Tá­per sano pa­ra ni­ños exi­gen­tes

La Vanguardia - ES - - BOULEVARD -

Ya se sa­be que co­mer de fiam­bre­ra tam­bién pue­de ser si­nó­ni­mo de ali­men­tar­se con pro­duc­tos sa­bro­sos y de ca­li­dad. Tam­bién pa­ra los ni­ños... in­clu­so pa­ra los que son un po­co quis­qui­llo­sos. Unos tru­cos pa­ra com­pla­cer­les

HAY QUE IN­TRO­DU­CIR ALI­MEN­TOS QUE NO LES GUS­TAN CON LOS QUE SÍ LOS PLA­TOS QUE LES CUES­TAN MÁS, ME­JOR DE­JAR­LOS A LA NO­CHE

La tar­te­ra for­ma par­te de la co­ti­dia­nei­dad y el uni­ver­so ali­men­ta­rio de mu­chí­si­mos ni­ños, un uni­ver­so que pue­de con­lle­var cier­tos pro­ble­mas. El so­bre­pe­so in­fan­til es uno, pe­ro no el úni­co: exis­te una can­ti­dad na­da des­pre­cia­ble de ni­ños pa­ra los que la co­mi­da, le­jos de ser un pla­cer, es un trá­mi­te in­si­dio­so que hay que cum­plir. Pa­ra ellos, co­mer a dia­rio es un ago­bio que vie­ne aso­cia­do a una se­rie de ali­men­tos que se nie­gan a pro­bar. A pe­sar de que son ni­ños sa­nos, es evi­den­te que hay que sa­ber lle­var su inape­ten­cia con una cier­ta ha­bi­li­dad. En ca­so con­tra­rio pue­de con­ver­tir­se en un pro­ble­ma cró­ni­co muy can­sino, so­bre to­do pa­ra los pa­dres. Es evi­den­te tam­bién que la tar­te­ra en es­te as­pec­to no arre­gla na­da. Más bien al con­tra­rio. De ahí que sea im­por­tan­te se­guir unas cuan­tas nor­mas. Con un po­co de crea­ti­vi­dad e in­te­li­gen­cia, la co­mi­da en fiam­bre­ra pue­de ser una op­ción irre­sis­ti­ble has­ta pa­ra los ni­ños di­fí­ci­les.

Qué de­be apor­tar el tá­per dia­rio Por su­pues­to, el tá­per de un ni­ño quis­qui­llo­so ha de te­ner un va­lor nu­tri­cio­nal si­mi­lar al de un ni­ño que co­me con más fa­ci­li­dad. Los in­gre­dien­tes se­rán los mis­mos, con al­gún ma­tiz que te­ner en cuen­ta. Fa­ri­ná­ceos Con­su­mo un día o dos a la se­ma­na de pas­ta o arroz (50-80 g) o 200-250 g pa­ta­tas o 60 g de le­gum­bres. Es­te se­ría el plan ideal, pe­ro es ab­sur­do pre­ten­der que co­ma dos días a la se­ma­na le­gum­bres, por ejem­plo, si el ni­ño las abo­rre­ce. Me­jor que sólo co­ma un día y aña­dir otro más de pas­ta o arroz. Por otro la­do es im­por­tan­te que el as­pec­to sea muy atrac­ti­vo. Una en­sa­la­da de pas­ta pue­de ser de for­mas y co­lo­res muy dis­tin­tos. Lo mis­mo que el arroz. El arroz lar­go o el in­te­gral, por ejem­plo, con­ser­van más su tex­tu­ra una vez co­ci­dos que el de grano re­don­do. No es lo mis­mo una pa­ta­ta her­vi­da que un pu­ré gra­ti­na­do. En fin, hay que se­du­cir un po­co al ni­ño con el me­nú. Por cier­to, si es un aman­te del pan, un sánd­wich com­ple­to co­mo me­nú al­gún que otro día no es nin­gún sa­cri­le­gio. La ce­na pue­de com­ple­men­tar per­fec­ta­men­te la die­ta.

