VE­LAR POR UNO MIS­MO

La Vanguardia - ES - - SÍ PUEDES -

PREGUNTA

Es­ti­ma­do Ra­mi­ro, me lla­mo Flo­ra y soy una mu­jer de cua­ren­ta y seis años. Me he re­sis­ti­do mu­cho a es­cri­bir­le, pe­ro vien­do con qué sen­si­bi­li­dad us­ted se iden­ti­fi­ca con los pro­ble­mas aje­nos, me he de­ci­di­do por fin. Es­tu­ve va­rios años de no­via, y fue una épo­ca ca­si idí­li­ca con el que des­pués se­ría mi ma­ri­do y pa­dre de mis hi­jos. En to­do mo­men­to se com­por­ta­ba con­mi­go co­mo un caballero, siem­pre so­lí­ci­to y ca­ri­ño­so, dán­do­me to­da cla­se de mi­mos. Nos casamos y al po­co ya co­men­zó a cam­biar de ac­ti­tud. Tras ca­sar­nos em­pe­zó a pen­sar que to­do lo ha­cía re­gu­lar y tiem­po des­pués que lo ha­cía mal. De ser muy to­le­ran­te, se vol­vió muy crí­ti­co y exi­gen­te, siem­pre que­rien­do es­tar en po­se­sión de la ver­dad y tra­tan­do de so­fo­car mis ten­den­cias y sue­ños. Co­mo em­pe­zó a ser más in­to­le­ran­te, co­men­za­ron los con­flic­tos. No res­pe­ta mis opi­nio­nes, mis in­tere­ses vi­ta­les o mis afi­cio­nes. Tam­bién me pre­sio­na di­cien­do que él trae el di­ne­ro a ca­sa. Nun­ca me ha mal­tra­ta­do fí­si­ca­men­te, pues eso no lo hu­bie­ra so­por­ta­do ni un mi­nu­to, pe­ro lo que ha­ce es co­mo un mal­tra­to psí­qui­co que me va de­bi­li­tan­do y hu­mi­llan­do. No es un mal hombre, por­que quie­re mu­cho a sus hi­jos y se­gu­ra­men­te a mí tam­bién, a su ma­ne­ra. Sien­to que me es­toy des­mo­ro­nan­do. Creo que mi gran amor por él se ha di­si­pa­do y ya sólo le veo co­mo el pa­dre de mis hi­jos. Sin em­bar­go, si­gue di­cien­do que me quie­re y que ten­go que ser más com­pren­si­va con él. Sé que us­ted no me pue­de de­cir qué de­bo ha­cer exac­ta­men­te, y que de­bo ser yo quien to­me la de­ter­mi­na­ción, pe­ro tal vez me pue­da dar al­gu­na luz pa­ra en­fo­car es­ta si­tua­ción tan in­gra­ta.

RES­PUES­TA

Es­ti­ma­da Flo­ra, no es in­fre­cuen­te que pa­re­jas que an­tes de con­vi­vir se te­nían res­pe­to, ter­nu­ra y mu­cho ca­ri­ño, lue­go lo ha­yan ido per­dien­do to­do. Es la­men­ta­ble has­ta qué pun­to la con­vi­ven­cia pue­de mi­nar una pa­re­ja bien ave­ni­da, pe­ro es mu­cho más co­mún de lo que pue­de su­po­ner­se. Por lo que me di­ces, tu ma­ri­do te ha per­di­do to­do res­pe­to y peor aún: te me­nos­pre­cia y en­ci­ma te quie­re ma­ni­pu­lar con eso de que tú tie­nes la cul­pa y de que te quie­re y de que seas más com­pren­si­va con él.

NIN­GU­NA PER­SO­NA PUE­DE PLE­GAR­SE TAN­TO CO­MO PA­RA TE­NER QUE HA­CER PRO­PIOS LOS DE­SEOS Y SUE­ÑOS DE OTRA

En to­das las pa­re­jas, por su­pues­to, hay dos ver­sio­nes, una por ca­da miem­bro. Pe­ro si es co­mo tú di­ces o si al me­nos así lo ex­pe­ri­men­tas, y da­do que ya no le amas, creo que es di­fí­cil dar vuel­ta atrás en la de­ci­sión que ten­drías que to­mar de se­pa­rar­te y reha­cer tu vi­da, y por lo me­nos en­con­trar la li­ber­tad de se­guir y per­se­guir tus in­tere­ses vi­ta­les y no ser un pá­li­do re­fle­jo de tu ma­ri­do. Nin­gu­na per­so­na pue­de ple­gar­se tan­to co­mo pa­ra te­ner que ha­cer pro­pios los de­seos, ideas, in­ten­cio­nes, pro­yec­tos y sue­ños de la otra. Eso no sólo es trai­cio­nar­se a uno mis­mo, sino que a la lar­ga trae muy ma­las con­se­cuen­cias. Tra­ta de eva­luar to­dos los la­dos de tu si­tua­ción y ve­lar por ti. A la luz de la cons­cien­cia cla­ra y el en­ten­di­mien­to co­rrec­to, to­ma la de­ter­mi­na­ción que me­jor te ayu­de a re­po­ner­te y en­con­trar tu pro­pio cen­tro, en lu­gar de se­guir des­mo­ro­nán­do­te has­ta en­fer­mar. Uno tie­ne que ve­lar por los de­más, pe­ro tam­bién por uno mis­mo y hay que apren­der (lo que pa­re­ce que tu ma­ri­do no ha he­cho muy bien) a con­ci­liar los in­tere­ses pro­pios con los aje­nos. Da­do que tu ma­ri­do no pa­re­ce que­rer co­la­bo­rar, ten­drás que ser tú quien asu­ma la res­pon­sa­bi­li­dad de to­mar una de­ci­sión y ser con­se­cuen­te con sus re­sul­ta­dos. Te de­seo to­do lo me­jor.

Pa­blo Amar­go

RA­MI­RO CA­LLE es@lavan­guar­dia.es

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