LAS GA­FAS DE MARK VAN­DER­LOO

Es el mo­de­lo más lon­ge­vo que se co­no­ce, una suer­te de Ka­te Moss pe­ro en el te­rreno mas­cu­lino. A sus 45 años si­gue tra­ba­jan­do in­ten­sa­men­te. No en vano es el cuar­to ‘top’ más apre­cia­do del pa­no­ra­ma in­ter­na­cio­nal

La Vanguardia - ES - - EN CASA - Tex­to Margarita Puig Fo­tos Pe­pino Ma­rino

Aquí Mark Van­der­loo se­rá pro­ba­ble­men­te pa­ra siem­pre el ex de Esther Cañadas, con quien en 1997 y ni más ni me­nos que con el tes­ti­mo­nio gráfico del fo­tó­gra­fo del mo­men­to, Pe­ter Lind­bergh, for­mó la pa­re­ja más acla­ma­da del cam­bio de si­glo. Pe­ro eso, el ro­man­ce sur­gi­do a raíz de la cam­pa­ña pu­bli­ci­ta­ria que los dos tops pro­ta­go­ni­za­ron pa­ra DKNY no lle­gó a los dos años (pu­sie­ron pun­to fi­nal a su re­la­ción un año exac­to des­pués de su bo­da). Y aho­ra, tan­to tiem­po des­pués, no es más que un re­cuer­do pa­ra es­te mo­de­lo de lar­go re­co­rri­do que hoy, a sus 45 años, si­gue es­tan­do ahí arri­ba: es el cuar­to en el ran­king de Mo­dels.com. De re­nom­bre in­ter­na­cio­nal, lle­gó in­clu­so a ins­pi­rar el hom­bre de la pe­lí­cu­la Zoo­lan­der (es la su­ma de su ape­lli­do con la de otro mo­de­lo de la épo­ca, Johnny Zan­der). La idea del di­rec­tor, que no era otro que Ben Sti­ller, era que apa­re­cie­ra en uno de los múl­ti­ples ca­meos que reunie­ron a per­so­na­jes tan di­ver­sos co­mo Pa­ris Hil­ton, Fred Durst, Da­vid Bo­wie, Lenny Kra­vitz, Winona Ry­der, Gwen Ste­fa­ni y Sha­vo Odad­jian. Pe­ro Mark Van­der­loo, un aman­te de la dis­cre­ción y la tran­qui­li­dad, pre­fi­rió no sa­lir en ese mo­men­to, que coin­ci­día jus­ta­men­te con su se­pa­ra­ción. Su vida trans­cu­rre apa­ci­ble­men­te en Ei­vis­sa. Ca­sa­do con la ex­mo­de­lo y ac­triz Ro­bi­ne van der Meer, tie­ne dos hi­jos a los que atien­de sin per­der de vis­ta su tra­ba­jo. Re­cien­te­men­te ha par­ti­ci­pa­do en las cam­pa­ñas de Hu­go Boss (con Da­ria Wer­bowy) y de H&M, fo­to­gra­fia­da por Terry Ri­chard­son. Y por fin se ha de­ci­di­do a pro­bar suer­te en el ci­ne. Lo ha he­cho en el cor­to The ta­le of a fairy, de Karl Lagerfeld, don­de en­car­na a un tahúr en el ca­sino de Mon­te­car­lo. “Es un pa­pel que sin du­da me vie­ne co­mo ani­llo al de­do, por­que el pó­quer me tie­ne real­men­te fas­ci­na­do. Co­men­cé a ju­gar ha­ce ya unos quin­ce años en Atlantic City y ya en­ton­ces me di cuen­ta de que me gus­ta más que la ru­le­ta”, ex­pli­ca. Lo que más le atrae es que “exi­ge in­te­li­gen­cia y no es cues­tión de suer­te”. Mark Van­der­loo, que ha par­ti­ci­pa­do en quin­ce gran­des tor­neos, ha en­con­tra­do en el pó­quer ca­si ma­yor afi­ción que por la mo­da, don­de lle­gó ca­si por ca­sua­li­dad el día en que acom­pa­ñó a una no­via a un cas­ting tras el que am­bos pro­ta­go­ni­za­ron jun­tos una cam­pa­ña de pro­duc­tos lác­teos.

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