El tenis de me­sa, el gran des­co­no­ci­do Pe­ro

La Vanguardia - ES - - EN JUEGO -

ami­gos, jue­ga a las má­qui­nas, a car­tas y a ping-pong. La ac­ce­si­bi­li­dad fo­men­ta el uso, y un buen ejem­plo de ello es el he­cho de que ca­da vez es más fre­cuen­te ver en si­tios de ocio me­sas de ping-pong: en los par­ques, en los ho­te­les, en las pla­yas, in­clu­so en las sa­las de des­can­so de al­gu­nas em­pre­sas. Otro fac­tor que fo­men­ta su prác­ti­ca es la rá­pi­da me­jo­ría que ex­pe­ri­men­ta el ju­ga­dor, que por po­co que prac­ti­que lo­gra unos mí­ni­mos que le per­mi­ten dis­fru­tar de la par­ti­da. Es la re­la­ción in­ver­sión­re­sul­ta­dos. Por úl­ti­mo, exis­te una com­bi­na­ción de dos fac­to­res: fí­si­ca­men­te no es muy exi­gen­te, to­dos pue­den prac­ti­car­lo, in­clu­so sen­ta­dos en una si­lla; en cam­bio, a ni­vel men­tal re­quie­re mu­cho es­fuer­zo: con­cen­tra­ción, con­fian­za, con­trol de los ner­vios en los mo­men­tos cla­ve del par­ti­do… ¿Qué tie­ne el ping-pong que en­gan­cha tan­to? Pep Ma­rí, psi­có­lo­go de­por­ti­vo, ex­pli­ca que se ne­ce­si­ta muy po­co fí­si­ca­men­te, pe­ro a ni­vel psi­co­ló­gi­co es muy com­ple­jo y pro­vo­ca si­tua­cio­nes que des­pués pue­des apli­car a otros ám­bi­tos de tu vi­da. Cuan­do la gen­te em­pie­za a com­pe­tir en­tre sí se da cuen­ta de que si pue­de con­tro­lar es­tos as­pec­tos psi­co­ló­gi­cos, qui­zás pue­da ga­nar a al­guien que jue­gue me­jor, por­que la de­man­da fí­si­ca no es tan im­por­tan­te. Es un jue­go que re­quie­re ha­bi­li­da­des psi­co­ló­gi­cas, y a la gen­te le gus­ta au­to­im­po­ner­se es­te ti­po de re­tos. Ma­rí afir­ma que cuan­do ju­ga­mos a ping-pong, en nues­tra men­te se ge­ne­ra una do­ble lu­cha: por un la­do, ju­ga­mos con­tra no­so­tros mis­mos, y por otro, com­pe­ti­mos con el con­tra­rio. Que sal­ga bien el gol­pe de­pen­de de uno, pe­ro que con ese gol­pe se ha­ga el pun­to ya no sólo de­pen­de uno, sino tam­bién del con­trin­can­te. El pri­mer ob­je­ti­vo es que el pun­to du­re (es de­cir, no fa­llar), y el se­gun­do es ha­cer el tan­to. Es una mez­cla de coor­di­na­ción y au­to­su­pera­ción la que nos en­gan­cha y nos ha­ce se­guir ju­gan­do.

una co­sa es el ping-pong y otra el tenis de me­sa, con­si­de­ra­do uno de los de­por­tes más com­pli­ca­dos. Se­gún la NA­SA, tras la na­ta­ción, es el se­gun­do de­por­te más com­ple­to del mun­do por­que su prác­ti­ca en la can­cha re­quie­re el uso del ce­re­bro pa­ra po­der crear es­tra­te­gias de jue­go y ha­ce mo­ver has­ta el 80% de los múscu­los del cuer­po. De he­cho, uno de los ras­gos que ca­rac­te­ri­zan a es­te de­por­te son los mo­vi­mien-

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.