UN PEZ LLA­MA­DO ARO­WA­NA

La Vanguardia - ES - - EN FAMILIA - TEX­TO PEDRO GARCÍA

En la hui­da del es­trés que ca­rac­te­ri­za a los tiem­pos mo­der­nos, son mu­chos los oc­ci­den­ta­les que han en­con­tra­do res­pues­tas en el le­jano Orien­te. Los su­tras, el yo­ga, el ha­re krish­na... y tam­bién, aun­que sea me­nos co­no­ci­da, la aro­wa­na ro­ja. Es­te pez ha lle­ga­do a Oc­ci­den­te, a sus acua­rios, y trae en sus ge­nes el ges­to se­reno del lu­gar de cu­yas aguas pro­ce­de. Su ta­ma­ño pue­de lle­gar a un me­tro y el pre­cio va­ría en­tre los 200 eu­ros, los más ba­ra­tos, has­ta los na­da me­nos que 300.000 eu­ros que pue­de lle­gar a cos­tar un es­pé­ci­men de la va­rie­dad pla­ti­num. Sea co­mo sea, es­te pez es de esos por los que se sue­le re­la­cio­nar mi­rar a una pe­ce­ra du­ran­te un lar­go ra­to con aca­bar o muer­to de abu­rri­mien­to o más re­la­ja­do que un koa­la. Si pa­sa lo se­gun­do, si el si­nuo­so y grá­cil mo­vi­mien­to del pez se pro­yec­ta en nues­tra ac­ti­vi­dad neu­ro­nal, y si en­ci­ma es­ta­mos ha­blan­do de una es­pe­cie de la tie­rra de los bu­das, ¿se­rá la aro­wa­na ro­ja la cla­ve pa­ra lo­grar la ab­so­lu­ta quie­tud de la men­te? A sa­ber. En to­do ca­so, siem­pre que­da­rá la ad­mi­ra­ción ha­cia un pez que en Chi­na se co­no­ce co­mo el pez dra­gón, que se­gún los su­pers­ti­cio­sos trae la bue­na suer­te de­ba­jo de la ale­ta, y cu­yas fan­tás­ti­cas po­si­bi­li­da­des cro­má­ti­cas y de bri­llos lo con­vier­ten en un ca­rí­si­mo ob­je­to de de­seo.

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