Ver­du­ras 120-150 g de to­ma­te o 120-150 g de za­naho­rias o 120-150 g de en­sa­la­da o 120-150 g de ver­du­ra. Son esen­cia­les pe­ro, por des­gra­cia, nues­tros pe­que­ños co­men­sa­les las re­cha­zan. De ahí que sea im­por­tan­te pre­sen­tar­las con su ali­men­to fa­vo­ri­to, co­mo pue­de ser la pas­ta o el arroz. La for­ma de co­cer las ver­du­ras es bá­si­ca. Hay que pro­cu­rar coc­cio­nes cor­tas y con po­ca agua pa­ra que la ver­du­ra con­ser­ve me­jor su tex­tu­ra y su co­lor. Igual pa­sa con lo pe­la­do. No es lo mis­mo una za­naho­ria cor­ta­da de cual­quier for­ma que una za­naho­ria en ro­da­jas per­fec­tas. Co­mo no son lo mis­mo unas es­pi­na­cas her­vi­das que unos ca­ne­lo­nes de es­pi­na­cas. Hay que in­ten­tar in­cluir ver­du­ras de la me­jor ma­ne­ra. Por su­pues­to, lo me­jor es uti­li­zar ver­du­ras fres­cas. Ali­men­tos pro­tei­cos 80-100 g de car­ne (1-2 días/ se­ma­na) o 100-120 g de car­ne blan­ca (1-3 d/s) o un hue­vo (1-2 d/s) o 100-120 g de pes­ca­do (1-3 días/s). Las pro­teí­nas son bá­si­cas pa­ra la sa­lud del ni­ño. En ge­ne­ral, la car­ne no sue­le pre­sen­tar pro­ble­mas, sí en cam­bio el pes­ca­do. Una so­lu­ción es de­jar el pes­ca­do pa­ra la ce­na en ca­sa, de es­ta ma­ne­ra pue­de ser fres­co y re­cién he­cho. Si con la car­ne hay pro­ble­mas, es cues­tión de en­can­di­lar un po­co con la pre­sen­ta­ción. Unos fi­le­ti­tos de po­llo re­bo­za­dos se co­men más a gus­to que una pe­chu­ga a la plancha re­ca­len­ta­da. Unas ham­bur­gue­si­tas re­cu­bier­tas de un po­co de que­so y con un po­co de pan pue­den ape­te­cer más al ni­ño que el sim­ple bis­tec a la plancha. Lo mis­mo pa­sa con el hue­vo. Una tor­ti­lla re­don­di­ta de que­so o ja­món que­da más go­lo­sa que un hue­vo du­ro o un re­vol­ti­llo de as­pec­to du­do­so. Fru­ta / lác­teo Una pie­za de fru­ta o 100-150 g de fre­sas o 200 g de me­lón o un yo­gur o 50-100 g de que­so fres­co ma­gro. Ya se sa­be que el me­jor pos­tre es una ra­ción de fru­ta o un lác­teo. Lo que pa­sa es que la fru­ta a me­nu­do no gus­ta. So­bre to­do si hay que pe­lar­la. A los ni­ños di­fí­ci­les hay que po­ner­les las co­sas muy fá­ci­les. Unos ga­jos de man­da­ri­na es me­jor que dar­les la man­da­ri­na en­te­ra. Unos gra­nos de uva tie­nen más pro­ba­bi­li­dad de éxi­to que una man­za­na en­te­ra sin pe­lar. A lo me­jor, si es­tos gra­nos de uva van en­sar­ta­dos en for­ma de pin­cho con un po­co de que­so, el ni­ño to­da­vía co­me­rá más. Las ma­ce­do­nias son idea­les pe­ro tie­nen un va­lor nu­tri­ti­vo no­ta­ble­men­te in­fe­rior al de la fru­ta en­te­ra. En fin, hay que po­ner ima­gi­na­ción y dar­le fa­ci­li­da­des. Y so­bre to­do de­jar pa­ra ca­sa los ali­men­tos que le re­sul­ten más com­pli­ca­dos.

Tex­to Mag­da Car­las, mé­di­co nu­tri­cio­nis­ta

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