CRÉ­DI­TO: POR QUÉ UNAS EM­PRE­SAS SÍ Y OTRAS NO

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Catedrático de Eco­no­mía Fi­nan­cie­ra y vi­ce­pre­si­den­te de la As­so­cia­ció Ca­ta­la­na de Com­pta­bi­li­tat i Di­rec­ció (ACCID)

La fal­ta de cré­di­to es­tá aho­gan­do a mu­chas em­pre­sas y mu­chos pien­san que las en­ti­da­des fi­nan­cie­ras son las cul­pa­bles. Tam­bién es­tá muy ex­ten­di­da la opi­nión de que ban­cos y ca­jas de aho­rro son muy res­pon­sa­bles de la cri­sis fi­nan­cie­ra e in­mo­bi­lia­ria por sus ma­las prác­ti­cas de los años an­te­rio­res. Es­ta vi­sión de la reali­dad pue­de ser creí­ble, pe­ro me pa­re­ce in­com­ple­ta.

A ries­go de ex­po­ner opi­nio­nes que son más bien im­po­pu­la­res, creo que mu­chas em­pre­sas que hoy no con­si­guen prés­ta­mos es por­que no los me­re­cen. Se­gu­ro que ha­brá ca­sos en que es­to no sea cier­to del to­do, pe­ro pa­ra que una em­pre­sa con­si­ga un prés­ta­mo se han de dar tres con­di­cio­nes y el pro­ble­ma es que la ma­yo­ría no las cum­plen.

En pri­mer lu­gar, la em­pre­sa tie­ne que con­tar con un buen pro­yec­to que le per­mi­ta te­ner ca­pa­ci­dad de de­vo­lu­ción de prés­ta­mos. Aquí fa­llan mu­chas em­pre­sas. No es­tán con­si­guien­do adap­tar­se a lo que los clien­tes es­tán de­man­dan­do. Por ello, son fun­da­men­ta­les te­mas co­mo la ca­pa­ci­dad de in­no­va­ción, la fle­xi­bi­li­dad, el con­trol de cos­tes, la bús­que­da de la ex­ce­len­cia y la in­ter­na­cio­na­li­za­ción.

En se­gun­do lu­gar, la em­pre­sa tie­ne que es­tar ca­pi­ta­li­za­da y con un ba­lan­ce sa­nea­do. Es­to exi­ge, en la ma­yo­ría de sec­to­res, dis­po­ner de unas deu­das que no so­bre­pa­sen el 50% o el 60% del ba­lan­ce. El res­to de la fi­nan­cia­ción ha de pro­ve­nir de los ac­cio­nis­tas y de los be­ne­fi­cios no dis­tri­bui­dos. Cuan­do la em­pre­sa es­tá ca­pi­ta­li­za­da, es más independiente de los ban­cos y se pier­de me­nos tiem­po en la bús­que­da de fi­nan­cia­ción. Cuan­do una em­pre­sa de-

Ar­gu­men­tar que ban­cos y ca­jas son los res­pon­sa­bles de la cri­sis es una vi­sión creí­ble pe­ro in­com­ple­ta

pen­de de­ma­sia­do de la fi­nan­cia­ción ban­ca­ria es que tie­ne una de­bi­li­dad, co­mo lo es de­pen­der de­ma­sia­do de un úni­co clien­te o de un pro­vee­dor. Si hay de­pen­den­cias se han de co­rre­gir. Es­to per­mi­te con­cen­trar­se más en me­jo­rar los pro­duc­tos y en sa­tis­fa­cer me­jor las ne­ce­si­da­des de clien­tes y em­plea­dos. Aquí se re­quie­re un cam­bio en la cul­tu­ra fi­nan­cie­ra, que de­be­ría ser más pru­den­te en mu­chas em­pre­sas. En los años de cre­ci­mien­to hay que dis­tri­buir po­cos di­vi­den­dos y hay que ser co­me­di­do en las in­ver­sio­nes y fi­nan­ciar­las de for­ma con­ser­va­do­ra. En es­te pun­to, y pen­san­do so­bre to­do en los em­pren­de­do­res que em­pie­zan con­ven­dría dar

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