Sa­car pe­tró­leo del oro

Las con­vul­sio­nes en los mer­ca­dos emer­gen­tes in­vi­tan a los in­ver­so­res a re­cu­pe­rar el me­tal do­ra­do co­mo un po­si­ble re­fu­gio

La Vanguardia - Dinero - - FINANZAS - Ser­gio He­re­dia

La eco­no­mía va que vue­la! Si uno se pa­ra a re­fle­xio­nar acer­ca de una in­ver­sión, la ola se le es­ca­pa: se ha mon­ta­do, se ha ido arri­ba y ha ido a mo­rir en la cos­ta. Y ya se sa­be: no hay peor in­ver­sión que la del que lle­ga tar­de.

Ha­ce diez días, la ola se mon­tó en los ma­res del sur del Atlán­ti­co: Ar­gen­ti­na abría el plan de de­va­lua­ción de su mo­ne­da, el pe­so. En un san­tia­mén se ca­ye­ron las di­vi­sas emer­gen­tes –jun­to al pe­so, tam­bién lo hi­cie­ron la li­ra tur­ca y el rand sud­afri­cano–, mien­tras to­das las bol­sas se en­fras­ca­ban en un no­ta­ble ejer­ci­cio de co­rrec­ción –muy sano, se­gún to­dos los ex­per­tos, vis­to lo mu­cho que los par­quets ha­bían co­rri­do has­ta ese mo­men­to–.

Du­ran­te tres jor­na­das, la de­ri­va fue san­gran­te: cun­día el efec­to con­ta­gio, con el des­plo­me de las bol­sas eu­ro­peas y las co­rrec­cio­nes en Wall Street. Al­gún ana­lis­ta aven­tu­ra­ba que la eco­no­mía mun­dial vol­vía a su­mir­se en la in­cer­ti­dum­bre. “¿Re­ce­sión...? Tal vez no –de­cían–. Pe­ro la ma­cro­eco­no­mía no es­tá lo su­fi­cien­te­men­te ma­du­ra co­mo pa­ra ti­rar por sí so­la”. Y mien­tras, en­tre bam­ba­li­nas, hu­bo quien de­ci­dió echar- le un vis­ta­zo al oro: des­de prin­ci­pios de año, el me­tal do­ra­do se ha ido ha­cia arri­ba un 4%. Ya se sa­be, en cri­sis, el oro (y tam­bién el bono ale­mán) es un re­fu­gio.

Con el pas­to que­ma­do, es la ho­ra de los opor­tu­nis­tas. Si la ren­ta fi­ja per­ma­ne­ce blo­quea­da (los ti­pos de in­te­rés es­tán ba­jos, y ahí se que­da­rán por mu­cho tiem­po por­que así lo quie­ren los ban­cos cen­tra­les), y si la ren­ta va­ria­ble se des­nor­ta, en­ton­ces hay que bus­car­se al­ter­na­ti­vas. Y si en­ci­ma el va­lor del oro se de­pre­cia de for­ma no­ta­ble en los úl­ti­mos tiem­pos, ¡pues me­jor que me­jor! No es que el oro sea un buen re­fu­gio, sino que en­ci­ma es­tá ba­ra­to.

Ha­ce tiem­po que el oro no re­lu­ce co­mo lo ha­bía he­cho en el 2010, el 2011 o el 2012, años en que la ren­ta va­ria­ble mun­dial se des­plo­ma­ba. En el 2013, en­tre subidas y ba­ja­das alea­to­rias, su va­lor se de­pre­ció en un 23%, en una ten­den­cia que, de for­ma na­tu­ral, de­be­ría con­ti­nuar en los tiem­pos in­me­dia­tos. “Los pe­rio­dos de re­ce­sión de la ma­te­ria pri­ma tien­den a pro­lon­gar­se por dos años. Es de­cir, que el 2014 de­be­ría re­gis­trar más co­rrec­cio­nes”, di­ce Li­zet­te Pa­ter­ni­na, di­rec­to­ra ge­ne­ral de Lin­go­ro.com, pla­ta­for­ma on li­ne de com­pra­ven­ta de oro. “Pe­ro tam­bién es­tá cla­ro que el oro po­dría ver­se be­ne­fi­cia­do por la in­cer­ti­dum­bre que vi­ven los mer­ca­dos emer­gen­tes”.

