Po­ner la me­sa

La Vanguardia - ES - - EN FAMILIA -

No ha­ce mu­chos años, mu­chos pa­dres tra­ba­ja­ban en sus pro­pios ne­go­cios. Él y ella, ella y él, es­ta­ban al frente de sus es­ta­ble­ci­mien­tos. Con­tra­tar un de­pen­dien­te sig­ni­fi­ca­ba, pa­ra ellos, que el ne­go­cio de­ja­ra de ser­lo. Así que te­nían que apa­ñar­se en­tre ellos. Y sus hi­jos co­la­bo­ra­ban, no sólo lle­van­do re­ca­dos, sino tam­bién en ca­sa. ¿Có­mo? Pues des­de lim­pián­do­se los zapatos has­ta ha­cién­do­se la ca­ma o po­nien­do y qui­tan­do la me­sa ca­da día. For­ma­ba par­te del or­den del día, co­mo el ho­ra­rio del co­le­gio o las ac­ti­vi­da­des ex­tra­es­co­la­res. Hoy, hay mu­chos pa­dres que tra­ba­jan am­bos y mu­chos hi­jos que es­tu­dian, y mu­cho. Ade­más, tie­nen una bien equi­pa­da agenda de ac­ti­vi­da­des ex­tra­es­co­la­res. En ca­sa, los de­be­res y po­co más. Están en­tre al­go­do­nes y no co­la­bo­ran en las ta­reas do­més­ti­cas. Siem­pre hay al­guien pa­ra asis­tir­les. Y ellos, que no son ton­tos, se apro­ve­chan. Si en la guar­de­ría apren­den a re­co­ger sus co­sas y a te­ner or­den en sus pu­pi­tres de pri­ma­ria, es­tas ha­bi­li­da­des des­apa­re­cen in­me­dia­ta­men­te al lle­gar a ca­sa. La ma­yo­ría de los pro­ge­ni­to­res con­des­cien­de. Los mi­man, ejer­cen lo que los ex­per­tos lla­man una pa­ter­ni­dad he­li­cóp­te­ro: me­jor que apren­dan chino que a po­ner la me­sa. ¿No es me­jor que co­la­bo­ren tam­bién en las ta­reas do­més­ti­cas? Pues, sí. Lea por qué.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.