si­ta una ca­pa­ci­ta­ción in­fe­rior a la que po­seen. Es el ca­so de María Jo­sé, por ejem­plo, que des­de ha­ce un par de años tra­ba­ja en una pes­ca­de­ría de un gran su­per­mer­ca­do pe­se a ser di­plo­ma­da en ma­gis­te­rio.

“Es un des­pil­fa­rro por­que has

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