La pri­va­ci­dad, un ob­je­ti­vo ca­si utó­pi­co

La Vanguardia - Dinero - - EMPRESAS -

Man­te­ner la pri­va­ci­dad de los da­tos se ha con­ver­ti­do en un re­to ca­si im­po­si­ble. Em­pre­sas de to­do ti­po dis­po­nen de nu­me­ro­sos da­tos de sus clien­tes que per­mi­ten co­no­cer o re­cons­truir sin mu­cho es­fuer­zo al­gu­nos epi­so­dios de su vi­da pri­va­da. Las com­pa­ñías dis­po­nen de cuan­tio­sos da­tos de ca­da per­so­na, co­mo co­rreos elec­tró­ni­cos, do­cu­men­tos subidos a la red, nú­me­ros de te­lé­fono, nú­me­ros de cuen­tas ban­ca­rias o tar­je­tas de cré­di­to y dé­bi­to. Del cru­ce de esos da­tos con otros per­so­na­les co­mo pues­to de tra­ba­jo, se­xo, edad, lu­gar de re­si­den­cia, una com­pa­ñía pue­de te­ner más cla­ra la es­tra­te­gia co­mer­cial an­te ca­da clien­te. El éxi­to de Fa­ce­book mues­tra có­mo se pue­de en­viar pu­bli­ci­dad “a la car­ta” se­gún el clien­te. Los te­lé­fo­nos mó­vi­les y la po­si­bi­li­dad de co­no­cer la lo­ca­li­za­ción de sus usua­rios son la úl­ti­ma po­lé­mi­ca, aun­que Ap­ple y Goo­gle ya han res­pon­di­do pa­ra zan­jar la cues­tión y de­jar cla­ro que no ras­trean a na­die. En cual­quier ca­so, es fá­cil sa­ber dón­de ha es­ta­do una per­so­na siem­pre que ha­ga sus pa­gos con una tar­je­ta. Así se pue­de sa­ber, por ejem­plo, si via­ja a me­nu­do, a qué ti­po de des­ti­nos y áreas geo­grá­fi­cas y en qué épo­cas del año lo ha­ce. Por el vo­lu­men de los gas­tos, tam­bién se pue­den de­du­cir sus prio­ri­da­des y co­no­cer qué ti­po de es­ta­ble­ci­mien­tos son los que pre­fie­re.

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