EL RE­LOJ DE SI­MON BA­KER

Le con­si­de­ran el hom­bre más atrac­ti­vo del mun­do, pe­ro el ‘men­ta­lis­ta’ pre­fie­re ob­viar ese re­co­no­ci­mien­to. Su éxi­to te­le­vi­si­vo, su as­pec­to de sur­fe­ro (que lo es) y las ga­fas con len­tes fo­to­sen­si­bles le han lle­va­do por se­gun­do año a en­ca­be­zar la lis­ta de lo

La Vanguardia - ES - - BOULEVARD - Tex­to Margarita Puig

Si­mon Ba­ker, el men­ta­lis­ta, es con­si­de­ra­do des­de ha­ce un par de años co­mo el hom­bre más sexy del mun­do. A él es­to más que im­pre­sio­nar­le o ha­la­gar­le le aver­güen­za. “¿El más sexy? ¿Quién di­ce eso? ¡Qué ton­te­ría!”, res­pon­de ca­si mal­hu­mo­ra­do an­tes de com­pro­bar en la red que, en efec­to, esa es su si­tua­ción se­gún los lec­to­res de la edi­ción in­ter­na­cio­nal de la re­vis­ta Glam’mag, en su edi­ción de ju­lio del 2013. Pe­ro, ade­más, no es la pri­me­ra vez que su­ce­de. Aun­que él ase­gu­re que es la pri­me­ra no­ti­cia que tie­ne al res­pec­to, Si­mon Ba­ker en­ca­be­za por se­gun­do año con­se­cu­ti­vo es­ta lis­ta que pre­sen­ta a los 100 hom­bres más se­xis del pla­ne­ta, tras una vo­ta­ción he­cha por más de 75.000 per­so­nas. No es por po­se, es que real­men­te no se con­si­de­ra ni el más gua­po ni el más atrac­ti­vo. Y, ade­más, tal co­mo di­ce es­te ru­bio sur­fe­ro na­ci­do en Tas­ma­nia ha­ce 43 años, “ni si­quie­ra estoy en el mer­ca­do... ten­go una mu­jer ma­ra­vi­llo­sa con la que com­par­to mi vida des­de ha­ce ¡vein­te años! y unos hi­jos igual de

LE IN­CO­MO­DA QUE LE CON­SI­DE­REN EL HOM­BRE MÁS SEXY DEL MUN­DO

fan­tás­ti­cos”. Ca­sa­do con la tam­bién ac­triz Rebecca Rigg, dos años ma­yor que él, agra­de­ce la suer­te que tu­vo en el 2008 cuan­do la CBS le dio el pa­pel pro­ta­go­nis­ta de El men­ta­lis­ta. Allí es Pa­trick Ja­ne o Sr. Ja­ne, un per­so­na­je con gran sen­ti­do del hu­mor que bus­ca in­can­sa­ble­men­te al terrible cri­mi­nal John el Ro­jo. ¿El éxi­to de la se­rie? “Ja­ne es un héroe, pe­ro no es un en­greí­do y tie­ne mis­te­rio... y no le gus­tan las ar­mas. Es un ti­po que sor­pren­de en los tiem­pos que co­rren al igual que las pe­que­ñas his­to­rias que van apa­re­cien­do y dan vuel­cos ines­pe­ra­dos al guión”. Ba­ker, que com­pi­tió pa­ra Aus­tra­lia en surf y en wa­ter­po­lo, es­tu­dió en­fer­me­ría pe­ro a fi­na­les de los ochen­ta pro­bó suer­te en te­le­vi­sión con apa­ri­cio­nes en ví­deos de Me­lis­sa Tkautz ( Read my lips) y el gru­po de danza aus­tra­liano Eup­ho­ria, que le abrie­ron las puer­tas al mun­do de la in­ter­pre­ta­ción. An­tes de emi­grar a Es­ta­dos Uni­dos, ya apa­re­ció en una se­rie de éxi­to, E Street, pe­ro en Los Án­ge­les vi­vió su pri­mer gol­pe de suer­te al ser se­lec­cio­na­do pa­ra un pe­que­ño pa­pel en L.A. Con­fi­den­tial. ¿Un de­fec­to? El des­de ha­ce dos años em­ba­ja­dor más aclamado de la fir­ma re­lo­je­ra Lon­gi­nes, que en el 2006 se pu­so en la piel de un cí­ni­co ga­lán en El dia­blo se viste de Pra­da, tie­ne fa­ma de ba­ji­to. Pe­ro tam­po­co lo es tan­to... Mi­de 1,78 cm.

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