LOS PA­DRES TAM­BIÉN VUEL­VEN

La Vanguardia - ES - - SÍ PUEDES -

No sólo vuel­ven los hi­jos, tam­bién hay pa­dres que por la cri­sis se ven obli­ga­dos a to­car la puer­ta de sus des­cen­dien­tes. Ma­nuel, za­ra­go­zano de 46 años, se­pa­ra­do y en pa­ro, da fe de ello. “Pen­sa­ba que po­dría vi­vir mi vi­da. Pe­ro a los pa­dres que vi­vi­mos so­los, es­tan­do en pa­ro, nos que­dan dos op­cio­nes: ir a vi­vir co­mo un pe­rro a la ca­lle o vol­ver con la fa­mi­lia”. Con la ayu­da del pa­ro no le lle­ga­ba pa­ra pa­gar el al­qui­ler y los me­di­ca­men­tos que re­quie­re por su en­fer­me­dad del ri­ñón, así que el pa­sa­do oto­ño de­ci­dió ir­se a vi­vir con su hi­ja, su yerno y sus dos nie­tas a Bar­ce­lo­na. “Sin­ce­ra­men­te, te­ner que ir a ca­sa de mi hi­ja me sa­be mal, pe­ro es la úni­ca for­ma pa­ra co­mer”. Tan­to la hi­ja co­mo el yerno están con­ten­tos con el nue­vo hués­ped, y ase­gu­ran que les echa una mano con las ni­ñas y con la ca­sa. La con­vi­ven­cia es flui­da, pe­ro Ma­nuel re­co­no­ce que ha te­ni­do que adap­tar­se a la nue­va vi­da: “So­mos de dis­tin­tas ge­ne­ra­cio­nes, y te­ne­mos dis­tin­tas re­glas. Hay que amol­dar­se”. No exis­ten da­tos ofi­cia­les so­bre cuán­tas fa­mi­lias se han reuni­fi­ca­do por el re­torno de los abue­los, pe­ro Ma­nuel ase­gu­ra que no es el úni­co. “Co­noz­co a más pa­dres que han te­ni­do que ir­se con los hi­jos. De he­cho, un ami­go ha te­ni­do peor suer­te que yo. Se que­dó sin tra­ba­jo y que­ría ir a ca­sa de su hi­ja, pe­ro co­mo es­ta­ban pe­lea­dos no le aco­gió y aho­ra vi­ve en al ca­lle. Es una gran suer­te po­der apo­yar­se en la fa­mi­lia”.

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