‘Su­per­hom­bres’ de car­ne y hue­so

Cui­dar la pro­fe­sión, los hi­jos y la ca­sa no es pa­tri­mo­nio ex­clu­si­vo de las mu­je­res. Tam­bién exis­ten hom­bres que apues­tan por es­te com­ple­jo pack. ES ha en­tre­vis­ta­do a cua­tro hom­bres que res­pon­den a es­te perfil y apor­tan su tes­ti­mo­nio en es­tas pá­gi­nas

La Vanguardia - ES - - EN FAMILIA -

Las su­per­wo­men – tér­mino que se re­fie­re a las mu-

je­res con una bue­na ca­rre­ra pro­fe­sio­nal, que lu­chan por com­pa­gi­nar­la con los hi­jos, el ho­gar y tra­tar de man­te­ner­se atrac­ti­vas– no están so­las. Tam­bién hay

su­per­men. Aun­que tan­to ellas co­mo ellos re­cha­zan ser con­si­de­ra­dos co­mo su­per­hé­roes, lo cier­to es que no sólo hay mu­je­res que bus­can un di­fí­cil equi­li­brio en­tre su tra­ba­jo y los cui­da­dos que con­lle­va la fa­mi­lia. Tam­bién hay hom­bres que no sólo apues­tan por su pro­fe­sión, tam­bién quie­ren cui­dar a sus hi­jos de­di­can­do tiem­po y es­pa­cio pa­ra lle­var­les a la es­cue­la, ju­gar con ellos, pre­pa­rar la ce­na y aten­der­los si se po­nen en­fer­mos, sa­can­do tiem­po de don­de no lo hay. Son hom­bres que han con­quis­ta­do su au­to­no­mía pro­fe­sio­nal o son bue­nos eje­cu­ti­vos, cui­dan su cuer­po y están acos­tum­bra­dos a ocu­par­se de los me­nes­te­res bá­si­cos del ho­gar. Ade­más, les gus­ta y ejer­cen la pa­ter­ni­dad en el día a día. Mi­man a su pa­re­ja, los que la tie­nen, y si no la tie­nen, sa­ben igual­men­te, se plan­tean go­zar de la vi­da sin ol­vi­dar de los hi­jos que me­ro­dean en ca­sa. Por si fue­ra po­co tam­bién co­ci­nan y dis­fru­tan ha­cién­do­lo. Y les sa­le bien. ¿Exis­ten hom­bres que ha­cen to­do eso o se tra­ta de una pe­lí­cu­la con un buen guión? No es un anun­cio ni una co­me­dia de Holly­wood ale­ja­da de hom­bres de car­ne y hue­so. So­ció­lo­gos y psi­có­lo­gos han cons­ta­ta­do que en la so­cie­dad se están pro­du­cien­do cam­bios y no es tan ex­tra­ño que los hom­bres bus­quen un equi­li­brio en­tre su vi­da pro­fe­sio­nal y per­so­nal, en­tre ga­nar di­ne­ro y cui­dar de la ca­sa y de los hi­jos, así co­mo man­te­ner una vi­da so­cial. Su­ce­de tan­to en­tre hom­bres que vi­ven con su pa­re­ja, co­mo con los que cui­dan ellos so­los de sus hi­jos, co­mo aque­llos otros que com­par­ten la guar­dia y cus­to­dia en ca­so de se­pa­ra­cio­nes. Al me­nos, el con­cep­to de pa­ter­ni­dad o lo que quie­ren ha­cer los hom­bres en su vi­da pro­fe­sio­nal y per­so­nal es­tá cambia­ndo, tal co­mo se­ña­lan las en­cues­tas del CIS. Un 72% de los en­cues­ta­dos con­si­de­ra nor­mal que un hombre quie­ra asu­mir el cui­da­do de los hi­jos y ocu­par­se de las ta­reas do­més­ti­cas, aun­que en la prác­ti­ca el por­cen­ta­je dis­mi­nu­ya. Pe­ro, en cual­quier ca­so, la idea de lo que de­be­ría ha­cer un hombre y su pa­pel en la so­cie­dad es­tá evo­lu­cio­nan­do. Y en esa evo­lu­ción la per­fec­ción no exis­te, pe­ro sí hom­bres con una con­cien­cia di­fe­ren­te en cuan­to a su au­to­no­mía y de­pen­den­cia. La apues­ta per­so­nal y pro­fe­sio­nal se en­tre­cru­zan. La so­ció­lo­ga Pa­lo­ma Baha­món ase­gu­ra que los hom­bres han su­pe­ra­do los cli­chés de una mas­cu­li­ni­dad mal en­ten­di­da, aun­que hay quie­nes to­da­vía les que­da ca­mino por an­dar. Pau­le Sa­lo­mon, fi­ló­so­fa y psi­co­te­ra­peu­ta, ex­pli­ca que al­gu­nos hom­bres in­ten­tan re­con­ci­liar­se con­si­go mis­mos, y eso sig­ni­fi­ca in­te­grar lo que se iden­ti­fi­ca con la fe­mi­ni­dad, el cui­da­do y aten­ción de los se­res que­ri­dos sin de­jar de la­do su mas­cu­li­ni­dad. ES ha que­ri­do acer­car­se a hom­bres que en la vi­da prác­ti­ca ha­yan op­ta­do por in­te­grar su vi­da per­so­nal y pro­fe­sio­nal, un equi­li­brio que no siem­pre re­sul­ta fá­cil. Co­mo el ca­so de Oriol, uno de los hom­bres en­tre­vis­ta­dos en es­te reportaje, que no tie­ne pro­ble­mas en acep­tar que no le re­sul­ta fá­cil com­pa­gi­nar su día a día pro­fe­sio­nal con el cui­da­do de sus hi­jas tras se­pa­rar­se y com­par­tir la guar­dia y cus­to­dia. Al­guien pue­de de­cir que es­to es así cuan­do un hombre no vi­ve en pa­re­ja. Pe­ro ahí están Ser­gio y Joan, que sí vi­ven en pa­re­ja y tie­nen hi­jos, y son ellos los que han asu­mi­do en ma­yor me­di­da las ta­reas do­més­ti­cas y cui­da­do de sus hi­jos, sin aban­do­nar su queha­cer pro­fe­sio­nal. Y la si­tua­ción de Txe­ma es ex­cep­cio­nal: él so­lo tie­ne la guar­dia y cus­to­dia de su hi­jo. Pe­ro ase­gu­ra que se ha da­do cuen­ta de que na­da tie­ne que de­mos­trar. Sin em­bar­go, no de­ja de ser re­fe­ren­te pa­ra otros hom­bres. Aquí tie­nen sus tes­ti­mo­nios.

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