El rey del ca­che­mir

La fir­ma ita­lia­na crea­da en 1978 por el es­ti­lis­ta Bru­ne­llo Cuc­ci­ne­lli cuen­ta con 105 tien­das

La Vanguardia - Dinero - - MARCAS QUE MARCAN - Mar­ga­ri­ta Puig

El lu­jo ab­so­lu­to pe­ro res­pon­sa­ble y ar­te­sa­nal es la ra­zón de ser de Bru­ne­llo Cu­ci­ne­lli, la fir­ma fun­da­da en 1978 por el es­ti­lis­ta y em­pre­sa­rio del mis­mo nom­bre que des­de siem­pre ha ges­tio­na­do su éxi­to des­de la al­dea me­die­val de So­lomeo, en las afue­ras de Pe­ru­gia. Dis­tri­bui­da a ni­vel in­ter­na­cio­nal en más de se­sen­ta paí­ses a tra­vés de 105 tien­das mo­no­mar­ca (siem­pre en las ca­pi­ta­les y prin­ci­pa­les ciu­da­des, in­clui- das Ma­drid y Bar­ce­lo­na) se ha es­pe­cia­li­za­do en el ca­che­mir has­ta con­ver­tir­se en una de las mar­cas más ex­clu­si­vas en el sec­tor del prêt-à-por­ter del lu­jo in­for­mal.

La aten­ción y el cui­da­do en la fa­bri­ca­ción del pro­duc­to se ex­pre­san a tra­vés de la uti­li­za­ción de ma­te­ria pri­ma de la más al­ta ca­li­dad y un ser­vi­cio de sas­tre­ría y ar­te­sa­nía de una pro­duc­ción ex­clu­si­va ma­de in Italy. Y, cla­ro, se com­bi­na con el me­jor sa­voir fai­re y la creatividad que ha­ce de la fir­ma (con 1.200 em­plea­dos) un tes­ti­mo­nio ex­clu­si­vo del es­ti­lo de vi­da ita­liano en to­do el mun­do. La com­pa­ñía, que co­ti­za en bol­sa des­de el año 2012, ini­ció un año más tar­de un plan de de­sa­rro­llo en las prin­ci­pa­les ciu­da­des del mun­do con aper­tu­ra de tien­das pro­pias, que le lle­vó a con­cluir 2014 con un vo­lu­men de ne­go­cio ne­to de 355,9 mi­llo­nes de eu­ros (+10,4% en com­pa­ra­ción con el ejer­ci­cio an­te­rior), de los cua­les el 80,8% se al­can­zó en el ex­tran­je­ro, y un ebit­da de 63,0 mi­llo­nes de eu­ros (un 8,4% so­bre el ebit­da del 2013).

Su res­pon­sa­ble, Bru­ne­llo Cuc­ci­ne­lli, a quien sue­len apo­dar el rey del ca­che­mir, ase­gu­ra que el éxi­to tie­ne sus raí­ces en su his­to­ria y su le­ga­do de ar­te­sa­nía, pe­ro so­bre to­do en la com­bi­na­ción de to­dos esos fac­to­res con un di­se­ño mo­derno y el res­pe­to por el entorno. Por eso no du­dó ni un mo­men­to en lle­var su idea del lu­jo res­pon­sa­ble a las tie­rras ver­des de So­lomeo cus­to­dia­das por nu­me­ro­sos bur­gos que en la edad me­dia per­te­ne­cie­ron a la Igle­sia. Allí, en las mis­mas tie­rras en don­de na­cie­ron Fran­cis­co de Asís y una de las pri­me­ras uni­ver­si­da­des hu­ma­nis­tas de Eu­ro­pa y en que sur­gió una pro­duc­ti­va in­dus­tria tex­til de gé­ne­ro de pun­to ha­ce aho­ra me­dio si­glo, se al­zan sus dos mo­der­nas y am­plias na­ves pa­ra el di­se­ño y la fa­bri­ca­ción de esos ob­je­tos de de­seo.

Pe­ro pri­me­ro, en el mo­men­to de la fun­da­ción de la fir­ma cuan­do él aca­ba­ba de cum­plir los 25 años, era só­lo un ta­ller pa­ra fa­bri­car y te­ñir de co­lo­res in­só­li­tos me­dio cen­te­nar de jer­séis de ca­che­mir. La elec­ción de la más no­ble de las la­nas no fue al azar. Fue me­di­ta­da. Bru­ne­llo Cu­ci­ne­lli, un apa­sio­na­do de la economía y la fi­lo­so­fía, aca­ba­ba de leer en un en­sa­yo eco­nó­mi­co que anun­cia­ba que lle­ga­ría un mo­men­to en que los paí­ses desa­rro­lla­dos cam­bia­rían a la fuer­za su for­ma de pro­du­cir pa­ra in­ci­dir en la es­pe­cia­li­za­ción. An­tes de que eso su­ce­die­ra se pu­so ma­nos a la obra.

Su ob­je­ti­vo era ha­cer las me­jo­res pren­das de la­na de ca­che­mir res­pe­tan­do la tra­di­ción y mar­can­do ten­den­cia. Pe­ro so­bre to­do de­fen­dien­do una pro­duc­ción lo­cal que pon­ga en va­lor las ar­te­sa­nías tra­di­cio­na­les eu­ro­peas. Esa si­gue sien­do la ba­se de su mar­ca y su fi­lo­so­fía. Apor­tan dig­ni­dad al pro­duc­to y lo ha­cen dis­tin­to, con per­so­na­li­dad. Las pren­das Bru­ne­llo Cu­ci­ne­lli, ase­gu­ra, son cos­to­sas, pe­ro no ca­ras. Y ex­pli­ca eso por­que in­clu­yen el gran lu­jo de la du­ra­bi­li­dad y li­ge­re­za de la la­na más no­ble que pue­da con­ce­bir­se.

Bru­ne­llo Cu­ci­ne­lli tie­ne su se­de en la al­dea me­die­val de So­lomeo, en las afue­ras de Pe­ru­gia. Pe­ro su re­per­cu­sión mun­dial es enor­me. Hoy día cuen­ta con 105 tien­das en to­do el mun­do y un to­tal de 1.200 tra­ba­ja­do­res

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