SÍ PUE­DES

La Vanguardia - ES - - EN FORMA -

Una co­sa es sen­tir do­lor y otra, in­terio­ri­zar el su­fri­mien­to, con­se­jos de Ra­mi­ro Ca­lle, que se des­pi­de has­ta septiembre

PRE­GUN­TA

A lo lar­go de mi vida he te­ni­do al­gu­nas do­len­cias que he te­ni­do que ir asu­mien­do pe­ro que me han de­ja­do ci­ca­tri­ces emo­cio­na­les. No creo ser una per­so­na pe­si­mis­ta, pe­ro cuan­do se jun­tan in­for­tu­nios es di­fí­cil en­con­trar fuer­za y so­sie­go in­te­rior. Es di­fí­cil no ve­nir­se aba­jo, y más cuan­do a ve­ces uno se ve in­ca­paz de aguan­tar lo que le es­tá pa­san­do. Ha­ce ya un año y me­dio tu­ve una sor­de­ra brus­ca y co­mo con­se­cuen­cia de ello me han que­da­do rui­dos y dis­tor­sio­nes en la ore­ja iz­quier­da, ade­más de mie­dos y sen­sa­ción de des­con­cier­to; pe­ro lo su­pe­ré, y apren­dí a vi­vir con ello. El ca­so es que aho­ra me es­tán sur­gien­do pro­ble­mas en el otro oí­do y de nue­vo veo los mie­dos, la con­fu­sión y un es­trés que in­ten­to evi­tar. Sé que soy muy afor­tu­na­da en mu­chas co­sas, y lo va­lo­ro, pe­ro me gus­ta­ría ser más va­lien­te, se­re­na y apren­der a vi­vir con es­tas co­sas de ma­ne­ra más tran­qui­la, apre­cian­do lo bueno que ten­go y acep­tan­do que no to­do es per­fec­to y que las co­sas pa­san sin más. A ve­ces me cas­ti­go por no ser ca­paz de, con mi men­te, po­si­ti­vi­zar las co­sas, ser más fuer­te y aguan­tar con lo que hay. Y eso es peor por­que me en­fa­do con­mi­go mis­ma y me au­to­exi­jo de­ma­sia­do. Le pi­do que, cuan­do pue­da, me man­de al­gu­nas su­ge­ren­cias. Mu­chas gra­cias de co­ra­zón. MI­REIA

RES­PUES­TA

Mu­chas gra­cias, es­ti­ma­da Mi­reia, por tu con­fian­za y por es­cri­bir­me. A lo lar­go de los años, he te­ni­do alum­nos que han pa­de­ci­do lo mis­mo que tú en uno de los oí­dos o en am­bos e in­clu­so sin sa­ber la cau­sa. Es al­go, des­de lue­go, su­ma­men­te mo­les­to y con lo que hay que apren­der a desen­vol­ver­se con calma y sin aña­dir tensión a la tensión ni con­flic­to al con­flic­to. No te pre­gun­tes ¿por qué yo? o ¿por qué a mí? El cuer­po es así de im­pre­vi­si­ble y vie­nen los des­ór­de­nes de mo­do ines­pe­ra­do. El ca­so es que, cuan­do vie­ne un tras­torno, hay que sa­ber re­la­cio­nar­se con él con ecua­ni­mi­dad y no co­men­zar a aña­dir su­fri­mien­to al su­fri­mien­to. Bu­da de­cía: “El do­lor es inevi­ta­ble, pe­ro el su­fri­mien­to es op­cio­nal”, dan­do a en­ten­der que po­de­mos re­ci­bir el do­lor co­mo tal o aña­dir, con nues­tras ten­sio­nes men­ta­les, mu­cho más su­fri­mien­to. Lo que te su­ce­de es muy in­có­mo­do, pe­ro si tra­tas de re­cha­zar­lo, creas más tensión y lo agu­di­zas. In­ten­ta apren­der a re­la­cio­nar­te con esos rui­dos sin crear re­cha­zo ex­ce­si­vo, in­clu­so ami­gan­do con ellos. Te cuen­to el ca­so de una alum­na. Ha so­bre­vi­vi­do a un ic­tus y le han que­da­do mo­les­tos rui­dos en los oí­dos, pe­ro es­tá fe­liz pen­san­do lo po­co que ha si­do pa­ra lo que po­dría ha­ber­le pa­sa­do.

Aho­ra, tra­ta de con­tro­lar lo del otro oí­do, sin de­mo­ra. Sé que por la no­che, an­tes de dor­mir­se, es el peor mo­men­to, co­mo un re­pi­que­teo cons­tan­te. Tra­ta de re­la­jar­te y lue­go pue­des ha­cer dos co­sas: o po­nes tu men­te en los rui­dos que apa­rez­can, uti­li­zán­do­los ca­si co­mo un ejer­ci­cio de con­cen­tra­ción, o la po­nes en otras ideas o pen­sa­mien­tos, pe­ro sin crear tensión. No es fá­cil, pe­ro te irás re­edu­can­do y lo con­se­gui­rás. Te ven­drá muy bien adies­trar­te en la me­di­ta­ción y en la re­la­ja­ción. Va­lo­ra to­das esas co­sas que te ha­cen ser afor­tu­na­da y no te cas­ti­gues a ti mis­ma con in­ne­ce­sa­rias au­to­exi­gen­cias. El en­fa­do no sir­ve de na­da. Ya eres lo su­fi­cien­te­men­te va­lien­te y si los dio­ses y hé­roes de las mi­to­lo­gías tam­bién te­nías sus fla­que­zas, ¿por qué no los que so­mos hu­ma­nos? Mu­chas gra­cias a ti, con to­do mi afec­to.

Pa­blo Amar­go

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.