La cri­sis, has­ta el 2018

Cres­po va­ti­ci­na, tras ana­li­zar las se­ries his­tó­ri­cas, que la pros­pe­ri­dad tar­da­rá seis años en vol­ver

La Vanguardia - Dinero - - LIBROS - LAS DOS PRÓ­XI­MAS RE­CE­SIO­NES Jus­to Ba­rran­co

Co­mo de­cía uno de los pa­dres de la fí­si­ca ató­mi­ca, Niels Bohr, y co­mo re­pi­te el au­tor de es­te li­bro, ha­cer pre­dic­cio­nes es muy di­fí­cil, y más so­bre el fu­tu­ro. Sin em­bar­go, el ana­lis­ta eco­nó­mi­co Juan Ig­na­cio Cres­po se arries­ga a ello y, acier­te fi­nal­men­te o no, lo ha­ce con un es­ti­lo ameno y una ló­gi­ca siem­pre con­vin­cen­te. De­trás de la cual hay, en­tre otros fac­to­res, un mi­nu­cio­so aná­li­sis de los grá­fi­cos de las co­ti­za­cio­nes que se han da­do en el pa­sa­do pa­ra en­con­trar en ellas ten­den­cias y pa­tro­nes de com­por­ta­mien­to con los que com­pren­der el mo­men­to ac­tual y efec­tuar pre­dic­cio­nes. Lo que se lla­ma char­tis­mo his­tó­ri­co.

Y una vez Cres­po com­pa­ra la cri­sis ac­tual con otras del si­glo XX a tra­vés de la evo­lu­ción del ín­di­ce Dow Jo­nes, con­clu­ye que lo que su­ce­de des­de el 2007 es com­pa­ra­ble a lo ocu­rri­do en­tre 1901 y 1914 y en­tre 1965 y 1982. Y, vis­to lo que su­ce­dió en­ton­ces, au­gu­ra que de la ac­tual cri­sis no es­ca­pa­re­mos sin un par de re­ce­sio­nes más, de las que una pro­ba­ble­men­te ya es­tá co­men­zan­do en es­tos mo­men­tos en Eu­ro­pa. Y que antes de seis o sie­te años, es­to es, pro­ba- ble­men­te has­ta el año 2018, no vol­ve­re­mos a en­trar en un lar­go pe­rio­do de pros­pe­ri­dad.

En esos años vi­vi­re­mos dos cri­sis y tam­bién una tem­po­ra­da de in­fla­ción más ele­va­da y otra de de­fla­ción. Y es que, se­ña­la, uno de los elementos cla­ve pa­ra sa­lir de la si­tua­ción de es­tan­ca­mien­to eco­nó­mi­co ac­tual es que el di­ne­ro se de­pre­cie por la vía de ge­ne­rar in­fla­ción, lo que ali­via­rá el pe­so de las deu­das. Por lo pron­to, des­de que co­men­zó la cri­sis la Re­ser­va Fe­de­ral ame­ri­ca­na ya ha crea­do de la na­da dos bi­llo­nes de dó­la­res, tri­pli­can­do su ba­lan­ce. El BCE lo ha mul­ti­pli­ca­do só­lo por dos. De he­cho, apun­ta el au­tor, el BCE, que no ha si­do tí­mi­do a la ho­ra de sal­var al sis­te­ma ban­ca­rio eu­ro­peo de una ca­tás­tro­fe, sí lo ha si­do a la ho­ra de com­prar deu­da pú­bli­ca de los go­bier­nos pa­ra ha­cer ba­jar los ti­pos de in­te­rés de lar­go pla­zo, co­mo ha he­cho la Re­ser­va Fe­de­ral.

En cual­quier ca­so, da­do que el gas­to pú­bli­co ha ex­pe­ri­men­ta­do re­cor­tes en Eu­ro­pa y aún se va a re­cor­tar mu­cho más, y mien­tras es­ta po­lí­ti­ca no cam­bie, se im­po- ne que el BCE adop­te una po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria mu­cho más ex­pan­si­va que acom­pa­ñe a la po­lí­ti­ca fis­cal res­tric­ti­va. Que es lo que ha he­cho fi­nal­men­te Ma­rio Drag­hi de for­ma in­di­rec­ta con su ba­rra li­bre de cré­di­tos a los ban­cos. Con suer­te, crean­do in­fla­ción, la de­man­da se reac­ti­va­rá y se sal­drá de la re­ce­sión que ya apun­ta. Lue­go, tras dos o tres años de cre­ci­mien­to, la in­fla­ción, has­ta en­ton­ces un re­ga­lo, se­rá un gra­ve in­con­ve­nien­te y el BCE de­be­rá su­bir los ti­pos de in­te­rés, lo que se­gu­ra­men­te pro­vo­ca­rá otra re­ce- sión. Se ce­rra­ría el ci­clo de es­tan­ca­mien­to den­tro de seis años. En España, la ac­tual le­gis­la­tu­ra se inau­gu­ra­ría pues con una re­ce­sión y se des­pe­di­ría con otra.

Por su­pues­to, Cres­po lan­za mu­chas más pre­dic­cio­nes. Por ejem­plo, que pe­se a los negros va­ti­ci­nios la zo­na euro so­bre­vi­vi­rá, y el euro tam­bién, y que la cri­sis aca­ba­rá re­for­zan­do la uni­dad in­ter­na e in­clu­so ya no es irreal pen­sar en un Te­so­ro Úni­co Eu­ro­peo. En cuan­to a los paí­ses emer­gen­tes, la co­sa no irá tan bien: la fase agu­da de la cri­sis es­tá por lle­gar en ellos. Sus ín­di­ces bur­sá­ti­les apun­tan a un es­tan­ca­mien­to de las eco­no­mías y los be­ne­fi­cios em­pre­sa­ria­les. La bol­sa china, que se ade­lan­tó a to­das las de­más des­con­tan­do la re­ce­sión que lle­ga­ba, y lue­go la re­cu­pe­ra­ción, aho­ra anun­cia un gran pe­rio­do de es­tan­ca­mien­to. Y a paí­ses co­mo Bra­sil le van a emer­ger los in­con­ve­nien­tes de su ace­le­ra­do cre­ci­mien­to de ma­ne­ra muy rui­do­sa du­ran­te es­ta dé­ca­da.

Vol­vien­do a España, le­jos de va­ti­ci­nios ca­tas­tro­fis­tas que ha­blan de ge­ne­ra­cio­nes per­di­das, de­pre­sión y abis­mo, el au­tor re­cuer­da que la ta­sa de be­ne­fi­cio em­pre­sa­rial, que de­ter­mi­na­rá que se ge­ne­re nue­va in­ver­sión y más empleo, cae­rá y se re­cu­pe­ra­rá. El empleo se re­co­bra­rá más o me­nos len­ta­men­te. Pe­ro, eso sí, la so­cie­dad y sus go­bier­nos de­ben en­con­trar las fór­mu­las que per­mi­tan lle­gar vi­vos has­ta ese mo­men­to a los más dé­bi­les, pa­ra que pue­dan co­ger el tren de la pros­pe­ri­dad que arran­ca­rá de nue­vo en seis o sie­te años.

El au­tor cree que la zo­na euro so­bre­vi­vi­rá y que sal­drá más uni­da de la cri­sis, qui­zá in­clu­so con un Te­so­ro Úni­co Eu­ro­peo

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