La mar­cha atrás de Te­le­fó­ni­ca

La Vanguardia - Dinero - - EN PORTADA -

Te­le­com Ita­lia fue una in­ver­sión rui­no­sa pa­ra Te­le­fó­ni­ca. Pa­ra que se ten­ga una idea, el gru­po que pre­si­día César Alier­ta en­tró en su ca­pi­tal en 2007 a un pre­cio de re­fe­ren­cia de 2,82 eu­ros por ac­ción y ven­dió en el 2015 sus úl­ti­mas ac­cio­nes a 1,18 eu­ros. Igual que Te­le­fó­ni­ca, el ope­ra­dor italiano te­nía una fuer­te pre­sen­cia en Bra­sil y el li­de­raz­go en Ita­lia, de ahí el in­te­rés de los es­pa­ño­les, que en­tra­ron me­dian­te una com­ple­ja ca­de­na de con­trol. Pe­ro al ca­bo de po­cos años la em­pre­sa ita­lia­na no se re­ve­ló una gran in­ver­sión, tam­bién por pro­ble­mas con el re­gu­la­dor bra­si­le­ño, y Te­le­fó­ni­ca al fi­nal aban­do­nó el país pa­ra cen­trar­se en sus ne­go­cios. El go­bierno italiano siem­pre tra­tó de­fen­der que la pro­pie­dad de Te­le­com Ita­lia re­ca­ye­ra en ma­nos ita­lia­nas o de in­fluir en su ges­tión, con el úni­co re­sul­ta­do de fre­nar su cre­ci­mien­to. César Alier­ta pro­nun­ció en el 2014 una fra­se la­pi­da­ria: “Nues­tro pro­ble­ma con Te­le­com Ita­lia fue no ser italiano”.

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