MU­JE­RES EM­PREN­DE­DO­RAS

Aun­que ellos se lan­zan más a em­pren­der que ellas, en las úl­ti­mas dé­ca­das las cifras se están equi­li­bran­do y ca­da vez hay más mu­je­res que, por obli­ga­ción o por vo­ca­ción, de­ci­den abrir una em­pre­sa. En el 2012, hu­bo un 23% más de mu­je­res em­pren­de­do­ras en Esp

La Vanguardia - ES - - EN FAMILIA/BOULEVARD - Tex­to Cris­ti­na Sáez

El de Car­lo­ta es un ca­so po­co ha­bi­tual. A sus

trein­ta y al­go, es­tá al frente de una jo­ven com­pa­ñía eléc­tri­ca, Ho­la­luz.com. La pu­so en mar­cha jun­to a Oriol y Fe­rran, ami­gos y so­cios, en no­viem­bre del 2010 y unos me­ses más tar­de, en ju­nio, ya ven­dían su pri­mer ki­lo­va­tio ho­ra. Des­de en­ton­ces, no han de­ja­do de cre­cer. “Que­re­mos cam­biar el pa­ra­dig­ma del clien­te y la com­pa­ñía eléc­tri­ca. Ho­la­luz.com ofre­ce electricidad a un pre­cio jus­to con un ser­vi­cio cer­cano y per­so­na­li­za­do. Ha­bla­mos de tú a tú a la gen­te”, ex­pli­ca es­ta in­ge­nie­ra in­dus­trial, con una son­ri­sa y una fuer­za arro­lla­do­ras. Ha­cia las cin­co de la tar­de, ca­da día, se va a bus­car a sus tres hi­jas pe­que­ñas al co­le; las lle­va ca­sa, les da de me­ren­dar, jue­ga con ellas, las ba­ña y des­pués de la ce­na y de acos­tar­las, se po­ne de nue­vo a tra­ba­jar. Es su mo­men­to más pro­duc­ti­vo de la jor­na­da, ase­gu­ra. “Mu­chos días me que­do has­ta la una de la ma­dru­ga­da tra­ba­jan­do, pe­ro no me im­por­ta por­que es­tos ho­ra­rios fle­xi­bles me per­mi­ten com­pa­ti­bi­li­zar mi vi­da per­so­nal con la pro­fe­sio­nal. Y aho­ra rin­do mu­cho más que an­tes, cuan­do tra­ba­ja­ba en una mul­ti­na­cio­nal con unos ho­ra­rios fi­jos ina­mo­vi­bles”. Tras es­tu­diar la ca­rre­ra y pa­sar un tiem­po en Ale­ma­nia tra­ba­jan­do en una gran mul­ti­na­cio­nal de la ener­gía, es­ta em­pren­de­do­ra vol­vió a Bar­ce­lo­na y se in­cor­po­ró a otra em­pre­sa del sec­tor. Has­ta ese mo­men­to, to­do iba bien. En­ton­ces, tu­vo a su pri­me­ra hi­ja y em­pe­za­ron los que­bra­de­ros de ca­be­za. “Mi vi­da em­pe­zó a no ajus­tar­se pa­ra na­da al tra­ba­jo en una com­pa­ñía nor­mal. Quieres ir­te a las seis a ba­ñar a tu ni­ña y to­do son ma­las ca­ras, co­mo si por es­ti­rar el ho­ra­rio la­bo­ral fue­ras a ser más pro­duc­ti­vo. A aque­lla si­tua­ción per­so­nal, que me ha­cía pen­sar que yo no en­ca­ja­ba en una em­pre­sa al uso, se su­mó que ha­bía es­tu­dia­do un más­ter de ges­tión em­pre­sa­rial, en el que co­no­cí a quie­nes son hoy en día mis so­cios, Oriol y Fe­rran; vi­mos que nos en­ten­día­mos, que con­tá­ba­mos con ex­pe­rien­cia y co­no­ci­mien­tos só­li­dos del sec­tor, y que te­nía­mos una bue­na idea que po­día te­ner ca­bi­da en el mer­ca­do. Esos fac­to­res nos lle­va­ron a ver cla­ro que te­nía­mos que mon­tar al­go por nues­tra cuen­ta”. La his­to­ria de Car­lo­ta es in­fre­cuen­te. Aun­que la cifra va en au­men­to, aún son po­cas las mu­je­res que se em­bar­can en em­pren­der un ne­go­cio. Se­gún un es­tu­dio pu­bli­ca­do por Wo­me­na­lia, una red de

net­wor­king pa­ra di­rec­ti­vas, em­pre­sa­rias y pro­fe­sio­na­les que pre­ten­de po­ten­ciar la em­pren­de­du­ría fe­me­ni­na, tan sólo dos de ca­da diez mu­je­res en el mun­do son em­pren­de­do­ras –con ex­cep­ción de las fé­mi­nas ame­ri­ca­nas que ca­si do­blan ese por­cen­ta­je–. Y la cifra des­cien­de es­tre­pi­to­sa­men­te cuan­do se tra­ta del sec­tor tec­no­ló­gi­co; aquí sólo hay en­tre un 3%y4% de mu­je­res que se lan­zan a mon­tar al­go. Em­pren­der, en ge­ne­ral, no re­sul­ta na­da fá­cil a juz­gar por las es­ta­dís­ti­cas. Ocho de ca­da diez py­mes

LAS ES­PA­ÑO­LAS EM­PREN­DEN MÁS QUE LAS ALE­MA­NAS

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