Dis­fru­tar en el tra­ba­jo

La Vanguardia - Dinero - - EMPLEO -

El estudio tam­bién se­ña­la una vin­cu­la­ción con el tra­ba­jo que ca­da vez más es un signo de dis­tin­ción de las éli­tes. La con­ver­sión de la vi­da pro­fe­sio­nal en fuen­te de pla­cer es una de las ca­rac­te­rís­ti­cas esen­cia­les de nues­tro tiem­po. Quie­nes ocu­pan los lu­ga­res la­bo­ra­les de pri­vi­le­gio sue­len de­cir de sí mis­mos que no ha­cen di­fe­ren­cias en­tre el tiem­po de tra­ba­jo y el de ocio por­que dis­fru­tan tan­to con lo que ha­cen que no pre­ci­san de des­co­ne­xión. Ya no es­ta­mos en esa épo­ca don­de las ta­reas re­sul­ta­ban fí­si­ca­men­te pe­no­sas, sino en una eta­pa en que los re­tos que la vi­da pro­fe­sio­nal plan­tea son ex­ci­tan­tes, desafíos que obli­gan a sa­car lo me­jor de uno mis­mo. El tiem­po de des­can­so, al re­vés que en otras épo­cas, se de­di­ca ca­da vez más al cui­da­do del cuer­po (es­for­zán­do­se con el ejer­ci­cio fí­si­co, por ejem­plo) y no al in­te­lec­tual. No se tra­ta de ob­te­ner en el ocio el pla­cer que el tra­ba­jo no pue­de pro­por­cio­nar, sino al con­tra­rio, de man­te­ner el cuer­po en for­ma pa­ra po­der con­ti­nuar dis­fru­tan­do con el em­pleo. En ese con­tex­to, es­tar ocu­pa­do es una se­ñal de que se ha en­ten­di­do la esen­cia de la vi­da con­tem­po­rá­nea.

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