Juan José San­chís, so­cio de ETF Se­cu­ri­ties en Iberia, com­par­te la vi­sión de Pa­ter­ni­na. “Si el oro se ha apre­cia­do en los úl­ti­mos días, ha si­do por un con­jun­to de cir­cuns­tan­cias. Una de ellas es la de­va­lua­ción del pe­so ar­gen­tino, en ni­ve­les no vis­tos des­de el 2002. Pe­ro tam­bién han in­ter­ve­ni­do el ries­go de im­pa­go en un pro­duc­to de ban­ca de al­to ren­di­mien­to emi­ti­do por el ban­co ICBC en Chi­na, los ma­los da­tos del sec­tor in­dus­trial en Chi­na y los cam­bios en la po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria en In­dia y en Tur­quía...”.

¡La eco­no­mía va que vue­la!, es­cri­bía­mos al prin­ci­pio de la in­for­ma­ción. Es de­cir, que las cir­cuns­tan­cias evo­lu­cio­nan muy de­pri­sa. E igual que la ma­yo­ría de las bol­sas se des­plo­ma­ban en­tre un 3% y un 4% en ape­nas dos jor­na­das (el Ibex lo hi­zo en un 4,7%), sus va­lo­res si­guie­ron bai­lan­do arri­ba y aba­jo en los días su­ce­si­vos. Así que en­se­gui­da se apa­ga­ron las alar­mas.

Lo mis­mo su­ce­de en el ca­so del oro. La ola se mon­tó a prin­ci­pios de año: con­ve­nía su­bir­se a ella en­ton­ces. Por­que aho­ra em­pie­za a des­di­bu­jar­se. Los gran­des mer­ca­dos (so­bre todo los de los paí­ses desa­rro­lla­dos) se han aquie­ta­do, y el pre­cio del oro tam­bién se ha es­ta­bi­li­za­do. Un 4% de subidas en ape­nas un mes de co­ti­za­ción es una gran co­sa. Pe­ro quien apues­te por él aho­ra qui­zá ya lle­gue tar­de.

“Es cier­to que el oro ha caí­do mu­cho en los úl­ti­mos 18 me­ses. Y que en es­tos días subía por­que se ha­bía con­ver­ti­do en un re­fu­gio fren­te a los emer­gen­tes –di­ce Alberto Es­pe­lo­sín, gestor de Aban­te–. Pe­ro esa subida ha de­pen­di­do de cues­tio­nes téc­ni­cas. En todo ca­so aho­ra es­tá eco­nó­mi­co, y si con­ti­núan las ten­sio­nes se­gui­rá su­bien­do”.

“El oro siem­pre ha si­do un re­fu­gio, y pue­de que vuel­va a su­bir en los pró­xi­mos tiem­pos –di­ce Al­fre­do Pas­tor, pro­fe­sor del Iese–. Ya ha­bía subido mu­cho en los úl­ti­mos años (a ni­ve­les pró­xi­mos a los dos dí­gi­tos, so­bre todo en los tra­mos más os­cu­ros de la cri­sis eco­nó­mi­ca y fi­nan­cie­ra). Pe­ro en mi opi­nión, apos­tar por él es apos­tar por el al­to ries­go. Tal co­mo veo las co­sas, yo sos­pe­cho que to­dos los ac­ti­vos fi­nan­cie­ros se van a re­co­lo­car”. ¿Qué sig­ni­fi­ca eso? A gran­des ras­gos, que si­gue sien­do el año de la ren­ta va­ria­ble.

DA­RIO PIG­NA­TE­LLI / BLOOM­BERG

Lin­go­tes de oro en una en­ti­dad de Bang­kok (Tai­lan­dia)

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