Map­fre suel­ta las­tre y vuel­ve a son­reír

La com­pa­ñía sube un 33% en el año tras un mal 2010

La Vanguardia - Dinero - - IBEX 35 - La­lo Agus­ti­na

To­do aque­llo que pe­sa e im­pi­de vo­lar, so­bra. La ase­gu­ra­do­ra Map­fre es una de las es­tre­llas del Ibex en lo que va de año –la ter­ce­ra com­pa­ñía que más sube, con un 33% de re­va­lo­ri­za­ción– gra­cias al im­pul­so que ha to­ma­do tras sol­tar las­tre y des­pe­jar al­gu­nas du­das so­bre sus ac­ti­vos y la deu­da so­be­ra­na. A fi­na­les de mar­zo, la com­pa­ñía ven­dió su 49% del Ban­co de Ser­vi­cios Fi­nan­cie­ros, una pe­que­ña en­ti­dad en pér­di­das en la que par­ti­ci­pa­ba con Ca­ja Ma­drid, y le com­pró a es­ta en­ti­dad el 12,5% de Map­fre In­ter­na­cio­nal. El men­sa­je es­ta­ba cla­ro: me­nos ries­go en Es­pa­ña a cam­bio de más di­ver­si­fi­ca­ción geo­grá­fi­ca en el ex­te­rior.

La ope­ra­ción sir­vió a la em­pre­sa pa­ra con­fir­mar el im­pul-

La ven­ta del ban­co que te­nía con Ca­ja Ma­drid y la cal­ma en el mer­ca­do de deu­da dan alas a la em­pre­sa

so que ya te­nía des­de prin­ci­pios de año, lo­gra­do muy a la par del des­aco­pla­mien­to de Es­pa­ña de los pro­ble­mas de deu­da de los paí­ses pe­ri­fé­ri­cos del eu­ro. Co­mo ase­gu­ra­do­ra –con su ac­ti­vo inun­da­do de bo­nos– y co­mo em­pre­sa es­pa­ño­la, Map­fre acu­só las iras del mer­ca­do en el 2010, año en el que per­dió el 24% de su va­lor.

Pe­ro las tor­nas han cam­bia­do. La com­pa­ñía ce­rró el vier­nes en los 2,76 eu­ros por ac­ción y, se­gún los ana­lis­tas, pue­de pen­sar en ata­car co­tas ma­yo­res y re­cu­pe­rar así sen­sa­cio­nes ya ol­vi­da­das. Jus­to an­tes del es­ta­lli­do de la cri­sis, a prin­ci­pios del 2007, Map­fre to­có su cie­lo bur­sá­til en los 4,1 eu­ros.

“Los fon­dos de in­ver­sión vuelven a con­fiar en no­so­tros y ya es­ta­mos en ni­ve­les de co­ti­za­ción más nor­ma­les”, apun­ta Es­te­ban Te­je­ra, director ge­ne­ral. La bue­na mar­cha del ne­go­cio en La­ti­noa­mé­ri­ca y las opor­tu­ni­da­des que se le pre­sen­tan en el mer­ca­do bra­si­le­ño son sus gran­des ca­ta­li­za­do­res ac­tua­les. Co­mo re­cuer­da Te­je­ra, el 60% de los in­gre­sos y el 40% de los be­ne­fi­cios pro­ce­den del ex­te­rior.

¿Y Es­pa­ña? Aquí, la co­sa cam­bia. La eco­no­mía es­tá es­tan­ca­da, no se fir­man hi­po­te­cas (ni los se­gu­ros que las acom­pa­ñan) y la com­pe­ten­cia por el clien­te es fe­roz. “Pa­ra el ne­go­cio de vi­da, se­ría bueno que si­guie­ra ba­jan­do el di­fe­ren­cial de la deu­da so­be­ra­na es­pa­ño­la, por­que los ti­pos ac­tua­les no fa­vo­re­cen el aho­rro a lar­go pla­zo; pa­ra el ra­mo de no vi­da, lo fun­da­men­tal es que el país vuel­va a ti­rar, que ba­je el pa­ro y suba el con­su­mo”, im­plo­ra Te­je­ra. Pe­ro ha­brá que es­pe­rar. El cre­ci­mien­to tar­da­rá en lle­gar.

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